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"Tenemos para un mes", claman las víctimas de las llamas del edificio de Fernández Balsera, en Avilés, que no podrán regresar a casa

Tras dos explosiones en el portal, los vecinos se enfrentan a semanas sin luz, calefacción ni gas, mientras esperan poder recuperar sus pertenencias esenciales

VÍDEO: El estado del inmueble incendiado de la Calle Fdez Balsera 25

Mara Villamuza

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Tenemos para un mes”, determina Bruno Rodríguez. Vive en La Fresneda, pero este jueves se plantó en casa de los padres, en Fernández Balsera, como un rayo. Su padre, Pablo Rodríguez, se había quedado encerrado en casa cuando las llamaradas empezaron a tomar el portal del número 25 de la céntrica calle avilesina El edificio se llama “Lujoya”, pero este mediodía presentaba un aspecto de gruta oscura sin estalactitas y con mucha pena. Los vecinos de las veinticinco puertas durmieron esta noche “mal, mal, mal”, dice Arancha Nido, que pasó la noche en casa de los padres, en Piedras Blancas, “pero otros tuvieron que marchar de hotel”. Sin luz, sin calefacción, sin gas, bajo una atmósfera de goma consumida, había que salir pitando de ahí.

Los servicios técnicos del Ayuntamiento de Avilés, tras revisar el inmueble esta mañana, han comprobado que las condiciones actuales no permiten la habitabilidad. En este momento son necesarias actuaciones de restablecimiento de los servicios y limpieza del inmueble que deben gestionarse con los seguros responsables, señalaron fuentes del Consistorio, que ayer mismo gestionó - que no abonar- la disponibilidad de plazas en los hoteles de la ciudad para garantizar una solución provisional a los vecinos que no disponían de alternativa.

Finalmente, solo dos familias debieron alojarse en un establecimiento hotelero.

Arancha Nido conversa con Penélope Fernández y con Pablo Rodríguez en la acera. Dos agentes de la Policía Nacional vigilan el acceso a la finca. Hay un plástico que impide el paso. Los agentes técnicos se han recorrido los pasillos cubiertos con cascos de obra y chalecos fluorescentes, mientras que los técnicos de la compañía eléctrica se armaban para tomar el relevo: mascarillas, iPad y una cámara de vídeo.

Arancha Nido tiene tres hijas. “Somos cinco: cuando sonó el primer petardazo la mayor abrió la puerta de la calle, se encontró con la vecina, cogió el móvil y la perra y bajó corriendo”, cuenta la madre, que había ido a recoger a las pequeñas. Eran las cinco de la tarde y de entonces hasta las nueve hubo dos petardazos. Las llamaradas crecieron, de hecho, con el segundo, las que pillaron a Pablo Rodríguez en casa. “No podía salir”, confirma. Bruno Rodríguez, cuando llegó a casa de sus padres, se armó con un extintor, accedió al portal y cuando llegó “al segundo escalón del portal” un agente de Policía le sacó para fuera. “Justo entonces cayó el techo”. Y ahí está: la escayola negra, escombros como de una guerra.

Los Bomberos dieron por terminada la extinción del fuego a primera hora de la noche. Cuenta Pablo Rodríguez que fueron ellos los que habían sacado “a todos” a la calle. A él, con un casco y una mascarilla: “Tenían la cara toda negra: no se podía respirar”, cuenta Nido. “Nos dejaron entrar luego con ellos a coger lo más necesario, un momento, nada, cinco minutos por rellano; fuimos entrando por rellano y cogimos lo imprescindible y salimos escopetados porque además dentro no se podía respirar”, añade.

Todo apunta a que el siniestro se produjo en el portal. “Tienen que investigar lo que pasó”, explica Pablo Rodríguez. “No sabemos exactamente qué fue lo que pasó”, añade Arancha Nido. Se estaba realizando una labor de mantenimiento en el armario de contadores.

El siniestro

La primera explosión fue a eso de las cinco de la tarde y la segunda, un poco después: a las seis menos veinte o menos cuarto. No sé, por ahí. En la segunda explosión fue cuando salieron las llamas y quemó todo”, reconstruye Arancha Nido.

“Hubo vecinos que tuvieron que salir por las ventanas con los críos pequeños”, cuenta Pablo Rodríguez. “Fue horrible: no respirabas, era horrible”, subraya.

El portal entero está consumido por los restos de las llamaradas. “Pero los rellanos están igual”, insiste Nido. Sin luz, sin internet, sin gas ciudad… la vuelta a la normalidad en Fernández Balsera va a tardar algunas semanas en regresar. Están todos los vecinos que atendieron a LA NUEVA ESPAÑA en la misma idea. “Ahora tendremos que pelearnos cada uno con sus seguros”, apunta Nido. “Hoy estamos esperando a ver si nos dejan volver a entrar y coger algo”, añade. Pablo Rodríguez detalla: “Necesitamos más ropa”.

Pablo Rodríguez y Penélope Fernández se van a casa de su hijo Bruno mientras aguardan que empiecen las reparaciones que devuelvan la normalidad al bloque que cubrieron las llamaradas.

Desde el Ayuntamiento se puso en valor el rápido trabajo de Policía Nacional, Policía Local, Bomberos y 112, así como de los servicios técnicos municipales, que permitieron controlar el incendio y evitar daños mayores

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