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El Principado da el permiso a Saint-Gobain para hacer un nuevo horno, pero la multinacional sigue sin clarificar su futuro

Los trabajadores esperan que tras el permiso público venga la puesta en marcha de la nueva instalación clave para el futuro de la compañia

Acceso a la fábrica de Saint-Gobain Cristalería en Avilés. | MARA VILLAMUZA

Acceso a la fábrica de Saint-Gobain Cristalería en Avilés. | MARA VILLAMUZA

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

El Principado de Asturias ha resuelto permitir a la multinacional Saint-Gobain Cristalería poner en marcha en sus instalaciones de Avilés de un horno-float mixto, es decir, alimentado por energía eléctrica de origen renovable con apoyo de gas natural.

Este permiso llegó unos días después de que el director de la fábrica de La Maruca explicase en el marco de la mesa negociadora del convenio -fue la sexta reunión, la del 18 de diciembre, justo la anterior a la presentación de que la empresa presentase su propuesta de acuerdo regulador- “que hay pocas posibilidades a día de hoy de hacer un horno con tecnología hibrida y que la situación actual sería, en sus palabras, un horno convencional o nada”. Estas palabras las resumieron los representantes sindicales de Comisiones Obreras (CC OO) y SOMA-FITAG-UGT en una nota que firmaron a medias como: "el director fue claro".

O sea, la Consejería de Movilidad, Medio Ambiente y Gestión de Emergencias del Principado de Asturias ha declarado no sustancial la modificación presentada por Saint-Gobain Cristalería para sustituir su actual horno F400 de gas natural -el que trabaja a ful desde el otoño de 2008- por un nuevo horno híbrido eléctrico–gas en sus instalaciones industriales de Avilés y Castrillón. Pero esto no quiere decir que se vaya a hacer.

O que se vaya a hacer de momento.

Porque la compañía está haciendo movimientos que buena parte de los trabajadores interpretan como pasos favorables a la instalación del horno -obras de ampliación en la zona de la subestación eléctrica, derribo de la torre del depósito de agua-, pero que otra parte de los trabajadores interpreta como “entretenimientos”.

En esa misma reunión del 18 de diciembre las secciones sindicales de Comisiones Obreras (CC OO) y SOMA-FITAG-UGT lograron sacarle al director de la planta que se están realizando inspecciones mensuales por la DTI en el nuevo horno y que “existe un plan con diferentes actuaciones semanales para su mantenimiento”. Y añaden que el director considera “importante alargar la vida útil al máximo por una cuestión de tiempos ya que cada vez se están retrasando más la apertura de los plazos para la solicitud de ayudas”.

El horno híbrido (alimentado por gas y electricidad) con potencia industrial es que la comisión local ha desarrollado para que se instale en Avilés. Según fuentes consultadas, la pretensión de los avilesinos era que lo que la propia Saint-Gobain y su competencia AGC han levantado como proceso experimental en Barevka, en la República Checa, cobre forma industrial en La Maruca. “Si allí salen cien toneladas, en Avilés salgan 800 o 900”, apuntan.

La pelota, en los despachos parisinos

Pero parece que esto, a fecha de hoy, queda pendiente. Los trabajadores apuntan directamente a la dirección mundial del grupo.

En todo caso, Saint-Gobain tiene permiso regional para ponerse a trabajar en La Maruca: el permiso concedido por la Consejería de Movilidad, Medio Ambiente y Gestión de Emergencias consiste en el reemplazo del horno actual, que ha alcanzado el final de su vida útil, por una tecnología híbrida innovadora diseñada por el propio grupo Saint-Gobain.

El nuevo horno, según el proyecto presentado y aprobado, utilizará mayoritariamente electricidad con garantía de origen renovable, manteniendo el gas natural como apoyo, con el objetivo de descarbonizar el proceso de fabricación de vidrio plano. La modificación permitirá reducir el consumo energético global en un 20% y rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero en 79.000 toneladas anuales.

Aunque el proyecto incrementa la capacidad productiva de 700 a 750 toneladas diarias y eleva el uso de calcín (vidrio reciclado) hasta el 50 % de la mezcla, la Administración pública sostiene que estos aumentos no superan los umbrales legales para ser calificados como sustanciales. Tampoco se prevén incrementos en emisiones contaminantes, vertidos a las aguas ni generación significativa de nuevos residuos peligrosos.

Es decir, que la pelota está en los despachos parisinos de la multinacional. O eso es lo que se deja entrever entre los trabajadores que reclaman que el “corazón” de La Maruca palpite para dar futuro a una industria histórica en la comarca.   

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