En las entrañas del "Duque de Ahumada", el "superbarco" atracado en Avilés con el que la Guardia Civil lucha contra el narcotráfico
Con una tecnología puntera, el "Duque de Ahumada" cuenta con un sistema de vigilancia que permite a la Guardia Civil detectar embarcaciones sospechosas y actuar con sigilo contra el narcotráfico.

Mario Canteli
Una eslora de 83 metros, 14 metros de manga, 6,5 metros de puntal, motorización híbrida con capacidad para alcanzar velocidades de 14 nudos y una autonomía de más de 11.000 millas; helipuerto, dos lanchas -una de ellas con capacidad para alcanzar las mismas velocidades que las "narcolanchas"-, dos robots subacuáticos, un dron aéreo y equipamiento de ultimísima tecnología para luchar contra el tráfico de drogas o realizar rescates en alta mar. Esta es solo una mínima parte del equipamiento del buque oceanográfico "Duque de Ahumada", el navío más grande y moderno de la Guardia Civil, que estos días se encuentra atracado en Avilés, desde donde colaborará con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en labores de inspección pesquera durante la costera de la xarda, otro de los cometidos de la modernísima embarcación en la que viajan 26 tripulantes. "Estamos en un barco que es de lo más puntero que se construye hoy en día", destaca el teniente coronel Eduardo Lobo Espinosa, al mando del rey de los mares de la Benemérita.
Con esas dimensiones, visto desde fuera, el "Duque de Ahumada", que está atracado en los muelles del Niemeyer desde este jueves, impresiona. Pero cuando se accede a sus entrañas, sobrecoge. "Además de equipamiento técnico, también está pensado para que la vida de los tripulantes, que solemos estar en turnos de 15 días, sea lo más confortable posible", explica el teniente coronel Lobo, en una visita guiada por las diferentes estancias y los laberínticos pasillos del que es considerado el barco más grande y avanzado de la historia del servicio marítimo.
Subida la escalinata que da acceso al "Duque de Ahumada" se llega a una de sus cinco cubiertas. Tiene capacidad para cuatro contenedores -de esos enormes de acero que se usan para transporte marítimo-, "que se emplean para transportar cualquier tipo de material. Uno, además, es refrigerado, por lo que también sirve para llevar víveres", explica Lobo. Precisamente, una de las tareas que efectuará la tripulación durante su estancia en el Cantábrico es recoger material del "Río Miño", el antecesor del "Duque de Ahumada", que está siendo achatarrado en Gijón.
A escasos metros de estos contenedores, se encuentran dos de los elementos fundamentales en la operativa que efectúa el navío: una lancha de intervención, con motor intrabordo, "más seguro a la hora de recoger náufragos y con una mayor maniobrabilidad", y otra para la lucha contra el narcotráfico, equipada con dos motores de una potencia de 500 cv cada uno y capacidad para alcanzar velocidades de 60 nudos -111 kilómetros por hora-. "Esta lancha ha supuesto un importante salto de calidad para nosotros, porque nos permite igualar en velocidad a los narcotraficantes", destaca Lobo, de una embarcación construida por Armón en Vigo y un coste de 35 millones de euros, 32 de ellos financiados por la Unión Europea.

En imágenes: Así son las entrañas del "Conde de Ahumada", el buque más moderno de la Guardia Civil / Mario Canteli
Desde este punto, una escalera permite descender a la sala de náufragos. Se trata de un espacio amplio y diáfano, con un acceso casi al nivel del agua y preparado para alojar a personas rescatadas en el mar. Tiene capacidad para 120 personas, duchas, lavabos, una zona sala pequeña para personas vulnerables -fundamentalmente para uso de mujeres y niños- y una morgue que puede alojar seis cuerpos. Aquí, además, Blanco muestra otras de las joyas del "Duque de Ahumada": un dron y dos robots submarinos. "Se emplean, sobre todo, para revisar los fondos de los barcos, donde es habitual encontrar cargamentos de droga adosados al casco o también para rescates", apunta el teniente coronel, de una labor, la de tratar de buscar a personas bajo el agua, en la que colaboraron la semana pasada para intentar hallar el cuerpo de Elena Sirbu, la sexta víctima del accidente de la pasarela de El Bocal, en Santander. "Coincidió que estábamos haciendo controles de la campaña de la caballa (xarda) en la zona de Cantabria y nos pusimos a disposición del dispositivo de rastreo", aclara Blanco sobre su participación en el operativo.
