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Éxito rotundo del concierto de Año Nuevo en Avilés: el Palacio Valdés se llenó para celebrar el nuevo año

El director de la Sinfónica Ciudad de Avilés toma la palabra en el primer recitaly reivindica la labor como cantera del "Julián Orbón"

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

No lo dijo, pero lo pensó: el Conservatorio "Julián Orbón", el de Avilés, es "una cantera". El que no lo dijo fue Iván Cuervo que esta tarde, nuevamente, ejerció como director de la Orquesta Sinfónica Ciudad de Avilés.

Cuervo se puso a pensar en esto de la cantera cuando presentó a la cellista Raquel Menéndez, que fue la solista de "El cisne", de Camille Saint-Saëns. Dijo de ella: "Es un legado". Y lo de legado lo repitió luego después, cuando le tocó presentar al concertino de la formación, a Jorge Díaz Seijo. Primer violín, al pie del director de la orquesta. Cuervo recordó "a los grandes profesores" del centro educativo avilesino, que fue el primero de buena parte de los músicos que ayer celebraron el Año Nuevo en el teatro Palacio Valdés. Después de lo general, pasó a lo particular y señaló a Díaz Seijo como verdadero heredero de Lev Chistiakov, Takashi Aiko y Jacek Niwelt. Y reconoció que este paso generacional existe porque "el Ayuntamiento" apuesta por el "Julián Orbón". De tal modo, que le ha encontrado nueva sede (la vieja se convertirá en centro de arte no tardando mucho, promete el mismo Ayuntamiento).

El concierto de Año Nuevo concitó, como viene siendo habitual de unos años para atrás, la expectación del personal que hizo cola y pasó frío en la puerta del Palacio Valdés. El odeón local se llenó para escuchar un concierto de esos obligatorios para entrar feliz en el año: con la obertura de "Carmen", con el fragmento del "Toreador"; con el preludio de "La verbena de la Paloma"; y todos los tonos grabados en la mente de los espectadores avezados y en los otros.

El programa elegido fue por los clásicos populares, los más populares a este lado de los Pirineos, que aunque un recital como el de anoche se repite por todas las esquinas con el poder que tienen las ondas románticas de danubios azules y marchas con aplausos, la orquesta avilesina se inclinó por "Agua, azucarillos y aguardiente", por "La revoltosa", por "Las bodas de Luis Alonso".

Al final el teatro se puso en pie, el Año Nuevo ha entrado en Avilés y lo ha hecho bueno.

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