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Seis décadas del templo del baile en Castrillón que vio nacer como joven promesa de la música a Víctor Manuel... y muchos más

La sala Gelther ya va por su tercera generación: "Fuimos los primeros en celebrar una Nochevieja", sostiene el hijo de los fundadores, Juan José Menéndez, que ha cedido el mando a su hija Mónica

Noé Menéndez

Noé Menéndez

Piedras Blancas

"Cuando empecé aquí no había ni Cocacolas, como mucho se podían conseguir en Madrid". Ahora tiene 78 años, pero, hace 65, Juan José Menéndez abrió, junto a sus padres, la sala Gelther, uno de los templos del baile en Asturias. Sus ojos han visto pasar a miles de personas y a varias generaciones. "Me presta mucho escuchar a parejas decir que se conocieron aquí, o cuando cuentan lo bien que lo pasaron en nuestras fiestas", reconoce. Ahora el testigo lo cogió su hija, Mónica Menéndez, que apunta que, aunque el sector ha cambiado mucho durante los últimos años, "la sala funciona a las mil maravillas". "En Nochevieja lo tuvimos todo lleno", destaca.

El 18 de diciembre de 1960 abrió sus puertas la sala Gelther. "Mis padres no sabían qué hacer. Tenían una amiga que le gustaba mucho los bailes, por lo que apostaron por hacer una sala de fiestas", recuerda Menéndez. La inauguración marcó un antes y después, tanto en la comarca de Avilés como en Asturias. "No lo puedo asegurar al 100%, pero fuimos de los primeros en celebrar una fiesta en Nochevieja. Antes nadie salía ese día. A mis padres les salió muy bien la jugada, porque si una orquesta, para un día normal, cobraba mil pesetas, ese día cobraba la mitad, ya que nadie hacía nada", apunta el castrillonense.

A la izquierda, la orquesta «Bohemia», en la sala, en el año 1965 y, a  la derecha, Juan José Menéndez, a las puertas del negocio. | LUISMA MURIAS

A la izquierda, la orquesta «Bohemia», en la sala, en el año 1965 y, a la derecha, Juan José Menéndez, a las puertas del negocio. | LUISMA MURIAS

La sala Gelther fue, durante años, un templo de la música. Allí hizo sus primeros pinitos, cuando aún era una joven promesa, Víctor Manuel. El propio Juan José guarda con cariño una foto de ese concierto. "Mis padres cogieron una época muy buena, aquí vinieron muchos artistas. A todo el mundo le gustaba bailar y aquí venía todo el mundo, desde mayores hasta jóvenes", detalla. Además, la casualidad hizo que el propio castrillonense, con un representante de orquestas, viajase a Madrid. Allí hizo diferentes contactos en el mundo de la música, lo que le ayudo a traer a grandes nombres de la época a Castrillón. "Aquí vinieron ‘Los Relámpagos’ cuando en Asturias no se había escuchado nunca una guitarra eléctrica. Ese día la cola para entrar llegaba hasta Piedras Blancas", apunta.

Nuevas tendencias

Los tiempos han cambiado mucho desde aquella época. Por ejemplo, como cuenta el Menéndez, el día de salir en aquellos años era el domingo, algo que ahora parece impensable. En los 70 empezaron a cambiar las tendencias. "Me acuerdo que en el 72 nadie quería salir. Hubo una crisis gordísima y nadie quería venir", señala.

El castrillonense recuerda también que, en esos años, muchos pueblos del concejo tenían su propio salón de baile. "De aquella no había ni neveras en las barras. Para tener hielo, que de aquella era la gran novedad, íbamos hasta el puerto de Avilés en bicicleta, a coger barras. Lo traíamos aquí y poco a poco lo íbamos picando", afirma. Otra curiosidad es que, cuando empezó la sala Gelther, no existía la Cocacola. "Lo que se tomaba antes era el ‘Angelito’, que era vino blanco mezclado con jerez y granos de café. El primer cubalibre que hicimos aquí era con vino", subraya.

La heredera

Mónica Menéndez es la tercera generación al frente del negocio. Reconoce que en sus planes no estaba liderar en la sala, pero circunstancias de la vida hicieron que acabase cogiendo las riendas. "Me crié aquí y siempre ayudaba en todo lo que podía. Ahora espero retirarme aquí", confiesa la castrillonense. La sala Gelther tuvo durante años, en el piso de abajo, una parrilla donde daban cenas, pero ahora todo se centra en los bailes. "Hay mucha gente que nos pide que no cerremos. Para muchos este es un gran entretenimiento, vienen aquí a bailar y a desconectar", afirma la empresaria, que destaca que mucha de la clientela es ya gente habitual. "Hay quienes, cuando no pueden venir, llaman para avisar y que no nos preocupemos", reconoce.

Sus hijos aún están estudiando, pero los Menéndez confían en que el pequeño de la casa sea quien siga con la tradición. "Los abuelos de sus amigos nos suelen contar que se conocieron aquí, o las madres nos dicen que se acuerdan de eventos como los carnavales infantiles que hacíamos. Es lo que más nos presta, haber dejado ese buen recuerdo entre la gente", afirma la familia. Por lo que parece aún quedan muchos bailes por vivir en la mítica sala Gelther.

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