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Los Valencianos, un siglo de helados para los avilesinos, que ya gestiona la cuarta generación: "Antes había cuatro sabores, chocolate, nata, fresa y turrón; ahora tenemos hasta 96"

Vanesa y Román Guillem llevan la batuta de un negocio que empezó en 1926 con su bisabuelo (y tatarabuelo) llegado desde un pueblo de Alicante: "Vino con 14 pesetas y una garrafita de helado, no conocía a nadie y tampoco sabía cómo le iba a ir"

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Marta Ortiz

Avilés

"Los Valencianos ha visto a Avilés crecer y Avilés ha visto a Los Valencianos crecer". Así resume Román Guillem los cien años de historia de este célebre negocio, del que es cuarta generación. Todo comenzó cuando en 1926 su bisabuelo, Antonio Guillem, "no tenía oficio ni beneficio, entonces le enseñaron a hacer heladería". "Mi bisabuelo se aventuró a venir a Asturias desde Ibi, el pueblo de Alicante de donde somos, con 14 pesetas y una garrafita de helado. No conocía a nadie y tampoco sabía cómo le iba a ir", relata Román.

"Apenas llevo 10 años en la empresa, pero para mí es un honor que hayamos estado presentes en Avilés desde hace tanto tiempo. Es muy satisfactorio ir por la calle y que haya gente que te reconozca", afirma con ilusión Guillem. Él forma parte de la cuarta generación de heladeros y, actualmente, lleva el negocio junto a su prima Vanessa Guillem, de la tercera generación. "Acojo esta historia con mucho honor y espero que la empresa llegue a otros 100 años más", asegura.

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Aunque la heladería sigue apostando por la tradición, en esta centuria han tenido que ir adaptándose a los tiempos. "Antes había mucha venta ambulante, tenías que buscar al heladero por las calles. Ahora lo tienes en los establecimientos. Antes había cuatro sabores, chocolate, nata, fresa y turrón. Ahora tenemos 96 sabores en total. Lo que ha cambiado sobre todo es la decisión del cliente", ejemplifica el actual responsable de Los Valencianos. "Eso sí, manteniendo el clásico barquillo y los cucuruchos y apostando por lo de siempre para alcanzar la esencia del helado, que es lo natural", añade.

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Una heladería centenaria como esta ha podido mantener su esencia a través del "cuidado del cliente", además de todas "innovar pensando en el sector de la restauración". Como parte de sus últimas novedades, "moldeamos el helado para restaurantes y banquetes, dándoles formas para nada habituales". Para el futuro, su mayor reto es "alcanzar los 200 años, aunque nos va a costar. Seguir creciendo, cuidando a los avilesinos y ofrecer novedades sin menospreciar la calidad del producto", comenta.

Para celebrar su centésimo cumpleaños, la heladería quiere "hacer algo especial", como volver a poner el clásico helado de máquina que solían tener. "Queremos encontrar la manera de celebrar algún evento para conmemorar este año tan especial", concluyó Guillem.

1.- Román y Vanessa Guillem, en un carrito de helados ubicado frente al local de Los Valencianos en Rivero. 2.- Un carrito de los helados de Los Valencianos en El Parche. 3.-Un vendedor de la heladería en Trasona. 4.- Manolo, un antiguo empleado de Los Valenciano, posa junto a unos niños ante la iglesia de Sabugo. 5.- Antonio Guillem, fundado, con sus hijos Antonio y Fernando. 6.-Antonio Guillem posa junto a unos amigos. 7.-Una furgoneta de Los Valencianos en Santa María del Mar (Castrillón).

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Socio de La Ibense

Antonio Guillem trabajó duramente para que su pequeño negocio pudiera seguir creciendo: "Hacía el helado por la mañana, después lo vendía. Si se acababa y le daba tiempo, volvía a prepararlo y regresaba a vender". Ese era su modus operandi todos los días de la semana.

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Y aunque el negocio tiene su historia en Avilés, Antonio Guillem comenzó en Gijón junto al fundador de La Ibense, Vicente Salamaro. "Pero la competencia era muy fuerte, así que decidieron separarse porque no tenían suficiente para los dos. Ahí fue cuando mi bisabuelo decidió venir a Avilés", explica Román Guillem. Poco a poco fue expandiendo su negocio. Empezó en la calle Llano Ponte y, a medida que el negocio se fue expandiendo, comenzó a sacar carritos de venta ambulante a la calle. Llegó a tener varios trabajadores y alrededor de 15 o 20 carritos.

Después cogieron el relevo sus hijos, Antonio y Fernando Guillem, siendo el abuelo y el tío abuelo de Román. Fueron a todas las romerías de la comarca avilesina y visitaban las playas para vender sus helados. Compraron neveras para ponerlas en restaurantes y kioscos: "Se gastaron todo el dinero que tenían en congeladores, pero con un gran resultado, porque el negocio en los restaurantes estaba saliendo bien", rememora.

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"Ya cuando llegó mi padre, también Antonio, fue cuando la empresa se empezó a profesionalizar más", detalla el benjamín de los Guillem. "Mi abuelo había montado la heladería en la calle Rivero y lo que mi padre hizo fue abrir más heladerías, incluso una en Mieres", enumera. "Había otras heladerías en la competencia, pero fueron desapareciendo. Ahora prácticamente solo quedamos nosotros", concluye Román Guillem, al frente de un negocio que lleva todo un siglo endulzando la vida de los avilesinos.

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