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Begoña Redruello, del CSIC: “Investigamos cómo bacterias del queso pueden ayudar a mejorar la salud mental”

Begoña Redruello.

Begoña Redruello. / B. R.

Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Avilés

Begoña Redruello Trelles (Luarca, 1972) es investigadora en el Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Este jueves (18.00 horas) participa en Soto del Barco, en el teatro Clarín, en una mesa redonda que lleva por título “El poder de lo invisible: ciencia que protege la salud”. Estará acompañada por Borja Sánchez, consejero de Ciencia e Innovación y Gemma Sierra, jefa del servicio de Microbiología del HUSA. El acto está enmarcado en el 50.º aniversario del complejo sanitario avilesino.

-¿Cuándo descubrió su vocación por la ciencia?

-Siempre fui una niña muy observadora y con una gran curiosidad, siempre hacía muchas preguntas en casa y en el colegio. Y en eso no he cambiado. Creo que ambas características, la observación de los fenómenos que nos rodean y preguntarse lo que se ignora son esenciales en la vida y más aún, herramientas esenciales para dedicarse a la ciencia.

-Actualmente forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). ¿Qué supone para usted investigar desde esta institución?

-Pues siento que es un orgullo y un gran reto al mismo tiempo. El CSIC es uno de los organismos públicos de investigación más relevantes a nivel mundial, con más de un centenar de centros e institutos repartidos por toda la geografía nacional cuyas misiones científicas abarcan todas las áreas de investigación. Para mí lo mejor del CSIC es su capital humano, en cada uno de sus tres pilares: el personal investigador propiamente dicho, el personal que integra los servicios de apoyo a la investigación y el personal de los servicios de gestión de la actividad científica. Todos contribuyendo para que la maquinaria del CSIC funcione. No puedo olvidarme de los convenios de colaboración que el CSIC tiene con otras instituciones como por ejemplo la Universidad de Oviedo, la Consejería de Ciencia o el Servicio de Empleo Público Estatal, entre otros, con los que estrechamente llevamos a cabo actividades de formación de nuevo personal técnico e investigador. Este personal es la base para que el sistema científico continúe su marcha. Con todos estos recursos y el respaldo institucional puedo decir que estoy encantada de formar parte de la familia CSIC.

-La mesa redonda que se celebrará en Soto se titula “El poder de lo invisible: ciencia que protege la salud”. ¿Qué significa para usted ese “poder de lo invisible”?

-Lo invisible se refiere a los microorganismos, que por su pequeño tamaño no se pueden observar a simple vista. Necesitamos usar un microscopio si queremos observarlos. Pero, aunque sean invisibles, los microorganismos están ahí realizando sus funciones biológicas, cada día, constantemente. Algunas funciones de los microorganismos son beneficiosas como es el caso de las bacterias usadas como cultivos iniciadores en la industria láctea, gracias a las que podemos disfrutar nuestros maravillosos quesos. Otros microorganismos, en cambio, son dañinos para nuestra salud, lo hemos experimentado recientemente con la pandemia derivada de la expansión del virus SARS-CoV-2. Este poder invisible de los microorganismos es de lo que trataremos en la mesa redonda con motivo del 50 aniversario del Hospital Universitario San Agustín de Avilés. 

-¿Cómo influye la microbiología en nuestra vida cotidiana, aunque no seamos conscientes de ello?

-Creo que hay pocos campos en los que la microbiología no esté presente hoy en día. Algunos son más obvios o conocidos como la producción de alimentos y bebidas fermentadas (queso, pan, vino, cerveza, embutidos, encurtidos) que no existirían sin la actividad biológica de muchas bacterias y hongos. Es el caso de las bacterias del ácido láctico, mi objeto de estudio y el de otros grupos de investigación en el IPLA. Del mismo modo, muchos productos químicos como los aditivos alimentarios (colorantes, acidulantes, …) o aditivos de detergentes se obtienen a partir de microorganismos. A nivel clínico hay que destacar la producción de fármacos como los antibióticos y los antifúngicos, usados frente a numerosas infecciones causadas por bacterias y por hongos, respectivamente. A nivel medioambiental, de la actividad microbiana depende también el tratamiento de residuos tanto industriales como domésticos. Los microorganismos también participan en el correcto flujo de los ciclos biogeoquímicos a nivel planetario, que involucran suelos, océanos y atmósfera terrestre. 

-¿Qué impacto real tiene la investigación que se desarrolla en Asturias en la salud pública?

-Actualmente existen proyectos de investigación dirigidos a la prevención de riesgos sanitarios que se asocian por ejemplo con nuestro estilo de vida (nuestra dieta, nuestra actividad física), con nuestros factores hereditarios (diabetes, hipertensión), con el medioambiente en que vivimos (posible contaminación del aire, del agua o del suelo) y por supuesto, riesgos psicosociales derivados de nuestras interacciones como seres humanos y que podrían impactar en nuestra salud mental. En este último aspecto me gustaría destacar que en el grupo de investigación de Microbiología Molecular en el IPLA estamos actualmente trabajando en el diseño de procesos de producción de compuestos beneficiosos para la salud mental a partir de bacterias del ácido láctico aisladas de quesos; es decir, investigamos cómo bacterias del queso pueden ayudar a mejorar la salud mental. Estas bacterias son consideradas seguras para el consumo por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y podrían ser incluidas en alimentos, un vehículo alternativo a los medicamentos para la administración de estos compuestos neuroactivos. 

El esfuerzo de divulgación de la ciencia a la sociedad que se ha hecho en estos últimos años ha contribuido a que nuestro trabajo se conozca más allá del entorno de nuestros laboratorios

Begoña Redruello

— Investigadora del CSIC

-¿Cree que la sociedad es suficientemente consciente del trabajo científico que se realiza en su entorno más cercano?

-El esfuerzo de divulgación de la ciencia a la sociedad que se ha hecho en estos últimos años ha contribuido a que nuestro trabajo se conozca más allá del entorno de nuestros laboratorios. Y hay que continuar por ese camino, como sociedad debemos estar informados del destino de nuestros recursos colectivos. También es importante ser conscientes como expertos en nuestros respectivos campos que, si dejamos de lado nuestra función divulgativa, ésta será ocupada por desinformaciones, que pueden ser interesadas o no. Combatir la desinformación en nuestro campo de investigación es una responsabilidad esencial hoy en día.  

- ¿Qué perfiles profesionales cree que serán clave en la ciencia del futuro?

-Más que perfiles individuales yo hablaría de perfiles de grupo de investigación interdisciplinares y/o multidisciplinares integrados por personas expertas en campos de investigación diferentes. Sus diferentes visiones habrán de complementarse para elaborar y desarrollar una hipótesis científica común. Estoy segura de que el avance del conocimiento se verá fortalecido al sumar esfuerzos.

-Si pudiera investigar sin limitaciones de recursos, ¿qué problema científico le gustaría abordar?

-El reto de alimentar a miles de millones de personas a nivel planetario en un contexto de crisis climática sin precedentes. Se estima que para el año 2050 unos diez mil millones de seres humanos habitaremos este planeta. El reto de conseguir alimentos para todos es colosal. Actualmente estoy trabajando en un proyecto del Programa Atlantic Area de la Comisión Europea, coordinado entre varios grupos de investigación y empresas de España, Portugal, Francia e Irlanda, que pretende identificar compuestos con función bioestimulante que protejan los cultivos frente a varios estreses de origen climático, como son la sequía o la aparición de determinadas plagas. 

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