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"Lo maravilloso del teatro es que es único: por eso hay llevarlo en vivo", dice el actor Carlos Hipólito

"Siempre que veo que aparece el Palacio Valdés en una siento una gran alegría", dice el protagonista de "Música para Hitler"

Carlos Hipólito.

Carlos Hipólito. / MARCOS LEON

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Carlos Hipólito (Madrid, 1956) es uno de los actores fijos del teatro Palacio Valdés. La primera vez fue en 1993, cuando estrenó en Avilés "La estación". Este viernes y sábado (20.00 horas) protagoniza "Música para Hitler". Conversa con LA NUEVA ESPAÑA por teléfono.

-Hace esta vez de Pau Casals.

-Sí. A mí Pau Casals me parece... primero, una figura extraordinaria y muy admirable; un genio de la música del siglo XX que además fue una persona enormemente comprometida con los derechos humanos; una persona enormemente coherente, un tipo con una dignidad fuera de serie. Y todo eso construye una figura muy, muy admirable. Pero es que, además, el personaje, tal como lo han escrito Juan Carlos Rubio y Yolanda García Serrano, pues es una joya para interpretarlo, porque está lleno de matices, muy bonito… Inmediatamente, en cuanto leí el texto, pensé que lo quería hacer sí o sí.

-La historia va de que Pau Casals está en el exilio francés y llega un capitán alemán y le dice que tiene que ir a hacer un concierto delante de Hitler, ¿no?

-Sí, eso es un hecho real. Lo que se sabe es eso que usted ha dicho, y también que estuvo un tiempo ahí ese oficial nazi, en casa de los Casals,y que salió con un "no" por respuesta y que posteriormente ni el músico, ni su familia, sufrieron represalias de los nazis. Con lo que han fantaseado los autores es con lo que pasó dentro de aquella casa. La obra lo que nos cuenta es la relación que se crea entre el oficial nazi que llega y Pau Casals y su familia, ¿no?

-Este oficial nazi es músico también, ¿no?

-Sí, exacto. El personaje de Dani Muriel también es extraordinariamente bonito, ¿no? Lo que los autores han conseguido con esta ficción que se han inventado de lo que ocurrió dentro de esa casa, digamos, pues ha sido una historia muy conmovedora, muy bonita.

-¿Cómo se compone un personaje histórico?

-Pues bueno, pues yo qué sé, uno se empapa un poco de la vida del personaje real, ¿no? Afortunadamente, de Pau Casals hay todavía documentos: hay vídeos donde se le ve dando clases magistrales, hay vídeos donde él cuenta cosas en entrevistas que le grabaron y tal. Y eso es muy enriquecedor a la hora de interpretarlo, claro, porque, bueno, pues te haces una idea de cómo era el personaje real, pero finalmente lo que hay que hacer es concentrarse en lo que está escrito, que no necesariamente tiene que ser idéntico con el real, ¿no? Es una evocación, digamos. Y bueno, pues yo creo que se afronta con mucho respeto, por lo menos por mi parte, y con mucha admiración, ¿no?

-No es la primera vez que hace personajes históricos, recuerdo últimamente "Copenhague".

-Sí, exacto, me tocó Heisenberg ahí, pero también, bueno, yo qué sé, he hecho Felipe II también.

-Ese es uno de los que mejor grabado tiene la gente...

-Era muy divertido: en el siglo XXI se creía que seguía siendo rey.

-¿Había trabajado antes con Juan Carlos Rubio?

-No, nunca. Nunca había trabajado con él. Habíamos tenido varias ocasiones, o sea, oportunidades, pero nunca se materializaron: por problemas de agenda de uno o de otro.Y finalmente con esta obra hemos conseguido coincidir. Y la verdad es que para mí ha sido una alegría, porque he trabajado muy a gusto con él. Primero me parece que el texto que ha escrito con Yolanda es extraordinario –de verdad lo digo–: creo que tiene una estructura dramática impecable, un lenguaje hermoso y está muy bien construida. Y luego es que como director me ha parecido un placer trabajar con él, porque la verdad es que es un director inteligente, agudo, amable. Lo hemos pasado muy bien.

-¿Qué es lo mejor de las giras?

Pues mire, tienen cosas buenas y malas. Le diré que llevo 45 años haciendo giras. Sí. He pisado ya los mismos escenarios muchas veces. Y la verdad es que volver a esos escenarios que uno ha pisado y volver a vivir noches mágicas, bueno, pues siempre es un motivo de alegría. Y en el caso concreto del Palacio Valdés, pues para mí es un teatro muy querido y del que tengo unos recuerdos extraordinarios. He vivido momentos tan bonitos ahí que me hace siempre una ilusión enorme regresar. Siempre que veo que aparece el Palacio Valdés en una siento una gran alegría. Y lo mejor de las giras, pues es, bueno, que, como le digo, revisitas sitios que te gustan. Eso te permite también volver a redondear, digamos, el tiempo con placeres culinarios. Se convierten a veces en giras gastronómicas porque vuelves a visitar los lugares en los que has comido bien y donde te lo has pasado bien. Y, bueno, pues eso, siempre que llevas buena compañía, que en general te tienes mucha suerte y me han tocado compañías estupendas, pues siempre es un motivo de diversión, de alegría y de felicidad.

-Llevan el teatro domicilio.

-Bueno, pero yo creo que eso está muy bien, ¿no? Lo maravilloso del teatro es que es único e irrepetible, y por eso hay que llevarlo en vivo a domicilio, ¿no? Y eso yo creo que es siempre muy bueno para nosotros y para el público de cada lugar. Yo creo que sería muy absurdo pensar que todo el mundo tuviera que ir a determinado sitio para ver las obras de teatro. Cuando es así, generalmente es porque los montajes son muy grandes y no se pueden mover, pero son muy complicados, pero en general todas las producciones de teatro se hacen pensando en las giras.

-Hay dos hitos en sus muchas visitas a Avilés: protagonizó el primer estreno nacional programado por el Palacio Valdés…

-"La estación".

- Lo otro es que también hizo teatro en plena desescalada: aquella vuelta a la normalidad. No sé cómo viviste esos dos...

Fue con "Rita", ¿no?

-Sí, con "Rita", sí. Que se estrenó en Avilés también y éramos...

-Eso se estrenó como una cosa, por un lado, muy angustiosa, porque realmente, claro, era complicado trabajar en esas condiciones, y desde el escenario se veían los patios de butacas y los aforos de los teatros, pues...

-Medio vacíos, sí.

-Aunque se vendiera todo lo que se ponía a la venta, claro, había una butaca así, dos no. Una cosa así, ¿no? Entonces era un poco desolador mirar aquello, pero, por otro lado, el público que venía en esos momentos venía con una actitud muy... muy bonita, ¿no? Había algo como casi de militancia por el teatro, ¿no? Y nos daban las gracias. Recuerdo, en esa época, gente que nos esperaba, a pesar de que eran los encuentros complicados y tal, pero todo el mundo con sus mascarillas y cosas, nos esperaba en la puerta para darnos las gracias, ¿no? Por haberles llevado teatro, porque para ellos el teatro era importante, y eso es tan bonito escucharlo.

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