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De peluquera canina en Piedras Blancas a jueza en concursos de belleza de perros en China: la singular historia de Ana González

"Allí acatan nuestras valoraciones sin rechistar y son buenísimos con la tijera", afirma la castrillonense

Ana González, durante el concurso

Ana González, durante el concurso / A. G.

Noé Menéndez

Noé Menéndez

Los Reyes Magos no le trajeron a Ana González ni juguetes ni carbón. La magia de la Navidad llevó a esta castrillonense a miles de kilómetros de su casa. Y es que, tras el día de Reyes, esta peluquera canina hizo las maletas para irse a China a ejercer como jueza en un concurso de su especialidad. “Fue todo una maravilla”, reconoce González, ya de vuelta en Piedras Blancas. Y es que, tras una gran trayectoria como concursante, ahora analiza a sus compañeros de profesión desde el otro lado de la mesa.

Su pasión por la peluquería canina viene desde hace veinte años. En 2008 empezó en la profesión, pero siempre tuvo claro que no quería encerrarse dentro de su propio local. Quería competir. Por ello, en 2012 acudió a su primer campeonato, en Girona. Esa fue la primera parada de un viaje que le ha llevado a competir por diferentes lugares de Europa y España. Tal es su trayectoria que, en el 2019, empezaron a proponerle ser jueza de concurso. Eso sí, sin dejar de lado su vertiente de concursante. “Podría colgar las tijeras, pero es algo que me encanta”, reconoce.

Toda esa trayectoria le acabó llevando al lejano Oriente. “Fue un viaje rápido, pero todo fue una maravilla. Te hacen todas las gestiones, no tienes que pensar en nada”, señala González que, además, contó con la ayuda de una traductora a la hora de dar el veredicto a los concursantes. Algo que le llamó la atención fue el respeto a sus decisiones. “Aquí siempre hay alguien que se te acerca y, de buenas maneras, te pregunta por qué le has puesto un seis en vez de un ocho. Piden explicaciones. Allí nada, acatan la decisión sin rechistar”, asegura. Otro de los puntos en los que más se fijó la castrillonense es que “la técnica que tienen a la hora de usar la tijera es buenísima, son súper meticulosos”.

“Si me vuelven a llamar voy de cabeza hasta allí. Me encanta ver como hacen las cosas en otros puntos del planeta”, sentencia la peluquera canina que, además, tiene su propio negocio en Castrillón. “Es algo que lleva tiempo yendo al alza”, destaca. Sus manos y ahora sus ojos ya son internacionales.

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