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Avilés completa el remozado de sus fachadas burguesas: los últimos cambios en edificios nobles de la villa

Del palacio de Ferrera a Camposagrado, Maqua o las propiedades de la familia Balsera, buena parte de los edificios de finales del XIX y principios del XX en la ciudad, lucen nueva cara o se hallan en transformación

Obras en el palacio de Balsera.

Obras en el palacio de Balsera. / A.F.V.

C. Jiménez

Avilés

El Avilés burgués se caracterizaba por impresionantes palacios y casas señoriales, principalmente de los siglos XIX y principios del XX, fruto del auge indiano e industrial. Destacaban palacios modernistas como el de Victoriano Balsera (el antiguo Conservatorio hasta su mudanza al edificio de Correos), que afronta su remozado para convertirse en espacio artístico o el de Maqua (actual espacio para el impulso de acciones entorno a la innovación y que también funciona a modo de coworking) y el de Josefina Balsera, que afronta su gran cambio para convertirse en hotel de lujo.

Antes de esos cambios en las fachadas de la villa se logró devolver la actividad, primero, al teatro Palacio Valdés, también al de Camposagrado y al del marqués de Ferrera, transformado en el único establecimiento hotelero cinco estrellas de la villa.

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La clase aristocrática se vinculaba a finales del siglo XIX con las principales casas de la villa, cuenta el historiador Juan Carlos De la Madrid en "Avilés. Una historia de mil años". Se trataba, por ejemplo, de los Llano Ponte que hicieron palacio la casa vieja solariega de los García Pumarino al final de la calle Rivero, llegando al Parche. Hoy ese espacio ha cobrado vida como establecimiento hostelero.

Pocos metros más allá, en la plaza de Carlos Lobo, será la Universidad Nebrija la que transformará la Casona de los Alas en residencia de estudiantes una vez que la institución académica desembarque en la ciudad con el grado de Enfermería. Los responsables de la entidad están finalizando los trámites para que la anunciada rehabilitación integral de este palacio que tiempo atrás se había planteado reabrir para uso turístico, cumpla finalmente el objetivo de dar alojamiento a los estudiantes de la que será la primera Universidad privada en Asturias.

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A unos pasos de Carlos Lobo se ubica otro edificio que será fundamental para la llegada d e la Nebrija a la ciudad: el palacio de Camposagrado, actual sede de la Escuela Superior de Arte del Principado, que en su traslado, tras la ampliación del edificio del polígono de la ría, pasará a albergar a los estudiantes de la universidad madrileña en la ciudad a través del modelo de centro adscrito.

Igual que ahora la Administración local tiene en marcha obras en varios edificios de origen burgués, los Ferrera realizaban otras obras a mitad del siglo XIX en lo que hoy se conoce como Hotel Palacio de Avilés. Gastaron casi 10.000 reales de la época en papel pintado que el marqués mandó encargar en Madrid. Sin papel pintado, pero casi dos millones de euros será el coste del remozado .del edificio de la que fue la antigua guardería de Los 7 Enanitos, en la calle Palacio Valdés –y que es obra de Manuel del Busto, de 1928– para la construcción de un nuevo edificio en la parte posterior de la parcela que dará lugar a un centro de atención diurna intergeneracional, siguiendo los cánones establecidos en el nuevo programa del Principado "CuiDas". Será, así, el primer centro de día público para personas mayores en el centro de la ciudad. Los primeros trabajos comenzaron hace unas semanas, justo enfrente de otra reconocida fachada de la burguesía local, la del teatro Palacio Valdés.

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Leopoldo González Carvajal, marqués de Pinar del Río, se encargó de colocar la primera piedra del odeón local en 1900 junto a su esposa, Carmen Cabañas. Era el ejemplo de emigrante a Cuba que triunfó en los negocios y quiso hacer saber de sus triunfos en casa a través de todo tipo de labores filantrópicas y donaciones. Tras la primera piedra, le siguió un ritmo frenético de construcción cuenta Juan Carlos De la Madrid en "Historia del Palacio Valdés"., pero la falta de dinero hizo que las obras comenzaran a ralentizarse en ejercicios sucesivos hasta que en 1903 se pararon. Desgracias encadenadas impidieron su inauguración hasta 1920. Y cuando en los cincuenta la siderurgia cambió el paisaje de Avilés, su teatro volvió a caer en desgracia y el abandono lo dejó a un paso de la ruina, de la que no se recuperaría hasta la reapertura, en 1992. Desde entonces no habido más amenaza de la piqueta, y ese emblema de edificio cultural burgués renació como otras tantas fachadas burguesas ahora cubiertas por los andamios.

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