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Carmen Gancedo , escritora: "El arte puede estar en una novela, en una foto o en el teatro, donde podemos guardar nuestros recuerdos"

La avilesina, que publica "La memoria de las acuarelas", reivindica el legado de sus antecesores: "Siempre me gustó mucho escuchar las historias que me contaban mis padres o abuelos, de cómo era su infancia, su vida en Avilés. Buscaba reflejar esas dos líneas temporales, la del presente y la del pasado"

Carmen Gancedo.

Carmen Gancedo. / LNE

Marta ortiz

Avilés

Carmen Gancedo (Avilés, 1991) estudió Derecho en la Universidad de Oviedo. Después se fue a vivir a Madrid para estudiar el máster y hasta la pandemia no recuperó uno de sus hobbies, la escritura. Publicó su primera novela, "Jaque al Rey" en 2023 y un año después se estrenó en el misterio con "La memoria de las acuarelas". Se presentó recientemente en el Hotel Palacio de Avilés, junto a la Sociedad Económica de Amigos del País.

-¿Cómo nace "La memoria de las acuarelas"?

-Hace muchos años mi padre hizo un dibujo para una revista. Luego apareció publicado con el nombre de otra persona, no sabemos qué pasó ahí. "La memoria de las acuarelas" cuenta la historia de un anciano que va a una galería de arte en Madrid con su nieta. Empieza a ver los cuadros, que en principio son la obra póstuma de un autor asturiano que se llama Tino Acevedo. Cuando termina de ver la exposición, se da cuenta de que esos cuadros que están firmados por otra persona, en realidad los pintó él años atrás y los perdió justo antes de mudarse a Madrid. Su nieto, por circunstancias de la vida, tiene un problema en su vida laboral y entonces decide pasar una temporada en Avilés para desconectar y, también, para ayudar a su abuelo a averiguar qué pasó con las acuarelas.

-¿Y lo que pintó su padre eran acuarelas?

-No, lo de mi padre era una plumilla que le habían pedido hacer. Mis abuelos eran los dueños de Casa Campanal, un restaurante que había en Avilés hace muchos años. Me parece que, para una revista del bollo, se les había pedido unas fotos de Casa Campanal. Mi padre, como no tenía fotos porque mi abuela las había pedido en una mudanza, él lo que hizo fue pintar lo que recordaba del restaurante.

-¿Por qué elegió entonces las acuarelas para este libro?

-Porque sonaba mucho mejor que una plumilla. Me pareció que las acuarelas era más artístico.

-¿Qué le ocurre al protagonista cuando se da cuenta de que su obra está atribuida a otra persona?

-Se disgusta mucho, pero lo que más le duele no es tanto que su obra esté atribuida a otra persona, sino que lo que reflejan las acuarelas son los recuerdos de su infancia y juventud. Lo que tiene el protagonista es que él pintaba, y en vez de hacer un paisaje genérico, dibujaba escenas. En ellas aparecía, por ejemplo, su madre, escenas cotidianas de su vida o lugares que él recorría. Lo que siente es que se han intentado apropiar, ya no solo de su obra, que también, sino de sus recuerdos.

-¿Qué representa para usted los recuerdos en esta historia?

-Lo que quería es que a mí siempre me gustó mucho escuchar las historias que me contaban mis padres o abuelos, de cómo era su infancia, su vida en Avilés. Buscaba reflejar esas dos líneas temporales, la del presente y la del pasado. De hecho, la novela se estructura en una línea presente, que es donde está la investigación de las acuarelas, y luego hay varios flashbacks al pasado, donde vemos cómo viven los protagonistas. Lo que quería era, a través de la escritura, revivir de alguna forma ese Avilés antiguo y esas historias que contaban mis padres y abuelos.

-En la investigación participan el nieto y una periodista. ¿Qué aporta cada uno a la búsqueda de la verdad?

-El nieto llega a Avilés, tiene este misterio por resolver y, gracias a su abuelo, van tirando del hilo y hablando con distintas personas para ir uniendo los puntos. La periodista, de Avilés, aporta el conocimiento del lugar, la forma de estructurar la información. Entre los dos van uniendo todos los puntos y todas las pistas que van dando los distintos personajes para finalmente resolver qué pasó con los cuadros.

-¿Hay algún personaje con el que se sienta especialmente identificada o al que le tenga un cariño especial?

-Mi personaje favorito de la novela es Manuel Cano, el mejor amigo del abuelo. Me encanta porque es, en mi opinión, el más complejo de la novela. Es imperfecto, tiene muchas luces y sombras y, para mí, es el más real de todos. Al final se convierte en un pintor, porque tiene también, igual que el abuelo, mucha facilidad para la pintura. Les une una amistad en la que hay una mezcla de envidia y admiración hacia el abuelo.

-¿Hasta qué punto el arte puede ser una forma de preservar la memoria personal y la colectiva?

-El arte se manifiesta de muchas formas. Puede ser en cuadros, como es este caso, con los recuerdos de la infancia del protagonista, pero también puede estar en forma de novelas, de fotografías, teatro e incluso películas. Así podemos guardar todos nuestros recuerdos.

-¿Qué importancia cree que tiene recuperar lugares históricos de Avilés, como el Palacio de Balsera, para darles una nueva vida así ligada más al arte y a la cultura?

-Es muy importante. Primero para preservarlos, porque al final son parte de nuestra historia y a mí me parece esencial que las futuras generaciones puedan contemplar y visitar estos lugares. Si además se utilizan para fomentar el arte y la cultura, abiertos a todo el mundo, me parece que es lo mejor que podemos hacer.

-¿Considera necesario tener más espacios destinados al arte en Avilés, o que hay suficientes?

-Avilés me parece un lugar donde hay mucha oferta artística y cultural, pero siempre son bienvenidos lugares nuevos para acudir. Yo creo que siempre está bien tener novedades.

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