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La generación X, millenials y centennial en una misma aula en Piedras Blancas: la curiosa forma de dar clase de la familia Rodríguez-García

Andrea Rodríguez y su madre, Emma García, regentan una academia en Piedras Blancas, donde mezclan a niños de distintas edades

Andrea Rodríguez, en el aula de su centro de clases particulares. | LUISMA MURIAS

Andrea Rodríguez, en el aula de su centro de clases particulares. | LUISMA MURIAS

Noé Menéndez

Noé Menéndez

Piedras Blancas

"Aunque a alguno le pueda parecer extraño, llevamos muy bien lo de ser madre e hija en el trabajo. Somos autónomas y cada una tiene sus grupos", reconoce Andrea Rodríguez, una de las dos patas de la academia Clase con clase. Ella, junto a su madre, regentan un negocio que cuenta con más de cien alumnos de todas las edades, desde Primaria hasta adultos que quieren probar la experiencia de entrar en la Universidad. La castrillonense asegura que su local, situado en la calle José Fernandín, ya se les queda pequeño, pero tiene claro que su futuro está en Piedras Blancas: "No me veo en otro lado, nunca me he planteado irme".

La madre de Andrea, Emma García, ha dado clases en su casa desde que la castrillonense era pequeña. Siguiendo su ejemplo, Rodríguez cursó Magisterio y, mientras estaba en la carrera, iba ayudando en casa. Pronto, su proyecto empezó a coger cierta fama en Castrillón. "Estuve opositando dos años, pero me di cuenta de que, entre que no tenia mucho tiempo y que no me gustaba, lo mejor era apostar por esto", sostiene. Por ello, tras la pandemia, decidieron fundar su propia academia en un local y dejar de dar clases en casa. Ambas, además, se complementan. Andrea focaliza su trabajo en las letras, mientras que Emma es especialista en números.

"Nos llevamos muy bien, pocas veces hemos tenido una discusión", confiesa Rodríguez sobre la relación con su madre, con la que el año pasado fue finalista de los Premios Empresariales Castrillón. Dentro de la academia cada una tiene su aula independiente, comunicadas por una puerta. "Somos personas distinas trabajando en el mismo espacio. Yo aprendí muchísimo de ella, nuestra línea educativa es parecida", sostiene la castrillonense, que cree que ese ambiente familiar que se genera es uno de los puntos que marca la diferencia. Además, en la academia apuestan por mezclar niños de diferentes edades, para que esa sinergia haga que todos se comporten mejor. "A los pequeños les da vergüenza liarla delante de los mayores, y los grandes se sienten referentes para los críos", apunta.

Otro de los puntos que marca la diferencia en Clases con clase es la formación de la propia Andrea. "A lo largo de los años me di cuenta que cada vez venían a clase más niños con dislexia, autismo, trastornos del lenguaje… Sentí que necesitaba más formación en ese aspecto, por lo que hice un máster para poder satisfacer esas necesidades", comenta la maestra. Ahora, por ejemplo, tiene una alumna por la mañana con parálisis cerebral a la que ayuda con diferentes ejercicios.

Ahora tanto ella como su madre están en busca de un nuevo local para su academia, para así tener sus propios despachos o un área de ocio, aunque manteniendo su esencia de grupos reducidos y heterogéneos. Lo que tienen claro es que seguirán en Piedras Blancas. "En un futuro me gustaría dedicarme solo a aquellas personas que tienen dificultades con el aprendizaje, es algo muy satisfactorio", señala Rodríguez que, junto a su madre, seguirá dando mucha vida a Piedras Blancas.

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