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Ramón del Valle-Inclán muestra "lo que es un bulo" a los escolares

Tres centenares de estudiantes de Secundaria se acercan en el Niemeyer al creador de los esperpentos para descubrir su universalidad

Algunos de los alumnos que acudieron ayer por la mañana  al  auditorio del Niemeyer.  | LUISMA MURIAS

Algunos de los alumnos que acudieron ayer por la mañana al auditorio del Niemeyer. | LUISMA MURIAS

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Ginés Alberto Sánchez Costa resumió como nadie "Los cuernos de don Friolera", el esperpento de Ramón del Valle-Inclán que unos trescientos estudiantes de los alumnos del IES Pando, de Oviedo; Carreño Miranda y Número 5 de Avilés, el colegio Palacio de Granda, de Siero y el Centro de Educación de Personas Adultas de Avilés acababan de ver representado sobre las tablas del auditorio del Centro Niemeyer. Dijo: "Esta es la historia de un bulo que termina en tragedia". Y así, como si nada, una obra de un ciento de años volvió a empezar a crecer en la cabeza de esos bachilleres que conocieron "al más irreverente" de los autores del siglo XX.

Una escena de la representación matutina de «Los cuernos de don Friolera».  | LUISMA MURIAS

Una escena de la representación matutina de «Los cuernos de don Friolera». | LUISMA MURIAS

Esto también lo dijo Sánchez Costa, que le tocó dirigir el encuentro de los actores con los alumnos interesados en cosas tan heterogéneas como la naturaleza de la escenografía (de Tomás Muñoz) hasta lo que hay de diferente entre actuar en el teatro que en el cine.

Armando del Río, incorporado al reparto original que presentó este montaje en los teatros del Canal de Madrid, fue el que hizo la síntesis clarividente: "En el teatro siempre trabajamos en un plano general", dijo Roberto Enríquez, quien por su lado, habló de las bondades del arte efímero sobre las tablas: "En este tiempo de la IA [inteligencia artificial], el teatro queda como la única forma de arte que siempre será distinta aunque los mismos actores digan el mismo texto mil veces".

El Centro Niemeyer mantiene su afán de llevar a los estudiantes de Secundaria al teatro (la última vez fue con "1936", la próxima será con "Un monstruo viene a verme"): entradas a un euro que, de normal, asume el instituto. En las funciones habituales, cuestan bastante más.

Sánchez Costa explicó en cuatro trazos las bondades del teatro de Valle-Inclán: habló de varias historias, de una mezcla de géneros –"Antes, estaba muy claro cuándo estábamos en una comedia o en una tragedia", apostilló el programador–, y también habló de la ruptura de "la unidas de tiempo, es decir, las cosas pasan en más de veinticuatro horas", añadió el distribuidor.

Los alumnos de los institutos que acudieron ayer por la mañana al Niemeyer lo hicieron con un pequeño acercamiento a la obra de Valle. "Aprovechando que lo programaban, lo adelantamos un poco", apuntó María Gutiérrez, profesora en el Número 5. Sánchez Costa explicó "a los profesores" que en la página web de su distribuidora "se puede descargar la guía didáctica del montaje", pero eso ya lo sabían los docentes. El espectáculo comenzó a las 10.30 horas y se alargó hasta bien pasado el mediodía. Hubo gritos de terror de mentira en cuanto se apagaron las luces.

Y, después, también un montón de resoplidos para precisar el silencio que reclama Valle-Inclán a sus espectadores. Don Estrafalario –barba de malvado de película muda, intelectual sin dos pesetas– lo explica todo en lo alto del castillo de hierros cruzados en que se ha convertido la escenografía de "Los cuernos de don Friolera": "Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse historias de los vivos".

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