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Noelia Velasco, escritora y monitora forestal: “El bosque me ha enseñado a ser flexible, a adaptarme y a abrirme a nuevas experiencias”

"Vivimos en un planeta cambiante, y siento que es vital acercarnos a él con respeto y atención, observando sus procesos y aprendiendo de ellos"

Noelia Velasco

Noelia Velasco / N. V.

Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Avilés

Noelia Velasco (Avilés, 1977) es escritora, monitora forestal, guía de naturaleza en el Jardín Histórico de la Fundación Museo Evaristo Valle de Gijón.... Es autora de "Una ventana al bosque", XXV Premio Desnivel de Literatura (Ediciones Desnivel, 2023) y recientemente ha publicado otro libro: "El bosque en mí" (Literatura Desnivel).

Escritora, guía de montaña, monitora forestal… ¿Cómo compagina todo esto?

De forma muy natural, porque al final todo lo que hago comparte un mismo hilo conductor: el bosque. Es el eje que articula mi escritura, mi trabajo como guía y mi labor de investigación del ecosistema forestal. El bosque me ha enseñado a ser flexible, a adaptarme y a abrirme a nuevas experiencias. Intento hacer lo que él hace de forma magistral: ser dúctil, permitirme romper esquemas y no juzgarme. No siempre lo consigo, por supuesto, pero no dejo de intentarlo.

¿Qué Noelia escribió “Una ventana al bosque” y qué Noelia escribe hoy “El bosque en mí”?

La mujer que se sumergió en “Una ventana al bosque” era una mujer dolida, que había perdido la fe y la ilusión. Ese fue el primer premio de la novela, devolverme a mi esencia. Transformé el dolor y la herida a través de la palabra escrita. En alguna presentación me han preguntado por qué las personas creamos tanto desde el dolor, y es que el dolor tiene información a cerca de nosotros mismos muy valiosa, y la capacidad de crear, independientemente de que se convierta en arte o no, nos abre la puerta a la transformación, a crecer “a través de” y a no estancarnos. Pero sanar es un proceso largo y laborioso. “El bosque en mí” me ha permitido continuar con esa labor y profundizar en otras experiencias, en otras heridas.

¿Qué lugar ocupaba el bosque en su vida cuando escribió “Una ventana…”?

El bosque siempre ha sido mi refugio, el espacio donde puedo respirar y escucharme; también un territorio de descubrimiento, lleno de secretos que me enseñan a mirar más allá de lo evidente; y, sin duda, una metáfora de mi propia vida, de mis ciclos, mis silencios y mis renacimientos. Es un maestro silencioso que me invita a soltar el control, a aceptar la incertidumbre y a aprender de cada estación. En "Una ventana al bosque" descubrí a posteriori que ese latido íntimo del bosque era sentido también por quienes lo leían, los demás podían asomarse a él y encontrar allí, en algunos casos, su propio refugio, su propia revelación.

El título "El bosque en mí" sugiere un movimiento hacia lo interior. ¿Cómo nació este libro?

Después de enviar "Una ventana al bosque" al Premio Desnivel del Literatura, sentí que se me habían quedado cosas en el tintero y que, de no ganar, retomaría la novela. Pero ganó, ¡afortunadamente! Y se quedó como estaba. Así que pocos meses después comenzaron a llegar ideas. No tenía intención de ponerme a escribir en ese momento, pero cuando quise darme cuenta, estaba ya redactando el primer capítulo y el brote de palabras fue exactamente igual que en la primera ocasión.

Como guía de montaña, está acostumbrada a leer el terreno. ¿Cómo se traduce esa lectura al acto de escribir?

Lo es todo, porque para mí la naturaleza es un espejo donde reflejarse es una necesidad. Comprender cómo viven las plantas y los animales, leer el paisaje a través de sus relaciones y sus acciones, añade profundidad a mis escritos. Observar estos vínculos me enseña a percibir los matices, los ritmos y los silencios, y a trasladarlos al lenguaje de lo que escribo. Así como en la naturaleza cada ser tiene su lugar y su sentido, en mi escritura cada palabra, cada pausa y cada silencio encuentran su sitio, formando un paisaje propio que invita a ser explorado con atención y delicadeza.

¿Cree que hemos perdido la capacidad de escuchar a la naturaleza? ¿Puede la literatura ayudar a recuperarla?

Sea cual sea la forma en que se traduzca nuestra capacidad de crear —literatura, pintura, fotografía…—, siempre es un camino que nos invita a una comprensión profunda, aunque a veces duela recorrerlo. Leer sobre la naturaleza nos acerca a su verdad, pero establecer relaciones cercanas y honestas con ella despierta en nosotros la responsabilidad de acompañarla. Transformarnos para reconectar con la naturaleza desde el único lugar posible —nuestra humanidad liberada del peso de los miedos— es una responsabilidad personal y colectiva. ¿Estamos a tiempo? Algunas personas quizá no, el daño infringido ha sido demasiado. Pero muchos otros aún podemos intentarlo, y la naturaleza siempre nos ofrece la oportunidad de escucharnos y acercarnos de nuevo.

En un contexto de crisis climática, ¿qué responsabilidad siente como escritora que escribe desde y sobre la naturaleza?

Vivimos en un planeta cambiante, y siento que es vital acercarnos a él con respeto y atención, observando sus procesos y aprendiendo de ellos. Más allá de teorías o debates sobre causas y consecuencias, mi responsabilidad como escritora es acompañar ese diálogo silencioso con la naturaleza, poner palabras a sus posibilidades, su belleza, su fragilidad y su fuerza. Escribo desde el amor, no como una emoción pasajera, sino como una actitud de escucha, cuidado y conexión. Mi propósito no es dar lecciones ni dictar verdades, sino invitar a quien me lea a mirar, a sentir y a responsabilizarse de su propia relación con la vida que nos rodea.

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