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Luz Mar González Arias, jefa del grupo de Humanidades Médicas: "El dolor físico es muy difícil de comunicar a través del lenguaje"

"La buena medicina va por el camino de la comunicación: hay que saber escuchar y hacer buenas preguntas"

Luz Mar González Arias, ayer, en el parque del Muelle.  | MIKI LÓPEZ

Luz Mar González Arias, ayer, en el parque del Muelle. | MIKI LÓPEZ

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Luz Mar González Arias es profesora de Filología Inglesa y directora del Centro de Servicios Universitarios de Avilés. Es, además, la investigadora jefa del grupo de Humanidades Médicas y Medioambientales ("Heal") de la Universidad de Oviedo. González Arias preside, además, la Hippocrates Initiative for Poetry and Medicine, o sea, la Sociedad Hipocrática de Poesía y Medicina. Conversa con LA NUEVA ESPAÑA en la redacción avilesina.

Vamos a empezar por el principio. ¿Qué es "Heal"?

"Heal" en inglés significa sanar, que es un término que está relacionado con la salud y con la enfermedad, pero que tiene más de cultural y de social que el término "cura", que está más asociado a lo biomédico. En nuestro caso, además, es el acrónimo de los temas que trabajamos en el grupo de investigación que dirijo: "Health, Environment, Arts and Literature", o sea, "Humanidades Médicas y Medioambientales".

¿Qué le movió a crearlo?

El grupo que dirijo es pionero porque las Humanidades Médicas es un ámbito de investigación que en España todavía se considera emergente. Es muy frecuente en mi caso comentar a gente del ámbito académico que trabajo en Humanidades Médicas y que te pregunten exactamente qué es eso. Aquí en España este campo de investigación es muy innovador y muy novedoso, pero en universidades anglófonas de todo el mundo, en las más punteras, es un campo bien establecido. Surgió de manera formal, podríamos decir, en Estados Unidos en los años 60 aproximadamente. Y aquí en España, hasta donde alcanzamos a saber, mi grupo, o el grupo que yo dirijo, es el único oficial en una universidad española dedicada a estas temáticas. ¿Qué me movió? Pues mi propia línea de investigación. Yo trabajo con literatura, soy filóloga, estoy ahora opositando a la Cátedra de Filología Inglesa. Poco a poco me fui metiendo, ya casi desde el principio de mi trayectoria, en cómo a través de la poesía se inscribía en la enfermedad distintas patologías.

¿Se inscribía o se describía?

Se inscribía y se describía, es decir, estudiamos cómo trabajan sus textos autores profesionales que en algún momento de sus respectivas vidas pasaron por una situación de enfermedad. La perspectiva de un paciente sobre una patología, pongamos, por ejemplo, un cáncer, es distinta a la perspectiva biomédica.

O sea, por hacerme una idea, ¿habla de "La mujer temblorosa" de Siri Hustvedt?

Exacto, Siri Hustvedt entraría perfectamente en el ámbito de las humanidades médicas. Entonces, yo digo poesía porque es en lo que más trabajo, pero esto también se da mucho en narrativa. De hecho, hay una rama del conocimiento dentro de las humanidades médicas que es la narrativa médica. Yo trabajo más en poesía por distintas razones.

Esto de la narrativa médica: ¿es atender el relato de la propia vida para alcanzar la cura antes?

Sí, pero le cuento. Si nosotros analizamos la literatura o los textos que escriben autores, pacientes que a lo mejor no son escritores profesionales, pero escriben unos textos que son útiles para el proceso curativo o lo que sea, esto nos da una perspectiva complementaria a la perspectiva biomédica sobre esas mismas enfermedades. No necesariamente contradictoria. De esa manera se genera un espacio de conversación intermedio entre las ciencias por un lado y las humanidades por otro y se avanza en un conocimiento mucho más innovador.

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Es decir, que la medicina, sobre todo la biomedicina, no puede abarcarlo todo y desde las humanidades se trabaja más en todo el ámbito: llegamos a la dimensión social, la dimensión personal, familiar, sexual, de la enfermedad, del proceso del tratamiento de la enfermedad, del diagnóstico, la comunicación médico-paciente, todas estas cuestiones. Por lo tanto, las humanidades médicas generan ese espacio de conversación intermedio entre dos ámbitos que, sobre todo en nuestra cultura, han estado siempre separados de forma radical: la medicina y las humanidades. Lo que hacemos es ponerlas en conversación y generar un espacio polifónico.

¿Y la narrativa médica?

Yo creo que la buena medicina va por ese camino siempre, es decir, el de la comunicación. Es muy importante escuchar y hacer preguntas adecuadas, porque no siempre los pacientes cuentan una narración sobre su enfermedad, su patología o cómo se sienten, de una forma ordenada y bien estructurada; entonces hay que preguntar, hay que... Y es muy importante la voz del paciente, que tradicionalmente no estaba autorizada o no estaba tan autorizada en el espacio clínico. Siempre va a haber una jerarquía, porque hay una relación de poder entre médico-paciente; en un entorno clínico, la persona que tiene los conocimientos técnicos es el médico o la médico, eso está claro. Y eso no se pone en duda en ningún momento. Pero es importante también validar la voz que tiene el paciente sobre su propio cuerpo. Y esto se hace mucho desde la literatura, la narrativa, la autoficción, la ficción, distintas...

¿Quién utilizó la literatura para procurar sanar por primera vez?

Muchísima gente. La lista es interminable. Sobre todo, es muy común ahora, a partir del 2000 hubo un boom de lo que podríamos llamar literatura con temática médica. Virginia Woolf publicó su ensayo sobre la enfermedad, que es poco conocido de ella. Ella decía que es sorprendente cómo la historia de la literatura está plagada de textos sobre dolor emocional, sobre un corazón roto, y cualquiera que tenga un dolor emocional puede acudir a la poesía romántica, y encontrar ahí una identificación, pero cómo los ejemplos de dolor físico, por ejemplo, son súper escasos en la literatura. Sí que los hay, pero son escasos. Y ella tenía razón.

¿La enfermedad es un tabú?

Por un lado, sí. Es a lo que no queremos mirar, a pesar de que, por desgracia, tarde o temprano, todo ser humano se va a encontrar o bien con la enfermedad en un ser que ama, o bien con la enfermedad en el cuerpo propio, o bien con el propio proceso de envejecimiento. Es decir, si tienes suerte y nunca te has tropezado, en tu vida la enfermedad no ha dejado un impacto, pero el proceso de hacerse mayor va a dejar... Averías, eso está claro. Por otro lado, el dolor físico es muy difícil de comunicar a través del lenguaje. Tanto para los propios médicos, en su práctica clínica, como para los pacientes. Es difícil expresar con precisión dónde te duele, cómo te duele, qué tipo de dolor tienes. Por lo tanto, hay que tirar de la metáfora. Me duele como si tuviese un elefante encima de mi estómago, cosas así. O la cabeza me duele como si tuviese un martillo golpeándome dentro. Y dependiendo de la metáfora, es muy importante escuchar y utilizar el lenguaje, porque dependiendo de qué metáfora usemos, al médico ya le estamos dando pistas de si es una cefalea, de si es una migraña, ya le estamos dando pistas de por dónde puede ir el diagnóstico.

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