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Yolanda Mijares, pionera del baloncesto femenino en Asturias: "La autoridad en un vestuario masculino me la gano estando pendiente de los jugadores"

"Hace años era impensable ver pabellones llenos con 10.000 personas por la Copa de la Reina", reconoce la leonesa, pionera del baloncesto femenino en Asturias

VÍDEO: La entrenadora de baloncesto Yolanda Mijares, se convierte en "Rompetechos" del mes de enero

J.A.

Noé Menéndez

Noé Menéndez

Avilés

Yolanda Mijares es sinónimo de baloncesto. Su nombre se hizo popular a principios de los 2000, cuando formó parte de las categorías inferiores de la selección española, con la que se colgó tres medallas de oro al cuello en campeonatos europeos. De esa época guarda un balón de una de las finales, con la firma de las que fueron sus jugadores. Una joya. A su tutela, como entrenadora ayudante, estuvieron jugadoras como Alba Torrens o Laura Nicholss, leyendas del deporte de la canasta. Nacida en León, su carrera estuvo ligada, durante cerca de de 30 años al ADBA avilesino, aunque ahora le ha dado un giro y ha cogido la batuta del primer equipo del Baloncesto Castrillón, su primera experiencia con un cuadro masculino.

¿Cuándo empezó su pasión por el baloncesto?

Siempre me ha gustado el deporte en general y el baloncesto en particular. Me acuerdo de que, de pequeña, me sentaba encima de un balón a ver los entrenamientos. Un día faltó una jugadora y el entrenador me animó a entrar. Ahí, con 15 años, empezó todo.

Pronto, además, empezó a hacer carrera como entrenadora.

Yo lo que quería era jugar, era lo que de verdad me gustaba. Con 20 años una compañera me pidió ayuda para dirigir a un equipo de chicas de la Atlética, pero de primeras lo rechace. Finalmente me acabó convenciendo y hasta ahora.

¿Cómo se veía el baloncesto femenino en aquella época?

Cuando empezamos tenía alguna compañera a la que, en su casa, les llamaba la atención que su hija jugase al baloncesto. Sus madres no querían, porque al defender o atacar es un deporte muy físico. La sociedad ha evolucionado, quizás no como se podría esperar, pero creo que no se puede juzgar a la gente por lo que pensaba en aquella época. Durante estos años ha habido un cambio grande. Mi padre tenía una imprenta y me la dejó a mí, y no me parece mal que al principio quisiera dejársela a uno de sus hijos. Era lo que la sociedad marcaba.

Trae con usted un balón con mucha historia, el de la final que llevó a la selección española infantil a ser campeona de Europa en 2003.

Este balón significa mucho: que no hay un sitio pequeño desde el que desarrollar lo que quieres hacer. Estuve ocho años haciendo seguimiento para la Federación Española de Baloncesto, ojeando niñas en los diferentes equipos para ver quienes podían entrar en la selección. Cuando me llamaron para ir de entrenadora, ayudando de Josep Alemany, a ese primer campeonato de Europa me pareció que se me abría un mundo. En aquel momento era entrenadora del ADBA y luego tuve diferentes ofertas, pero nunca me quise ir de Avilés.

Esa generación, la que dirigió usted, fue una de las mejores de España. Sus nombres empezaron a sonar en los medios de comunicación. ¿Se notó un cambio en el baloncesto femenino?

Ya se estaba mirando con ojos diferentes al baloncesto femenino gracias a Amaya Valdemoro. Había ido a la WNBA y ya estaba ganando cosas. Pero sí fueron nombres, los de Alba Torrens o Laura Nicholls, que se empezaban a escuchar más por la tele, lo que de aquella era una novedad.

¿Cuandopasó a entrenar a equipos masculinos?

Trabajar con chicos me viene de lejos. Al dejar de jugar, a los 27 años, siempre hice campus den los que metía niños y niñas. Me gusta que los chicos y chicas jueguen juntos, porque creo que aprenden unos de otros. Los chicos ponen más fuerza y energía, no se complican tanto, y las mujeres ponemos un poco más de pausa para tomar decisiones. Eso les viene bien a los dos.

¿Cómo logra ser una figura de autoridad dentro de un vestuario masculino?

El baloncesto tiene una cosa muy buena, la disciplina. Si hubo alguna reticencia cuando llegué a un vestuario masculino ya no la hay. La autoridad se gana cuando la gente ve que te molestas, que tienes un conocimiento que les va a ayudar, y, sobre todo, que estás pendiente de ellos. Esa es la autoridad. Eso sí, si tengo que reñir lo hago.

Ha vivido en primera persona la evolución de su deporte.

En mi época era impensable que se llenase un pabellón como el Príncipe Felipe de Zaragoza con 10.000 espectadores para ver la Copa del Reina. El deporte ha ido evolucionando poco a poco, quizás un poco despacio. Esta claro que si hubiese más dinero iría todo más rápido. Donde si hay más cambio es en el ritmo de juego.

En Asturias tenemos un nombre, Iyana Martín, es la joya del baloncesto femenino a nivel nacional. ¿Cómo la ve?

Conozco a su padre, que fue entrenador. A Iyana tarde en conocerla, pero cuando se fue al Segle XXI me dijeron que era una gran jugadora y que, sobre todo, sabía obedecer y entender todo lo que le enseñabas. La primera vez que la vi jugando aluciné, es una jugadora que, si la dejamos crecer, puede llegar adonde ella quiera.

¿Qué le diría a los niñas que empiezan ahora en el mundo del baloncesto?

Voy a ser un poco general, no quiero dirigirme ni a chicas ni chicos, porque si no vamos a hacer un mundo distinto para unos y otras. A todo el mundo que empieza y quiere hacer algo tengo que decirle que creo que cualquier sitio es bueno para empezar, que no hagan caso a nadie si les dicen que pueden o no pueden conseguirlo.

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