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La intrahistoria de cómo en 1985 un asturiano salvó el ingreso a tiempo de España en la Comunidad Económica Europea

El embajador Olivié hizo que se reuniese el Parlamento belga, recién disuelto, para que la entrada en el Mercado Común llegase en 1986

Fernando Olivié González Pumariega, en el porche de su casa de verano  en Calavero, en Illas.  | R. S.

Fernando Olivié González Pumariega, en el porche de su casa de verano en Calavero, en Illas. | R. S.

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Que España y Portugal pudieran entrar a tiempo en la Comunidad Económica Europea (CEE) el 1 de enero de 1986 –hace cuarenta años, de hecho– fue cosa del diplomático illense Fernando Olivié González Pumariega. Sobre la bocina, logró que el parlamento de Bélgica votase, casi por aclamación, la ampliación del club europeo: fue en agosto de 1985.

Olivié, que murió en Madrid en 2021 –tenía 96 años–, era Hijo Adoptivo de Illas. De hecho, sus papeles privados –muchos y muy importantes– los ha heredado el Ayuntamiento de Illas y se custodian en el Archivo Histórico Provincial, en la antigua cárcel de Oviedo. Sin embargo, sus vínculos con el concejo de su infancia –su familia procede de Calavero– son más largos: la biblioteca pública de La Callezuela lleva su nombre desde 2018. Y es normal, el antiguo embajador en Paraguay, en Colombia, en Yugoslavia, Bélgica y Polonia, pasó sus días más dulces de su larga vida en Illas: lo contó varias veces en estas páginas.

Los González Pumariega son de la sierra de Bufarán: Luisa, su madre. Y su tío abuelo Juan, el español que, subido en una chalupa, se enfrentó a una fragata de guerra de Estados Unidos que pretendía tomar el puerto de Cienfuegos, en Cuba, en aquel año 1898 en que el Imperio Español en el que nunca se ponía el sol, se cubrió bajo el embozo de la historia.

Mercado Común

Pero todo esto sucedió mucho antes de que activase la incorporación de España al Mercado Común. Para que todo esto fuera posible, el diplomático illense tuvo que dar un paso adelante. Y lo hizo y no se dio un pijo de importancia: logró que el parlamento de Bélgica, que había sido disuelto por la mañana, se volviera a reunir por la tarde para terminar la tarea de la legislatura: aprobar la entrada de España y Portugal en la CEE a tiempo (ese 1 de enero de 1986 en el salón de columnas del palacio Real de Madrid: Felipe González y Fernando Morán firmando sobre una mesa tan legendaria como la del Rey Arturo).

La catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca, Mercedes Samaniego Boneu, es la que recoge este episodio, tan secundario como crucial, de la historia más cercana de España y es el alcalde de Illas, Alberto Tirador, quien trabajó inicialmente sobre ello.

Samaniego –recientemente fallecida– fue la responsable de un proyecto de historia oral sobre la integración de España en la Unión Europea(UE) que es como se llama ahora a lo había sido hasta Maastricht (1993) la CEE y entre ese año y 2009, simplemente, la Comunidad Europea (CE).

Wilfried Martens, ex primer ministro de Bélgica.  |  EFE /DIDIER JOURET

Wilfried Martens, ex primer ministro de Bélgica. | EFE /DIDIER JOURET

Embajador en Bélgica

Samaniego y Olivié charlaron durante horas –según recoge la profesora en sus notas, en "la hermosa casa" que Olivié tenía en Somosaguas, en Madrid–. Allí el embajador ya jubilado cuenta que el Gobierno belga –lo presidía el político conservador Wilfried Martens– entró en crisis. Añade que fue razones de "política interior" –en realidad el Ministro del Interior de aquellos años no quiso dimitir y asumir las consecuencias políticas tras la tragedia del estadio Heysel de Bruselas: 39 fallecidos, 600 heridos–. Así que Mertens "decidió disolver el Parlamento".

Era agosto de 1985, en plenas vacaciones. Según la Constitución de los belgas, se tenían que convocar nuevas elecciones en noviembre de ese mismo años. "Recuerdo que el día de la disolución, que se anunció por la mañana, yo estaba en la Embajada y naturalmente me llevé un susto, porque empecé a hacer cálculos y vi que no iba a haber tiempo para que Bélgica ratificara el acuerdo de Madrid y que a lo mejor no podíamos sentarnos el 1 de enero de 1986 en el club del Mercado Común. Entonces llamé al jefe del gabinete diplomático del Primer Ministro, que era muy amigo mío y le dije: ‘Oye, no sé si os habéis dado cuenta de que habéis disuelto el parlamento antes de que se ratificara el acuerdo con España y con Portugal’. Mi amigo me dijo que se les había olvidado totalmente este asunto, pero añadió: ‘No te muevas de la Embajada, que voy a ver qué se puede hacer y cómo está la situación’".

La historia prosigue: "A la hora me volvió a llamar el jefe de gabinete, que es ahora el Embajador de Bélgica en Suecia, y me dice: ‘Vete al parlamento a las cuatro de la tarde a la tribuna diplomática’. Y efectivamente, a las cuatro de la tarde fui a la tribuna diplomática con uno de mis colaboradores y veo el siguiente espectáculo que vale la pena resumir muy brevemente: está todo el parlamento belga reunido, toda la Cámara Baja reunida, el Presidente de la Cámara le da la palabra al Primer Ministro, al señor Martens, que dice: ‘Esta mañana hemos disuelto el Parlamento, pero se nos había olvidado algo que quiero exponer a la Cámara. Y el Presidente de la Cámara, me ha dado permiso para anular esa disolución y volver a reunirnos en plena facultad de nuestros poderes otorgados por el pueblo. Lo que se nos ha olvidado esta mañana es ratificar el Acuerdo con España y con Portugal".

Olivié es testigo de la maniobra política. La Cámara Baja dice que sí a la adhesión de España y, entonces, el presidente se vuelve a Olivié, el embajador illense, y en español le dice: "Embajador, muchas felicidades, bienvenido".

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