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Travesía musical con Diana Cooper en el ciclo "Suena la cúpula" del Centro Niemeyer

La pianista francesa ofrece un virtuoso recital con obras de Scarlatti, Chopin, Granados y Ravel en el Centro Niemeyer de Avilés

Concierto de Diana Cooper en el Niemeyer de Avilés.    | MIKI LÓPEZ

Concierto de Diana Cooper en el Niemeyer de Avilés. | MIKI LÓPEZ

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Avilés

El ciclo "Suena la Cúpula" del Centro Niemeyer de Avilés puso fin ayer a sus actividades de 2025 con un recital de piano de Diana Cooper. La artista francesa, que en los últimos meses ha tocado para las sociedades filarmónicas de Oviedo y Gijón, llegó con una atractiva propuesta: un recorrido pianístico del barroco al impresionismo.

Ante una sala abarrotada, la joven artista se presentó con la ejecución de las sonatas de Domenico Scarlatti K. 9, K. 96 y K. 141, ajustando los fraseos oportunamente y con un sonido envolvente favorecido por la acústica de la cúpula.

La intérprete francesa, vencedora del prestigioso Concurso Internacional de Piano de Vigo, destaca especialmente en el repertorio de Chopin, un compositor que se ajusta a su lirismo y del que interpretó el "Scherzo número 1 en Si menor" op. 20 y la "Polonesa-Fantasía en La mayor" op. 61. En ambas piezas, Cooper extrajo una exquisita gama cromática, encajando con delicadeza los retardos y las anticipaciones y explotando con sutileza el registro agudo del instrumento y las nostálgicas melodías del compositor polaco, implementando unos ligeros rubatos para aportar aún más atractivo a la ejecución.

El "Allegro de concierto" op. 46 de Granados permitió a la pianista lucir unos balances y un soberbio equilibrio en las dos manos, perfilando los temas con mucha intención y desplegando unas texturas densificadas que conjugó a las mil maravillas con la musicalidad que encierra esta emblemática página del maestro español.

Cerraron el recital "Oiseaux tristes" y "Alborada del gracioso", piezas de "Miroirs" de Ravel. Cooper hizo gala de una sutileza notable para recrear el preciosismo del primer número, reservando un mayor volumen y una explosión de color para el último, manteniendo siempre un sonido cálido y aterciopelado.

Ante los aplausos del numeroso público, Diana Cooper interpretó, a modo de propina, el "Vals número 5 en La bemol mayor" op. 42 de Chopin, culminando una brillante travesía musical en piano.

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