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Soto del Barco recuerda a las pequeñas Sara y Amets, las niñas asesinadas por su padre hace once años: "Hay dolores que no caducan"

"El duelo por un hijo no desaparece con el tiempo, se acomoda y cambia de forma", dice la madre de las niñas

Soto del Barco acoge un emotivo homenaje a Amets y Sara, las niñas asesinadas por su padre hace once años

Miki López

N. M.

Soto del Barco

"Decir que una madre ‘sigue en duelo’ no es señal de que están atrapados en el pasado, es reconocer que hay dolores que no caducan, porque hay amores que son eternos". Estas fueron algunas de las palabras que recitó Bárbara García, madre de Sara y Amets, las dos niñas sotobarquenses que, tal día como ayer de hace once años, fueron asesinadas a manos de su padre.

Soto del Barco acogió un sentido homenaje como muestra del cariño que le guarda el pueblo a las dos jóvenes. "El duelo por un hijo no desaparece con el tiempo, se acomoda o cambia de forma. A veces grita, otras veces se esconde en lo cotidiano, pero siempre está. No es un obstáculo que impide vivir, es parte de nuestra vida que nos vimos obligados a construir. Una vida donde sonréir duele, y donde amar a otros no borra el amor por quien ya no está", señaló.

«Ya son once años. No sé cuándo pasaron...», dice Bárbara García, la madre de Amets y Sara. Esos 11 años es el tiempo que lleva sin ellas.

La primera habría cumplido 20 años el pasado agosto. Sara, 18, este mismo miércoles 26 de noviembre. Pero su vida se paró hace once años, la fría tarde de un jueves 27 de noviembre porque su padre decidió matarlas –luego se suicidó–, aprovechando las horas que había estipulado la juez para pasar con las dos pequeñas, ya que estaba separado de Bárbara García. Después de abandonarlas y unos años desaparecido, había regresado a Soto del Barco, donde las tres residían, reclamó ver a las niñas y decidió hacer daño a su expareja de la peor, de la más terrible forma que se puede hacer a alguien: matando a sus hijas. Es la violencia vicaria, la cara más cruda del maltrato.

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