El coro El León de Oro le grita al ruido y enfrenta al público del Niemeyer a cuatro minutos y medio de silencio
La formación luanquina convierte su concierto "Deafening silence" en una poderosa reflexión sobre el mundo actual

El coro de Luanco El León de Oro le grita al silencio / Beatriz Montes
A. Rubiera
Con sonidos turbadores, con susurros, con preciosas melodías y con silencio. Exactamente, con cuatro minutos treinta y tres segundos de silencio. Con todo ello jugó este domingo el coro El León de Oro en su concierto "Deafening silence" (Silencio ensordecedor). La cita fue en la cúpula del Niemeyer, el lugar perfecto para llevar al público que llenó la sala a donde quería su director, Marco Antonio García de Paz: a un momento de reflexión, de presencia pensada y compartida.
Ayudó también, mucho, el espacio níveo en contraste con el juego de luces, así como el movimiento del propio coro por la singular estancia -subiendo la escalera, asomándose al primer piso, rodeando a los espectadores-, y la proyección que acompañó durante todo el programa. Proyección que también tuvo sus momentos de ensordecedor ruido, como cuando toda la pantalla la llenó la cabeza de un enorme ciervo. Un juego más de García de Paz y su equipo para enfrentar al público a las contradicciones del día a día y provocar "una llamada a la conciencia, un pararse una hora, no diría que a meditar, pero sí a un poco a pensar lo cómplices que somos de todas las cosas que se están pasando y la poca atención que les prestamos”, tal como había explicado previamente el director.

Un momento del recital, con García De Paz dirigiendo al silenciado público. / Beatriz Montes
Con "Deafening silence" El León de Oro propuso un recorrido sonoro con un arco expresivo que fue "desde la oscuridad y la tensión, hasta una forma de aceptación y memoria". Sonaron obras de Andrea Venturini, Lorenzo Donati, Arvo Pärt, Kim André Arnesen y Eric Whitacre. Se citó a Baudelaire, a Rilke, a Lorca, a Huxley y a Shakespeare. Y "sonó", el silencio brutal y controvertido de John Cage en su obra "4'33''".
Los 4 minutos 33 segundos del creador de vanguardia estadounidense los dedicó García de Paz a dirigir frente al público los tres movimientos de una obra donde nada suena. Salvo el eco del silencio y las mínimas aportaciones, no siempre intencionadas, del público. Fue el punto de inflexión de un concierto donde el coro luanquín invitó a todos a "escuchar el silencio no como ausencia, sino como presencia cargada de significado. Como un espacio donde la música, al retirarse, nos obliga a mirar y a mirarnos con mayor profundidad". Y el oxímoron del "silencio ensordecedor" tuvo todo su sentido.

El León de Oro, durante la actuación. / Beatriz Montes
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