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Crítica: Pura emoción por Amancio Prada

Amancio Prada canta a Rosalía de Castro con la guitarra de Joan Baez en el Niemeyer

Pura emoción

Pura emoción

Rubén Martínez

Rubén Martínez

El Auditorio del Centro Niemeyer, lleno hasta la bandera, acogió el pasado sábado, durante dos horas, el concierto del cantautor Berciano Amancio Prada, conmemorando los cincuenta años de aquel histórico segundo disco que dedicó a Rosalía de Castro. Fue un concierto monográfico, dedicado a la poeta, musa e inspiración de sus primeras canciones, pero en el que no faltaron Lorca o Bécquer.

Entrada en el escenario con "Como chiove miudiño", y a modo de saludo inicial: "Qué os voy a contar del orballo", y de este modo fue narrando estos cincuenta años de enamoramiento con Rosalía surgido en su traslado a Valladolid para estudiar Ciencias Empresariales aplicadas a la agricultura. Esos viajes que hacía en el famoso tren exprés, apodado como Shanghái, que unía Galicia con Cataluña. La morriña le llevo a leer a Rosalía y emocionarse porque hablaba del paisaje de su pueblo: los prados, las arboledas. Para Prada leer sus poemas le suponía traspasar el corazón y convertirse en canción, esa música que emerge del poema, con una guitarra y a veces sin ella.

Fue narrando el recuerdo imborrable de su etapa en Francia para continuar sus estudios en Nancy, y que tras su paso por el 68 en París decide matricularse en Sociología en la Sorbona. A su regreso a España, en verano, participa en un concurso musical en Alar del Rey y animado por Patxi Andion le dejan una guitarra e interpretará "Para a Habana", sobre versos de Rosalía, lo que le lleva a ganar el primer premio que era una medalla de oro en forma de galleta Gullón; y entre emoción con la reina de las fiestas, le entregan un sobre con 10.000 pesetas que le sirvieron para comprar una guitarra. Ya entonces Rosalía sería determinante en su vida y lo que le hizo profesionalizarse en la música desde aquellos inicios en el coro de los Salesianos de Cambados.

Y el recuerdo a Lorca y la admiración de este por Rosalía llegó con la interpretación de "Salutación elegíaca a Rosalía de Castro". Continuó con otras canciones de aquel mítico disco: "Mayo longo", "Mais o que ben quixo un día" y "A xusticia pola man". Tras una hora de concierto y con una emoción que sobrecogía al público, un emocionado Prada se lanzaba con "Campanas de Bastabales": "Cando vos oyo tocar, mórrome de soidades". Un recuerdo de Rosalía a la bonita iglesia de San Xulián de Bastavales, situada en una de las laderas del valle del Sar.

Ya en la recta final, sobrepasando el tiempo estipulado, sonaron los acordes de "Negra sombra" y "Espíritu sin nombre" de Bécquer. Y la sorpresa final, en forma de pequeña guitarra que todo el público observaba sin saber su significado. Prada comentó que en la última gira de la cantautora Joan Baez en España, le pidió poder tocar con ella en concierto su tema "Adiós ríos, adiós fontes". Al finalizar el concierto en el Real de Madrid, y tras unos momentos de fiesta y de brindis en los camerinos, Baez le dice a Prada: "Tengo un regalo para ti…". Éste pensando que tal vez sería su último disco, se encontró la sorpresa de que era su propia guitarra pequeña la que le regalaba.

Dos bises finales y el recuerdo al amigo Agustín García Calvo con "Libre te quiero" y un tema asturiano cantando con todo el público "Si la nieve resbala", para bajar del escenario y subir por el patio de butacas saludando hasta la zona de firma de discos, cola que duró más de una hora.

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