Amanda Masha, directora artística de la Bienal Climática que se celebra en Avilés: "El arte no cancela el conflicto, pero puede ofrecer formas de habitarlo juntos"
La edición, que se dará a conocer esta próxima semana en la ciudad, con presencia del Secretario de Estado de Cultura, abordará "el clima social en el que vivimos" porque "entendemos el arte y la cultura como herramientas para repensar el sentido de lo público"

Amanda Masha.
Marta Ortiz
Amanda Masha es la directora artística de la Bienal Climática que se celebrará este año en Avilés del 12 de junio al 20 de septiembre. El título de esta primera edición es "Ensayar lo inesperado" y convertirá la ciudad en un escenario abierto a exposiciones, encuentros, talleres y acciones performativas que conectarán el arte con la industria y el territorio. El próximo miércoles será el acto oficial de presentación de la bienal, que contará con la presencia del subsecretario para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Miguel González Suela;el secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí Grau, y el secretario general de Agenda Urbana, Vivienda y Arquitectura, Iñaqui Carnicero.
-¿Cómo nace la idea de la Bienal Climática de Avilés?
-Además de ser un evento cultural con un amplio programa expositivo, la bienal se concibe como un lugar para el encuentro y el diálogo. Reunirá a personas y organizaciones de procedencia muy diversa para deliberar sobre temas de interés público como, por ejemplo, la industria o la convivencia democrática con la inspiración de la cultura, el arte y los distintos enclaves de la ciudad de Avilés y Asturias.
-¿Qué la hace diferente de otras bienales o festivales de arte contemporáneo?
-En la bienal la noción de "clima" tiene un significado amplio, puesto que además de clima atmosférico, abarca también el clima social en el que vivimos. Hay tres características que definen el espíritu de la Bienal Climática: en primer lugar, entendemos el arte y la cultura como herramientas para repensar el sentido de lo público. Además, la colaboración y el trabajo en red son esenciales no solo para hacer realidad este proyecto, sino también para codiseñar el programa público con organizaciones muy diversas. Por último, el comisariado de esta primera edición se asienta en un estudio profundo del territorio.
-¿Qué papel puede jugar el arte en la conversación global sobre la crisis climática y el clima social actual?
-Se basa en la idea de que es posible ensayar otros modos de hacer, aquí y ahora, de forma colectiva. Propone movilizar el arte contemporáneo y otras formas de cultura como herramientas de investigación, de acción y de relación para sincronizar mentes y espíritus. Para "habitar el problema" de forma conjunta, como señala la pensadora Donna Haraway, es imprescindible dar centralidad a quienes mejor dominan el lenguaje de lo sensible: los artistas. Nace con la vocación de ser un dispositivo que ponga la belleza, el sentido del humor, lo lúdico y lo posible al servicio de lo colectivo; que habilite espacios comunes desde lo sensible y lo deseable para repensarnos como sociedad. El arte no cancela el conflicto, pero puede ofrecer formas de habitarlo juntos.
-¿Cómo dialoga la bienal con la ciudad de Avilés y con su historia industrial?
-La artista asturiana Elisa Cuesta acompañó al equipo de la bienal a lo largo de 2024 articulando un proceso de escucha y cartografía crítica arraigado en Avilés, que permite poner en relación las especificidades de un territorio con dinámicas más amplias. Uno de los ejes que emerge con claridad en este proceso es el legado industrial de Avilés, profundamente vinculado a la transformación de su ría y a la implantación, a partir de mediados del siglo XX, de grandes industrias. Se dialoga a través de las exposiciones y de obras de artistas que se sitúan en espacios vinculados a ese pasado industrial y establecen con ellos nuevas lecturas y sensibilidades y mediante un programa público que se construye junto a distintos agentes del ámbito industrial, institucional y social del territorio, muchos de los cuales están pensando activamente en los futuros posibles de la industria en la región.
-El lema de la edición es "Ensayar lo inesperado", ¿cómo se traduce ese concepto en la programación artística?
-Señala la posibilidad de crear espacios de encuentro, escucha y experimentación a través del arte, capaces de sobreponerse a la urgencia ambiental o la polarización social. Propone aceptar la incertidumbre como terreno de acción, sin resignarse a esperar lo que el azar y el devenir de los acontecimientos globales nos deparen.
-¿Cuenta con algún tipo de componente de activismo climático?
-No es un proyecto de activismo climático, es una iniciativa cultural en la que el arte, el territorio y la industria tienen un papel central. La bienal quiere reunir a personas muy diversas: desde grandes empresas de la industria hasta artistas, activistas o investigadoras científicas. Quiere construir un espacio cívico en el que no necesariamente tengamos que ponernos de acuerdo pero sí sostener el disenso desde el sosiego y el cuidado de los vínculos de convivencia.
-¿Qué legado le gustaría que dejara esta primera edición en Avilés?
-Nos proponemos como un medio reactivo. No llegamos a imponer una narrativa, sino a dialogar con lo que ya existe. Por otro lado, hemos ayudado a iniciar proyectos concretos que tiene vocación de continuidad a largo plazo. Es el caso por ejemplo de la remodelación de la biblioteca de la Luz de Avilés, cuya reconversión estamos impulsando junto con el Ayuntamiento y el colectivo de arquitectura participativa Nomad Garden. También es el caso del proyecto "Razones para no irse del pueblo" que iniciamos con la Benéfica de Piloña y con el que la organización está iniciando un proyecto de radio. Por último, y en un sentido más amplio, la bienal no pretende ser un espacio autosuficiente ni cerrado sobre sí mismo. Es una invitación explícita a diseñar y a continuar el proyecto con quienes deseen sumarse.
-¿Qué significa para usted dirigir artísticamente una bienal centrada en el clima y la transición ecológica?
-Significa pensar con otras personas cómo queremos vivir en el futuro próximo. Es crear las condiciones para que artistas, científicas, vecinas, trabajadores o instituciones puedan encontrarse y ensayar preguntas que no siempre tienen una respuesta clara. Frente a problemas complejos, la imaginación colectiva también es una forma de infraestructura, y las artistas pueden ayudarnos a construirla.
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