Los pasillos siguen entre puertas y más puertas estancas. Se pasa por un gimnasio totalmente equipado con bicicletas estáticas, cinta de correr, pesas...; por una cocina profesional totalmente equipada con fogones, plancha, freidoras o amasadora; y se llega a un comedor con capacidad para una veintena de personas que bien podría ser el de un hotel. "Aquí comemos siempre juntos, en dos turnos. El desayuno y la cena es más independiente", explica el guardia civil con mayor rango de la embarcación, que tiene su base en Cádiz.
El paseo, escalera arriba escalera abajo, continúa entre las paredes de tonos claros, que ayudan a dar una mayor sensación de amplitud al cascarón hasta el punto de que uno se olvida que está caminando por las entrañas de un barco. Hay una sala de oficiales, donde los tripulantes se reúnen en su tiempo libre; y se ven los camarotes: individuales y equipados con una cama y baño privado. Es por uno de estos pasillos por el que se llega hasta el auténtico cerebro del "Duque de Ahumada", el puente de mando, desde donde se dirigen la navegación y las operaciones del navío, "el 80% relacionadas con la lucha contra el tráfico de drogas y los rescates".
Y es también en este punto en el que se exhibe el verdadero músculo tecnológico de la embarcación, con el SIVE, el Sistema Integral de Vigilancia Exterior, como punta de lanza. Se trata de una red tecnológica de sensores, radares y cámaras térmicas que operan en tiempo real para detectar embarcaciones sospechosas. "Nos permite, por ejemplo, filtrar únicamente embarcaciones de unas determinadas dimensiones, o que sigan solo un rumbo concreto o la velocidad que consideremos. Además, el sistema también nos permite, entre otras cosas, seguir a esas embarcaciones manteniendo la misma velocidad que ellos o una distancia cualquiera. Esto es de especial ayuda para ubicar narcolanchas o incluso también pateras. Cuando seleccionas una de ellas, por ejemplo, también podemos hacer que las cámaras que lleva equipado el barco, de gran alcance, le apunten directamente", explica el teniente Antonio Blanco, que hace una muestra de la capacidad de estos visores, apuntando hacia Los Balagares (Corvera) desde el muelle del Niemeyer, una distancia de 2,5 kilómetros en línea recta según Google Maps. Ampliación tras ampliación, se llega a ver con total nitidez la ventana de una de las viviendas. "No vamos a mirar mucho más por aquello de la protección de datos", bromea el agente.
Esta tecnología, de cuya implementación en el "Duque de Ahumada" fue parte fundamental el teniente coronel Eduardo Lobo, les permite ser "prácticamente indetectables" para los narcotraficantes. "Ellos pueden dar el chivatazo, como hacen siempre, de que salimos de puerto. Pero una vez nos pierden de vista, y nosotros nos vemos, por ejemplo, hacia otra provincia, gracias a este sistema podemos operar a una distancia que hace que les pillemos por sorpresa", apostilla Lobo, antes de continuar un camino que lleva a la Sala España, una habitación de madera noble donde los guardias pueden ver la televisión, tomar algo o simplemente descansar; y la enfermería, dotada de quirófano conectado con el Hospital Gómez Ulla, del Ministerio de Defensa, "para atender emergencias".
El "Duque de Ahumada" estará en Asturias hasta la semana que viene. Los agentes, acompañados de dos inspectores del Ministerio de Pesca, efectuarán controles de las embarcaciones que participan en la costera de la xarda. "La hacemos seis semanas al año. Comenzamos en el País Vasco, y vamos haciendo controles por Cantabria y Asturias hasta llegar a Galicia, siguiendo el mismo recorrido del pez", explica Blanco, al frente de la embarcación más moderna de la Guardia Civil.
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