Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Un estudio con ADN avilesino revela que el ejercicio supervisado es beneficioso para el tratamiento de la anorexia nerviosa

La "asignatura pendiente", a ojos de los expertos: "Desarrollar programas de prescripción de ejercicio dentro del sistema sanitario"

María Fernández del Valle, durante una visita Avilés.

María Fernández del Valle, durante una visita Avilés. / Mara Villamuza

Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Avilés

La actividad física en pacientes con anorexia nerviosa se ha abordado durante años principalmente desde la restricción dentro del tratamiento clínico. Sin embargo, diferentes investigaciones están analizando cómo el ejercicio, cuando se programa y supervisa adecuadamente, puede incorporarse como parte del abordaje terapéutico. Una de estas líneas de investigación se desarrolla en el proyecto DiANa, dirigido por María Fernández del Valle, investigadora de la Universidad de Oviedo.

El proyecto estudia el papel del ejercicio físico en personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y reúne a profesionales de diferentes disciplinas. Entre las entidades que colaboran en el trabajo se encuentra la Unidad de Medicina del Deporte del doctor Nicolás Terrados, en Avilés. Desde este centro se ha participado en el apoyo a pacientes y familias, en la selección de indicadores científicos para evaluar la intervención y en acciones de divulgación relacionadas con el proyecto. El proyecto cuenta además con la participación del grupo de investigación Intervenciones Traslacionales para la Salud (ITS) de la Universidad de Oviedo.

Origen

Esta línea de trabajo tiene su origen en estudios previos sobre ejercicio físico en enfermedades crónicas. Durante su etapa predoctoral, Fernández del Valle participó en un proyecto que analizaba el impacto del ejercicio en la calidad de vida de niños y niñas con leucemia. A raíz de ese trabajo, el entonces jefe de la Unidad de Psiquiatría y Psicología del Hospital Niño Jesús de Madrid, Gonzalo Morandé Lavin, planteó la posibilidad de introducir algún tipo de actividad física en el programa de hospital de día para pacientes con anorexia nerviosa.

La revisión de la evidencia científica existente mostró que ya se habían realizado algunas intervenciones con actividades como yoga o ejercicios con gomas o mancuernas ligeras. Sin embargo, esos estudios no habían mostrado mejoras relevantes en la capacidad física de las pacientes respecto al tratamiento tradicional. "Tras analizar esos trabajos en detalle y revisar la evidencia científica sobre la relación entre la dosis de ejercicio y sus efectos fisiológicos, el equipo planteó que la modalidad de actividad, así como la intensidad y frecuencia utilizadas en los estudios previos, podían ser insuficientes para producir cambios significativos", relata Del Valle.

Primer paso

El primer paso fue analizar si el ejercicio de fuerza podía aplicarse de forma segura en pacientes con anorexia nerviosa. Para ello se diseñó una intervención con entrenamiento supervisado de intensidad ligera dos días por semana. Los resultados mostraron que este tipo de ejercicio podía realizarse sin efectos adversos relevantes. A partir de esa primera experiencia, el equipo desarrolló posteriormente una intervención con tres sesiones semanales y una intensidad de trabajo moderada-alta.

El objetivo de estos programas era favorecer una recuperación del peso corporal de forma más equilibrada. Durante los procesos de realimentación, una parte importante del peso recuperado suele corresponder a masa grasa, especialmente en la zona abdominal, mientras que la masa muscular no siempre alcanza valores considerados normativos incluso cuando el peso total se normaliza.

Las intervenciones con ejercicio de fuerza mostraron mejoras en la fuerza de brazos y piernas, así como cambios en indicadores de composición corporal relacionados con la masa muscular. Algunos trabajos también observaron mejoras en indicadores de calidad de vida asociados a estos cambios.

Primeros resultados

Uno de los trabajos más recientes del equipo consiste en un metaanálisis que analiza los niveles de actividad física en personas con anorexia nerviosa a partir de mediciones realizadas con acelerómetros, dispositivos electrónicos que registran de forma objetiva el movimiento corporal. Hasta ahora, gran parte de los estudios sobre actividad física en este trastorno se basaban en entrevistas o cuestionarios. Sin embargo, distintos trabajos han señalado que estos métodos pueden infraestimar o sobreestimar la actividad real en determinados contextos clínicos.

Para realizar el metaanálisis, los investigadores revisaron cerca de 1.100 artículos científicos publicados hasta la fecha. De ellos, 21 estudios incluían mediciones de actividad física mediante acelerometría y pudieron incorporarse al análisis. Los resultados mostraron diferencias según la edad. En adultos con anorexia nerviosa, los niveles de actividad física superaban ampliamente las recomendaciones habituales para población general. En cambio, en adolescentes con el mismo diagnóstico se observaron niveles elevados de sedentarismo.

En estos casos, los datos reflejaban alrededor de diez horas diarias de comportamiento sedentario, una situación relevante en una etapa de crecimiento y desarrollo físico.

En la literatura científica actual se utiliza el término movimiento desadaptativo para describir una relación poco saludable con la actividad física. Este concepto se refiere a situaciones en las que el movimiento deja de ser flexible y pasa a estar guiado por la obligación, la rigidez o la necesidad de compensar la comida o determinadas emociones. En estos casos, la persona puede continuar realizando actividad incluso cuando está lesionada, enferma o con niveles muy bajos de energía.

El movimiento desadaptativo puede aparecer en diferentes contextos: ejercicio planificado, práctica deportiva, desplazamientos cotidianos o incluso inquietud motora constante. Según la evidencia científica, entre el 20 % y el 88 % de las personas con trastornos de la conducta alimentaria presentan este tipo de conductas, con variaciones relacionadas con la edad y la gravedad de la enfermedad.

Tradicionalmente, el tratamiento de la anorexia ha incluido la restricción de la actividad física. Sin embargo, distintos estudios han observado que la participación en programas de ejercicio estructurados, supervisados e individualizados puede aportar beneficios en la capacidad funcional y en la calidad de vida.

Abordaje

Las primeras guías internacionales, recientemente publicadas y en las cuales ha participado la investigadora Fernández del Valle, señalan que las intervenciones pueden combinar la práctica de actividad física segura y guiada con el trabajo psicológico y educativo sobre la relación que la persona mantiene con el movimiento."De hecho, los resultados del Proyecto DiANa, además de confirmar mejoras en todos estos aspectos, revelan mejoras en la sintomatología de la enfermedad (salud mental). Además, esta línea de investigación también señala que, en los trastornos de la conducta alimentaria, el análisis del movimiento no se limita únicamente a la cantidad de actividad física que realiza una persona", explica la experta.

Los estudios indican que también es relevante la relación que se establece con el movimiento y el papel que desempeña en la vida diaria. Esta relación se puede trabajar y mejorar participando en este tipo de programas que incluyan y componente psicoeducativo. A partir de la evidencia, las recomendaciones en estas guías, indican que este tipo de programas se deben desarrollar dentro de equipos multidisciplinares que incluyan profesionales de salud mental, médicos y especialistas en ciencias del ejercicio.

Objetivo

En este punto, ahora que ya existen herramientas y mayor conocimiento científico sobre el abordaje del estilo de vida activo en trastornos alimentarios, la asignatura pendiente es desarrollar programas de prescripción de ejercicio dentro del sistema sanitario que sean dirigidos por profesionales del ejercicio (Educadores Físico-Deportivos) que apoyen el proceso de recuperación hacia una salud plena.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents