Las memorias de Esteban Gutiérrez, exfutbolista: "La vida como futbolista del Real Madrid es muy diferente, te invitaban en todas partes"
"Mis padres eran ganaderos y cuando empecé a jugar al fútbol la mitad de mi sueldo era para el alquiler y la otra para ellos"

Esteban Gutiérrez en uno de los campos de La Toba. / Luisma Murias
"Yo era un jugador regular. No destacaba demasiado, pero siempre rendía". Así se define Esteban Gutiérrez, pixueto de corazón, formado futbolisticamente entre Gijón y Avilés y leyenda de equipos como el Sporting o el Zaragoza. Además, puede presumir de haber ganado una liga con la camiseta del Real Madrid en una de las mejores época del club. Compartió vestuario con figuras míticas como Quini, Joaquín Alonso, Butragueño, Hugo Sánchez... Y ahora, tras una etapa como agente inmobiliaro, disfruta de su jubilación de nuevo en Gijón. Tiene dos hijas, Lucía y Paula, y una carrera envidiable. Su historia es la de un niño de pueblo, hijo de ganaderos y que tuvo que ir a segar para ayudar a su familia, que acabó brillando en el mejor escenario: el Bernabéu.

Esteban Gutiérrez enfrentándose a Maradona. / E. G.
"Nací en Oviñana en 1960, soy hijo de Esteban y Amelia. Tengo cuatro hermanos, Balbino, Emilio, Celestino y Urbano. Ahí empecé a dar las primeras patadas a un balón, en la escuela que había en el pueblo. Terminé EGB y no quise estudiar más. Jugaba con mis compañeros, pero no había un equipo federado. El más cercano estaba en Cudillero, que jugaba en categoría regional, eran adultos y yo tenía 13 o 14 años. En las fiestas de San Roque siempre se organizaban partidos de solteros contra casados y venía algún equipo de algún pueblo. Un año, entre el público había un vecino que era directivo del Veriña, Manolo Golado, que ya murió. Me ofreció ir a hacer una prueba y me acabaron fichando. De aquella era infantil, tenía 15 años.

Una foto de su equipo en las categorías inferiores del Veriña. / E. G.
Los primeros pasos. "Tenía que ir hasta Gijón cuatro veces por semana. Salía de casa a las dos de la tarde, bajaba andando hasta la parada del autobús, que estaba a dos kilómetros, y arrancaba hasta Gijón. Encima ese bus paraba en todos lados. En Gijón cogía el urbano y subía hasta Veriña. Entrenaba y a las nueve hacia el trayecto de vuelta. Llegaba a casa sobre las once. Además, los fines de semana me tenía que quedar en Gijón. El sábado por la tarde jugaba con el infantil y el domingo por la mañana con el juvenil. Me quedaba a dormir en casa de mi entrenador, para no hacer tantos viajes. Con el Veriña conseguimos ascender a Liga Nacional, ahí es cuando se fija en mí el Ensidesa".

Un once del Real Madrid, en un partido en el que jugó el pixueto. / E. G.
Hijo de ganaderos. "Mis padres tenían ganado y, además, mi padre era panadero. Mis dos hermanos mayores estaban estudiando fuera, por lo que a mi me tocaba ayudarles en todo lo que pudiese. Cuando no entrenaba iba a segar, al maíz, a las patatas… Que, por cierto, se me da muy bien".
El Ensidesa. "Con 17 años estaba jugando en el primer equipo del Ensidesa. Ahora que se habla tanto de los pisos compartidos, me acuerdo que en aquella época me quedé en una pensión de Sabugo que tenía el baño compartido. No estuve nada bien, porque comía todos los días fuera de casa. Una hermana de mi abuela vivía en Avilés, en la zona de los pescadores, y me ofreció quedarme en su casa, pagándole 7.000 pesetas al mes. Así estuve un año hasta que me saqué el carnet de conducir, y entonces ya iba y venía todos los días desde Oviñana. Entrenábamos por las tardes, asi que, por las mañanas, cuando ya tenía coche, ayudaba en casa a mis padres. Me acuerdo que, en aquella época, empezamos a construir un supermercado y un bar en el pueblo. Por las mañanas bajaba en tractor a la zona del faro a cargar piedra; subíamos, y luego yo me iba a entrenar".
