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Félix Prieto Granda, nuevo abanderado de La Venia de Luanco, cumplirá su sueño: "Con 12 años ya decía: algún día quiero portar el pendón"

El próximo portador del pendón rojo de la cofradía de pescadores honrará la memoria de su padre, fallecido en un naufragio: "Las pruebas que hice han salido bien"

Félix Prieto Braña, el nuevo abanderado de La Venia.

Félix Prieto Braña, el nuevo abanderado de La Venia. / F. P. B.

Illán García

Illán García

Luanco

El nuevo abanderado de La Venia, Félix Prieto Granda, es consciente de la responsabilidad que tiene entre manos el próximo Domingo de Resurrección. Por el momento, confirma que "no está nervioso". "Las pruebas que hice con el pendón van bien", señala orgulloso de cumplir un sueño que tenía "cuando era un chavalete". "Cuando iba a ver La Venia con 12, 13 o 14 años, yo decía: algún día quiero ser el abanderado", afirma. Y lo ha conseguido.

Prieto Granda detalla su religiosidad y su vinculación con la parroquia de Luanco: "Me bauticé, hice la primera Comunión, me confirmé, me casé y bauticé a mi hijo en la iglesia de Luanco", destaca este luanquín de 48 años que desde hace dos años es uno de los portadores de la imagen del Cristo del Socorro durante las fiestas invernales.

En un principio, Félix Prieto Granda no había sido el elegido para portar el pendón rojo de la Cofradía de Pescadores. "Iba a ser Alberto Morán, pero me dijo: prefiero que seas tú", detalló Prieto, que aceptó de buen grado. Ser el abanderado es vital para él, no solo por la fe, sino por su trágica y profunda vinculación con el mar. Su padre, Miguel Prieto Tomé, falleció cuando Félix tenía solo 8 años en el naufragio del barco "Hermanos Ezquiaga", a diez millas de Cudillero. Treinta y nueve años después, los cuerpos de la tripulación aún no han sido encontrados. "Mi padre era el cocinero del barco y aquella tragedia ocurrió pocos días después del Socorro; era de las primeras veces que embarcaba", recuerda.

Félix será el sustituto de César Menéndez y el encargado de realizar las tres genuflexiones sobre la playa de La Ribera. Tras ondear el pendón a ras de arena, sin tocarla, marcará el inicio de La Venia: el momento en que la Virgen del Rosario pierde el luto y vuelve a ver a Jesús Resucitado junto al mar. Según la tradición que acompaña a Luanco desde el siglo XVIII, que la "banderona" no toque el suelo trae buenos augurios para los marineros locales.

Prieto Granda no descarta que en años venideros sea otra persona la encargada de esta labor. La parroquia de Luanco ha decidido preparar a varias personas para "no perpetuar" el cargo en una sola figura, renovando así la Semana Santa de Luanco, una festividad que gana adeptos cada año por su singularidad y su unión inquebrantable entre la religión y el mar.

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