Corrida invernal de "Los Toreros Muertos" en Avilés
"Se puede ser, perfectamente punki a los sesenta", reconoce Pablo Carbonell antes del concierto que ofreció en Antroxu

EN IMÁGENES: La banda sonoro del Antroxu en Avilés, el concierto de "Los Toreros Muertos" / Miki López

¿Se puede ser punk a los 60? “Sí, sí, perfectamente. Bueno, dese cuenta que nuestro punkismo es más bien musical”, dice Pablo Carbonell, el líder de “Los Toreros Muertos”, que atiende, en una escalera secundaria del consistorio, a LA NUEVA ESPAÑA, unos minutos antes de salir al escenario del Parche, que acogió el primer concierto del Antroxu de Avilés.
La banda de Carbonell lo empezó a ser a mediados de los ochenta y, anoche, en Avilés, bajo un frío invernal de los buenos, volvió a demostrarlo: corrida de invierno, rabo y orejas.
Carbonell deja la oficina-camerino que les han prestado los del Ayuntamiento de Avilés y cargando un neceser le dice al periodista: “Venga conmigo, que prefiero llevar esto al escenario antes de empezar” y, entonces es cuando hace una declaración a la vista del título que pusieron al primer disco de la banda -lo llamaron “Treinta años de éxitos”-: “Eso fue hace cuarenta años”. O sea, que, en puridad, llevan siete décadas sobre la escena: “La verdad que es sorprendente que con setenta años de carrera estemos todavía en forma”, bromea. “Es una sorpresa para nosotros y una buena noticia para nuestros fans… Si nos queda alguien de nuestra generación, claro. Empezaron a venir solos, luego vinieron con sus hijos, después con sus nietos y ahora ya con los bisnietos”.
Carbonell es, desde luego, una leyenda musical, pero lo es pese a sí mismo: “Yo estaba convencido de que me iba a jubilar con 30 años. Con 30 años. Recuerdo estar actuando en el Rocodromo de Madrid con una camiseta que ponía 23 años: Hoy tengo 63. Acojonante. Hostia. Entonces decía que los 35 ya podía haber hecho todo así que me iba a pasar la vida en una playa”. Y nada. El viernes de Coronación, sobre el escenario del Antroxu de Avilés. Con esta rasca.
Insiste en no reconocerse en el tipo que salía con su cara y su voz en “La bola de cristal”, el de “Yo no me lo llamo Javier” o “Mi agüita amarilla”: “No me recuerdo así”, lamenta. “Me sorprende mucho lo loco que estaba. Ahora sigo estando igual de loco, pero ahora por lo menos lo sé”, añade. Y vuelve otra vez: “Antes no, antes pensaba que estaba haciendo algo normal”.
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