Sus padres, un apoyo. "Mis padres me apoyaron a ser futbolista, pero tenía que dar el callo igualmente. Gracias a Dios empecé a ganar dinero pronto, el Ensidesa me pagaba. Al cuarto año de ir fuera a jugar ya estaba cobrando. Ganaba 15.000 pesetas al mes, con ellas pagaba la pensión y el resto se lo daba a mi madre. Yo me quedaba las primas, que eran 5.000 pesetas por partido ganado y 2.500 si empatábamos fuera. Si empatábamos en casa no nos daban nada. Vivía como un cura. No tenía muchas más aficiones ni mucho tiempo libre, estaba totalmente centrado en el fútbol. Quería tirar a muerte hasta saber a dónde llego".
El Sporting. "El Sporting me fichó antes de irme a la mili, pero me dejó un año cedido en el Ensidesa. Tuvimos problemas con el club. Villa, Zurdo y yo queríamos que nos subiesen el sueldo, pero el presidente no aceptó. Reñimos mucho con Muro de Zaro. Nos fuimos a Madrid, a la AFE, y de la que volvimos escuchamos por la radio que nos había fichado, a los tres, el Espanyol. No se me olvida, volvimos en un 1430 rojo y sonó en la radio. Nosotros no sabíamos nada del tema, nunca habíamos hablado con nadie de ese equipo. A los cuatro o cinco días salta que el Sporting paga por nosotros 20 millones de pesetas. Ahí empezamos a cobrar del club rojiblanco, aunque nos dejaron un año en Avilés. Vicente Miera y Tati Valdés nos venían mucho a ver".
La mili y el fútbol. "Cuando fui a la mili, que la hice en Melilla, seguí jugando al fútbol. Me dijeron que si jugaba en el club, que estaba en Tercera División, no tendría que hacer guardias ni nada. Íbamos cada quince días a jugar a la península, porque estábamos en el grupo de Andalucía. Pero claro, no podía coger permisos, porque la temporada seguía y no me podía escaquear. Llegó el mes de septiembre y llevaba sin ir a casa desde abril… Y decidí irme. Se me acabó el fútbol allí. Lo bueno fue que me metí, por mediación de un teniente, en las pruebas militares. Entonces nos rebajaron las exigencias.
El debut en Primera División. "Cuando llegué ya no estaba Miera, el entrenador era Boskov. Miera sabía como jugaba, porque antes se hacían los jueves partidos con los suplentes y los juveniles. Como estaba cedido en el Ensidesa, nos decía que fuésemos a esos encuentros. Pero claro, ya no estaba. No conocía a nadie. En el primer partido de liga, contra el Málaga, tuve mis primeros minutos. No me acuerdo bien la fecha. Lo que recuerdo perfectamente fue la primera vez que salí de titular en Primera, contra el Barcelona en el Nou Camp. Boskov dudaba sobre quién tenía que defender a Maradona y a Schuster, si yo o Jiménez. Al final a mi me tocó Schuster, empatamos a cero. Me salió un gran partido, él venía de lesión y yo físicamente estaba muy bien. Prácticamente lo anulé".
La hepatitis. "En mi tercera temporada apenas jugué por culpa de una hepatitis, estuve prácticamente parado durante un año. Todo vino a raíz de una lesión que tuve en el codo, me operaron y en una transfusión de sangre quedé enfermo. Empecé a encontrarme muy mal, no era capaz de seguir el ritmo de mis compañeros. Fue muy difícil volver a jugar. Estuve dos meses en cama, con todo lo que ello conllevaba. De primeras solo podía pasear alrededor de casa, fue un proceso largo. Nunca llegué a pensar en que tendría que dejar el fútbol, tenía la moral intacta. Por suerte, cuando superé todo eso volví a jugar y no tuve muchas lesiones".
La fama como jugador del Sporting. "No es como ahora, de aquella se llevaba muy bien. La gente te aprecia y te quiere mucho. Además, estábamos haciendo muy buenas temporadas. La gente estaba contenta. Algún año igual quedábamos duodécimos, pero estábamos en Primera. Llegamos a jugar la UEFA. Vino al Molinón el Milan y no se llenó el estadio. Ese partido no lo pude jugar porque me lesioné el domingo anterior en Cádiz. Lo que no pude jugar fue un derbi asturiano porque el Oviedo estaba siempre en Segunda.
El Real Madrid. "En mi penúltimo año en el Sporting estuve a punto de irme al Sevilla. Hubo conversaciones, pero mi representante me dijo que el Madrid estaba preguntando constantemente por mí. Antes de jugar esa temporada en el Bernabéu me reuní con él y me pidió que hiciese un buen partido, que eso aceleraría todo. Tuve la mala suerte de levantarme con fiebre y me quedé en el hotel, no pude ni ir al estadio. Al final lo del Sevilla no salió y en septiembre el Madrid vino a por mí. Primero negociaron con el Sporting, me dijeron que llegaron a ofrecer 30 millones de pesetas y se comprometían a jugar un amistoso en el Molinón, pero el Sporting no quiso. En mi último año en el Sporting acababa contrato, por lo que mi representante me dijo de firmar un seguro, por su pasaba algo, y al año siguiente me iba al Madrid. Era una especie de precontrato, con una indemnización por si tenía una lesión grave asegurarme una cantidad importante de dinero. Ese año lo pasé mal, tenía mucha presión. El Atlético de Madrid me llamaba constantemente. Había entrado Jesús Gil, estaba Rubén Cano como secretario técnico y cada dos días me llamaba. Me ofrecían una barbaridad, doblaban el sueldo que iba a cobrar en el Madrid, pero yo tenía la ilusión de jugar en el Bernabéu. En el Sporting ese año fui titular, aunque me amenazaron con que, si me lesionaba, no iban a mirar para mí. Yo procuré no lesionarme, jugué un poco con el freno de mano echado".
La quinta del Buitre. "Llegué al Madrid y estaban Paco Buyo, Camacho, Gordillo, Martín Vázquez, el Buitre, Hugo Sánchez… ¿Dónde había un hueco para mí? En el Madrid tenía que jugar al 200% para no ser el primer cambio. En esos vestuarios hay muchos egos, en el Sporting, sin embargo, era todo más familiar. El vestuario del Madrid no estaba dividido, pero había jugadores que llegaban, entrenaban, se duchaban y se iban. No cruzaban una palabra con nadie. Yo soy una persona muy observadora y tranquila, hablaba con todo el mundo. Ahora tengo la suerte de decir que mantengo muchas amistades de aquella época. Con Butragueño estuve el otro día".
Debutar en el Bernabéu. "Los primeros pasos fueron difíciles. Te metes en un campo así, con 80.000 personas, y piensas que como falles dos pases te van a comer. Además, la afición del Madrid es muy exigente. El Bernabéu es la leche, es el campo más exigente del mundo. Me acuerdo de mi primer partido de Copa de Europa, contra un equipo normalín danés. Ganamos 5-0, pero yo estaba acojonado. Tenía las piernas contracturadas, como que no podía caminar. Ese día, por suerte, empecé a soltarme, pero lo pasé muy mal de primeras".
La vida siendo jugador del Madrid. "Es una historia totalmente diferente a todo lo que haya vivido. Vas a restaurantes y te invitan, vas al cine y te invitan, vas a una tienda y te hacen descuentos especiales… Te sientes un privilegiado. Me acuerdo que, cuando llegué a Madrid, tuve que renovar el DNI y, al llegar a comisaría, en dos minutas me resolvieron todo. Yo pensaba ‘joer, en Asturias, para esto tardaría tres días’. Yo, por suerte, tenía los pies en el suelo, sabía de donde venía. Siempre fui muy cauto. Mis padres, además, me ayudaron a ello. No me creía nada. Además, de aquella no ganabas dinero como para vivir toda la vida. Nunca me creí más que nadie".
Campeón de Liga y Copa del Rey, pero sin celebrarlo. "En mi primer año gané la Liga, la Copa del Rey y la Supercopa de España, pero nunca fui a Cibeles. No se celebraban los títulos. Me acuerdo que, cuando ganamos la final de Copa del Rey ante el Valladolid en mi segundo año, tras el partido me fui a cenar con el director deportivo del Zaragoza. En vez de celebrar el título, yo estaba reunido para fichar por otro equipo".
Su primera inversión. "Cuando me fui a Madrid ya estaba casado y me había instalado en Gijón. Lo primero que hice cuando fiché por el Sporting fue comprar un apartamento. Lo tenía muy claro. Lo primero era comprar una casa".
Su mujer, Rosa Lucía. "La conocí en el 84, cuando era jugador del Sporting. Estaba de vacaciones en Oviñana. Coincidimos en una discoteca, empezamos a hablar… Y hasta ahora. Se fue conmigo a Madrid, nos casamos el 4 de junio del 88. Para mi carrera fue muy importante, los dos somos muy de saber dónde estamos. Mi hija mayor, Lucía, nació en Madrid en el 90, justo antes de irme al Zaragoza. Nació el 4 de abril y en junio me fui. Paula nació en el 94, en marzo, y ese junio decidimos volver a Asturias".
El Zaragoza. "Escogí irme al Zaragoza porque me daban tres años de contrato, que era lo que estaba buscando. En el Madrid no estaba jugando y estaba en una edad donde quería seguir siendo importante. Zaragoza es una gran ciudad, un equipo con solera… Las cosas no empezaron bien porque había un entrenador, Ildo Maneiro, que venía de Uruguay y no conocía el fútbol español. A mitad de temporada lo destituyeron y vino Víctor Fernández. Jugamos la promoción por no descender contra el Murcia y nos quedamos en Primera. Por suerte, los siguientes años fueron mejor, entramos en UEFA y jugamos la final de Copa".
Su retirada. "En septiembre del 93 tuve muchos problemas con el tendón de Aquiles. Jugamos un partido de Copa del Rey contra un equipo de Segunda B y tenía muchas molestias. Pedí al entrenador no jugar, pero tenía la defensa en cuadro. Avisé que, si lo hacía, me iba a romper. Era 5 de septiembre, el cumpleaños de mi mujer. Salí y, a los cinco minutos, rompí el tendón de Aquiles. Ahí se me acabó el fútbol. Tuve muchos problemas en la recuperación, se me infectó la zona… No me recuperé del todo. El entrenador se portó mal conmigo. Venía de haber sido titular durante tres temporadas y, a la hora de renovar, pedí dos años de contrato. El club solo me quería dar uno, pero el técnico me aseguró que, si hacíamos buen año, iba a continuar una temporada más, la que sería mi quinta campaña. Entramos en UEFA, ganamos la Copa del Rey, pero, a la hora de renovar, no quiso saber nada de mí por haber estado lesionado. Tenía una relación fantástica con él, futbolísticamente fue donde más disfrute, pero una cosa no quita la otra. Si me hubiese pasado en el Madrid me hubiesen renovado automáticamente. Después me fui al Racing de Ferrol y al Caudal, pero ya no era lo mismo".
Gestionar el adiós al fútbol. "Era bastante realista y sabía que el fútbol iba a tener un final, no fue un momento duro para mí. A mí me gustaba mucho el tema inmobiliario y, antes de dejar el fútbol, ya lo estaba compaginando. Me llamó José Manuel Espinosa y me ofreció trabajar con él, entonces iba por las mañanas hasta ahí y por las tardes entrenaba en el Caudal. Estuve diez años en la inmobiliaria. Di un curso para saber manejarme al ordenador, para estar preparado. Era algo que me generaba mucha curiosidad, miraba para ir al registro, como hacer escritura, como se medían los pisos… Para mí dejar el fútbol no fue nada traumático, como mi trabajo me gustaba y estaba entretenido fue un paso sencillo. Además, para matar el gusanillo, los veteranos del Sporting jugábamos los viernes por la tarde".
El trabajo en la inmobiliaria. "Entrábamos por la mañana, a las 9, y nos adaptábamos a todo lo que quisiesen los clientes. Antes salías mucho a la calle, para mirar qué pisos tenían carteles de se compra o se alquila, y así recogías información. Si hacías bien tu trabajo esos clientes te traían a más gente. Llegamos a ser seis personas. Estuve diez años ahí, hasta el boom inmobiliario. Me fui de la agencia en septiembre del 2007 y, en ese momento, decidí que no iba a trabajar más. El tema inmobiliario, que era lo que me gustaba, estaba muy mal, fue todo un caos. Se vendían pisos que yo los veía y no los quería ni regalados. La gente pedía préstamos y pensaban que, con el alquiler del piso, podrían pagarlo sin problema. El problema era cuando uno de los dos del matrimonio dejaba de trabajar y no se podían hacer cargo de dos hipotecas. Ahí se fue todo al garete".
