La vida de Natalio Grueso en la cárcel de Badajoz: en un módulo de respeto, visitas de allegados y a la espera de conocer destino final
El exdirector del Niemeyer permanece en la prisión extremeña desde hace dos meses, tras su traslado desde Portugal, donde fue localizado después de dos años de fuga

Natalio Grueso, momentos antes de ser detenido en Portugal. | G. C.
Cincuenta y siete. Esos son los días que han pasado desde que el pasado 4 de diciembre la Policía Judiciaria de Portugal detuvo a Natalio Grueso, exdirector del Niemeyer, en la isla portuguesa de Culatra, en el distrito de Faro, en el Algarve. La captura puso fin a más de dos años de fuga del programador cultural, condenado a ocho años de prisión por su gestión del centro cultural. Tras más de una semana retenido en el país luso, el 15 de diciembre fue trasladado al centro penitenciario de Badajoz. Allí ha pasado las navidades, ha recibido visitas y espera a conocer su destino final.
El arresto del pasado 4 de diciembre fue el fin de más de dos años de huida de la justicia de Grueso. El programador cultural fue condenado a cinco años por el delito continuado de malversación de caudales públicos en concurso medial con otro de falsedad en documento mercantil y oficial, y tres años más por el delito continuado societario en 2020. En abril 2023 la sentencia se hizo firme y en julio de ese mismo año, tras rechazar el indulto que había pedido la defensa, la Audiencia Provincial decretó su inmediato ingreso en prisión. Desde entonces y hasta el día de la detención, nada más se había sabido de él.
Su defensa urgió en todo momento su traslado a España, alegando su mal estado de salud. "Tiene una enfermedad grave e incurable que necesita de medicación", reiteró su abogado, Francisco Miranda, del despacho Vox Legis. Inicialmente, todo apuntaba a que sería llevado directamente a Madrid, más concretamente a Soto del Real. Pero finalmente se decidió llevarlo a Badajoz. Allí fue sometido a un chequeo de salud y recibió la atención médica necesaria para su dolencia. "Es una enfermedad que, bien tratada, con los medios de los que dispondría en la calle, puede darle una esperanza de vida de, tranquilamente, 20 años. Pero es también una enfermedad que con las limitaciones que tienen los servicios médicos de prisión podría acabar con su vida en cinco años", advertía entonces Miranda.
Desde entonces, Grueso permanece entre rejas. Tras unos primeros días en el módulo de Enfermería, el exdirector del Niemeyer ha sido trasladado a un módulo de respeto, un programa con unas normas un tanto más flexibles que las del régimen penitenciario común y en el que no suele haber presos peligrosos ni conflictos.
Allí permanece a la espera de conocer la propuesta de la Junta de Tratamiento, que es el órgano que decidirá el grado del régimen penitenciario: el primer grado es para presos peligrosos o inadaptados; el segundo, para presos comunes; y el tercero para internos en situación de semilibertad. En el caso de Grueso lo esperado es que se establezca el segundo o tercer grado. Asimismo, este mismo órgano hará la propuesta de en qué centro penitenciario cumplirá Grueso prisión. Nuevamente, lo esperable es que se decrete Soto del Real, en Madrid, por ser la capital española el último lugar en el que el exdirector del Niemeyer tuvo fijada su residencia.
La Junta de Tratamiento se reunió este viernes, por lo que cabe esperar que a lo largo de la próxima semana Grueso reciba notificación de su propuesta, a la que deberá dar luz verde la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Grueso podrá reclamar esta decisión.
Hasta entonces, permanecerá en Badajoz. "De momento está bien. Tiene su enfermedad grave, pero dentro de lo complicado, está bien", asegura Miranda, que también afirma que en estas semanas en la capital pacense, Grueso recibió visitas de sus allegados.
Por otro lado, Miranda ha vuelto a destacar que, a su juicio, el exdirector del Niemeyer no debería estar en prisión. "No tiene sentido estar en la cárcel por unos hechos que ocurrieron hace 20 años, y más cuando se trata de una persona que ni había delinquido antes ni lo hizo después. Me parece una barbaridad. Es un fallo del sistema que se debería subsanar", argumenta.
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