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Guillermo Carreño, jefe de la Sección de Coloproctología del San Agustín: "Cada vez vemos más cáncer de recto en personas jóvenes"

"Seguimos trabajando con protocolos basados en evidencia científica consolidada, en lo que leemos y en lo que aprendemos en congresos y cursos. La inteligencia artificial exige mucha prudencia", asegura el especialista

Guillermo Carreño, ayer, en su despacho del Hospital Universitario San Agustín.

Guillermo Carreño, ayer, en su despacho del Hospital Universitario San Agustín. / MIKI LÓPEZ

Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Avilés

Guillermo Carreño Villarreal, jefe de la Sección de Coloproctología del Hospital Universitario San Agustín, es el anfitrión de las VI Jornadas de actuación de Coloproctología auspiciadas por la Sociedad Asturiana de Cirujanos que comenzaron ayer en el complejo sanitario avilesino. Este encuentro de carácter bienal reúne a un nutrido grupo de expertos para abordar temas de actualidad con el objetivo de actualizar la coloproctología en Asturias.

-¿Es un congreso dedicado a la patología tumoral?

-No, no, este congreso no se centra únicamente en la patología tumoral. De hecho, hoy (por ayer) se va a abordar patología benigna. Se trata de poner sobre la mesa temas actuales, sacar conclusiones y, si alguna estrategia terapéutica demuestra eficacia, intentar incorporarla. Es verdad que mañana por la mañana hablaremos del cáncer de recto. Estamos asistiendo a un aumento de su incidencia, sobre todo en personas jóvenes, y eso es una realidad. Por eso vamos a tratar un tema muy importante actualmente: la preservación de órgano.

-¿Qué significa exactamente el concepto de preservación de órgano?

-El tratamiento quirúrgico del cáncer de recto ha evolucionado mucho en los últimos 30 años. Antes, un cáncer en el recto inferior implicaba casi siempre una resección con estoma permanente. Gracias a mejores métodos diagnósticos, mejor formación del cirujano y nuevo armamento médico, fuimos aumentando la supervivencia y reduciendo la agresividad de la cirugía. Hoy sabemos que algunos pacientes, si cumplen ciertos criterios, pueden recibir quimio y radioterapia y, si obtienen una buena respuesta, evitar la cirugía. Ese es un gran cambio, digamos que es el paradigma de la evolución del tratamiento del cáncer de recto en estos últimos años.

-¿Y por qué está aumentando el cáncer de recto?

-No lo sabemos con certeza. Es multifactorial. Se habla mucho de los hábitos de vida. Todo esto repercute en mutaciones genéticas que se transmiten. Cada vez vemos más casos de cáncer en personas jóvenes, y eso es un problema.

-Si hablamos del cáncer de colon, ¿la incidencia realmente aumenta o simplemente se diagnostica más gracias al cribado?

-Buena pregunta. El cribado ayuda a diagnosticar tumores en fases precoces y eso mejora la supervivencia. Pero además de eso, la incidencia realmente está aumentando. Y se cree que está muy relacionada con los hábitos de vida, con el abandono de la dieta mediterránea.

-¿Cuáles serían los signos de alarma del cáncer de colon?

-Clásicamente, la alteración del ritmo intestinal, la rectorragia o sangrado por el recto y la anemia. Según la localización del cáncer, la sintomatología puede cambiar.

-Hay muchas personas que temen la colonoscopia. ¿Cuál sería su mensaje para ellas?

-Hoy en día las colonoscopias se hacen con una sedación muy aceptable. Ha mejorado todo: la preparación, la prueba en sí… El índice de complicaciones es bajo. Cuando se ponen en una balanza los beneficios y los riesgos, está claro que compensa hacerse una colonoscopia. Hay que animar a la población a perder ese miedo.

-El cribado empieza ahora a los 50 años. ¿Cree usted que debería bajarse la edad?

-Siempre hay que buscar un equilibrio. Si hiciéramos colonoscopias a todo el mundo a los 25 años, detectaríamos más casos, claro. Pero todo cribado tiene que ser rentable. La curva ideal está hoy en los 50 años. En función de factores socioeconómicos, podría valorarse en el futuro, pero de momento es la edad adecuada. Además, el cribado no se basa solo en la colonoscopia. Se utiliza un test de sangre oculta en heces, muy sencillo. Si da positivo, entonces se hace la colonoscopia. Lo importante es no tener miedo al cribado.

-¿Dispone usted de datos sobre cuántos positivos se detectan gracias a ese cribado?

-Nosotros no, porque somos un servicio quirúrgico. Esto lo lleva Atención Primaria coordinada con Digestivo, que son quienes realizan las endoscopias.

-¿Cómo puede crecer la sección de coloproctología del Hospital Universitario San Agustín? ¿En qué punto se encuentra ahora?

-El servicio lleva años creciendo. Hemos incorporado nuevas estrategias, como el tratamiento de la fístula con láser, y también la estrategia de preservación de órgano en cáncer de recto. En esas áreas estamos entre los servicios más avanzados, en los vagones de adelante. También hemos mejorado protocolos, limitado pacientes en consultas y logrado más eficiencia. Pero aún tenemos retos: por ejemplo, la cirugía robótica.

-Hábleme de la cirugía robótica. ¿Qué aporta realmente?

-No es la panacea. El robot no opera solo; lo manejamos los cirujanos. Pero es particularmente útil en espacios reducidos, como la pelvis, sobre todo en el cáncer de recto. Permite mayor libertad de movimientos.

-¿Llegará pronto al San Agustín un robot con los que ya tienen en el HUCA, en Oviedo, o en Cabueñes, en Gijón?

-Sí, sin duda. Ya lo tienen en el HUCA y en Cabueñes desde hace dos años. Ahora, en teoría, nos tocaría a nosotros. La Administración Sanitaria tiene la última palabra, pero todo parece indicar que está al caer. Sería una gran noticia, tanto para nosotros como para los pacientes.

-¿Qué otras mejoras desearía incorporar?

-Sería ideal contar con técnicas diagnósticas de las que ahora carecemos y nos obliga a mandar a pacientes al HUCA: manometrías anorrectales, ecografías endoanales, ... También abogaría por desarrollar la rehabilitación del suelo pélvico, que es muy importante. Pero somos conscientes de que el servicio de Rehabilitación tiene una carga asistencial enorme y debemos adaptarnos a lo que tenemos. Aun así, pese a lo que carecemos, la población de Avilés está bien atendida y los resultados oncológicos están dentro de los parámetros que deben estar.

-¿Cuáles son las limitaciones del servicio?

-La carga asistencial es muy alta y las guardias condicionan mucho. Si estamos haciendo seis guardias, eso implica estar 12 días sin un cirujano. Y aquí hacen guardia dos personas al día. Todo eso limita el tiempo para investigación y formación, que al final debemos sacar de nuestro tiempo libre. Hace unos veinticinco años había un cirujano que hacía guardias, y apenas tenía cirugía de urgencia, una apendicitis, por ejemplo. Ahora no hay día que no tengamos que operar a dos o tres personas, y con patología importante.

-¿Ha entrado ya la inteligencia artificial en este ámbito?

-No, todavía no tenemos protocolos basados en inteligencia artificial. Seguimos trabajando con protocolos basados en evidencia científica consolidada, en lo que leemos y en lo que aprendemos en congresos y cursos. La inteligencia artificial exige mucha prudencia.

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