"Jubilado" antes de los 50. "Desde ese día me dediqué a vivir y a disfrutar de mis hijas. Viajo todo lo que puedo, me gusta conocer mundo. Me gusta mucho el deporte, voy al Grupo por las mañanas, y saco el perro a pasear. Y ahora, que estoy jubilado de verdad, también veo obras (entre risas). Nunca tuve ningún capricho en mi época de futbolista, aunque si lo veo ahora, con distancia, sí que cometí algún que otro error. Cuando me fui a Madrid tenía tres pisos y un coche pagado, pero quise comprar un chalé para verano a las afueras de Gijón, porque con la niña el piso nos quedaba algo pequeño. Lo que tenía que haber hecho era, cuando dejase el fútbol y volviese a Gijón, comprar un chalé o lo que fuese, pero no en aquella época. Justo cuando compré ese chalé fueron las inundaciones en Gijón y el agua me entró por el salón y salió por el garaje".
Poco interés en el fútbol. "Ahora ni veo fútbol ni voy al estadio. Desde que el Sporting estuvo en Primera División no he vuelto a El Molinón. Me desencanté. La gente es, para mi gusto, muy forofa, no ve las cosas. El VAR también me decepcionó mucho. Sí que estoy pendiente de resultados, miro al Avilés, al Langreo y la Tercera División todos los domingos. Con el Madrid, por ejemplo, lo paso muy mal. El año pasado vi la final de Copa del Rey ante el Barcelona y empiezo hasta a sudar. Mi mujer me riñe y todo".
Las estrellas de la actualidad. "Las estrellas de ahora sí que van a vivir del fútbol toda su vida, no van a tener ningún problema. Van a tener patrocinados o la puerta de Arabia Saudí. Me fastidia cuando se creen superiores a los demás o no aceptan las condiciones que les dicen solo por creerse el mejor jugador del mundo. Vinicius, si sigue en la misma línea que hasta ahora no tardará mucho en irse del Madrid. Lamine Yamal o cambia o creo que su padre se va a cargar su carrera".
El momento actual del Sporting. "En el fútbol puede haber momentos buenos y malos. Pasas por una mala racha y, por lo que sea, bajas a Segunda, pero tardas en subir un par de años. En el Sporting no veo que haya intención de subir. Si bajas tratar de rearmar el equipo, pero ahora no veo ambición. No se hacen tres o cuatro fichajes diferenciales, que sean la columna vertebral del equipo. El Sporting lo tiene todo, instalaciones, un gran estadio, una afición que envidian muchos equipos en Primera… Pero no sé qué pasa".
Las consecuencias del deporte de élite. "En mi época no había el conocimiento que hay ahora mismo. Nuestro preparador físico había sido jugador del balonmano, y el fútbol no tiene nada que ver con eso. Ahora la alimentación está mucho más cuidada y se tiene mucho más cuidado con todo. Yo cuando estrenaba unas botas el primer día solo las podía poner cinco minutos, para ir adaptándolas al pie, las de hoy en día son casi como zapatillas. Antes se hacían auténticas barbaridad. En pretemporada nosotros subíamos montes, cuestas… Cuando Boskov ya cambiaron las cosas y en el Madrid también, pero yo tuve que hacer sentadillas con un tío encima".
La masificación en Asturias. "Me da hasta cierta pena, sobre todo el caso de Oviñana, mi pueblo. Tengo recuerdos de cuando era crío, que ibas por la carretera y no te encontrabas a nadie. Ahora no se puede ir prácticamente. La última vez que vino mi hija quisieron acercarse a Oviñana y tuvimos que dar la vuelta, porque estaba que no se entraba de toda la gente que había".
Sus hijas Lucía y Paula. "Las dos estudiaron Historia del Arte. La mayor está en el Museo de Historia Natural, es la primera española en estar ahí. Primero se fue a Madrid y, como no encontraba nada, se fue a Innsbruck. Estuvo en una empresa que contrata las cargas para los camiones donde ganaba mucho, pero tenía un estrés espectacular. Se cambió y ahora es subdirectora de la gestora del museo. Paula estuvo en Edimburgo cuatro años, pero cuando pasó la pandemia le dijimos que mirase por estar con su hermana, por si se volvía a repetir algo igual. Empezó a trabajar en Zara y ahora está en la casa Dior, supercontenta".
La crisis de la vivienda. "Lo primero que haría es sacar a toda la gente que esté de okupa. Me parece bien que la gente que está en un piso y llega un momento donde no puede pagar, que el Gobierno se haga cargo, pero el arrendador no tiene por qué pagar los platos rotos de algo que no hizo. Ahora hay gente que no se fía de sacar sus viviendas en alquiler, que prefiere tener sus casas cerradas. Además, yo haría más pisos, para que haya más oferta".
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