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Las bollinas de San Blas, el dulce que une generaciones en Soto del Barco

Memoria, cocina compartida y sentimiento de pertenencia alrededor de una tradición muy querida: "Si sigue viva, será por algo"

Raquel Martínez con las bollinas de San Blas.

Raquel Martínez con las bollinas de San Blas. / Miki López / LNE

El día de San Blas tiene en Riberas (Soto del Barco) una de las tradiciones más dulces y arraigadas de la localidad. Una costumbre que se repite cada año y que forma parte inseparable de la celebración del patrón de la localidad. Tiene que ver con las bollinas, una masa frita rellena de nuez picada, azúcar y anís que mantiene viva la ilusión de todos los vecinos en esta festividad, pues "es muy sencillo de hacer y ha pasado de generación en generación". Así lo explica la encargada del mítico comercio Del Naval, en Riberas, Raquel Martínez, uno de los establecimientos que cada año se convierte en punto de referencia para quienes no quieren faltar a la tradición.

En su familia se han elaborado "desde siempre". "Recuerdo a mis abuelos hacerlas cuando yo era pequeña", señala. Una memoria que se mezcla con los olores de la cocina y con los momentos compartidos en torno a la mesa, y que hoy sigue muy presente en estas fechas señaladas. La elaboración de las bollinas no solo implica una receta, sino también un legado familiar que se transmite, casi sin darse cuenta, de mayores a pequeños.

Y es que tener algo como las bollinas para San Blas "lo hace algo especial, endulza el día y hace que recordemos estas fechas con más ganas, pues es el primer dulce típico que probamos después de todos los de Navidad", cuenta. A muchos "nos trae la melancolía y el recuerdo de cuando somos niños, nuestras familias preparándolas, todos en casa amasando y pasando tiempo juntos", explica, subrayando el valor emocional que tiene este postre para los vecinos del concejo.

Raquel Martínez y Carlos Martínez Cueto con las bollinas de San Blas.

Raquel Martínez y Carlos Martínez Cueto con las bollinas de San Blas. / Miki López / LNE

Lo bonito de este dulce tan especial es "que todo el mundo recuerde San Blas, que estemos pendientes de que la fecha ya llega y que nos llene de orgullo recordar al patrón de nuestro pueblo". Una tradición que va más allá de lo gastronómico y que refuerza el sentimiento de identidad local. Por eso, afirma, es muy importante seguir inculcando el cariño por esta tradición a las siguientes generaciones, algo que Raquel Martínez intenta enseñar a sus hijos: "En el mundo en el que vivimos, con un poco más con prisas y menos tiempo para dedicarlo a la cocina, a la cocina con cariño, a la de antes, encontrar un hueco para prepararlo puede ser un momento muy enriquecedor para vivir en compañía".

Durante el pasado fin de semana, Raquel Martínez comenzó a vender bollinas sin parar, coincidiendo con los días previos a la festividad. La demanda fue constante tanto por parte de vecinos como de personas que regresan al concejo expresamente para San Blas. En total, habrá vendido para el fin de las fiestas alrededor de 70 docenas. "Es un dulce sencillo, si viene de tantas generaciones atrás y se ha convertido en una tradición por San Blas, será por algo", concluye, convencida de que mientras haya quien las prepare y quien las saboree, las bollinas seguirán formando parte del corazón de Soto del Barco.

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