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La Comida en la Calle de Avilés, punto de encuentro para quienes viven lejos (y no tan lejos)

La fiesta no solo es una tradición para los locales, sino que también atrae a visitantes de fuera, como Carla Saavedra, quien cambió los "matajudíos" por la sidra asturiana

El grupo de Pablo Rodríguez en su mesa de la calle de las Artes

El grupo de Pablo Rodríguez en su mesa de la calle de las Artes / M. O.

Avilés

“Una gran excusa para poder reencontrarnos. Este año ha coincidido bien y es una de las pocas fiestas en las que nos vemos todo el grupo, además de Navidad”. La Comida en la Calle de Avilés ha sido el gran punto de encuentro para todos los amigos que tienen más complicado verse a lo largo del año, “un día de asistencia obligatoria”, apunta Pablo Rodríguez, quien se encontraba junto a 11 colegas disfrutando de tortilla, empanada y de “la compañía de mis amigos”.

“A mí me gusta la fiesta mucho más que a todos los que hemos venido hoy. Por eso, a pesar de vivir en Zamora, fui yo la que tuvo que hacer cola a las 7.30 horas el día que abrió la inscripción”, cuenta Ainhoa Llamazares, una de sus amigas. Consiguieron un hueco en la calle de las Artes “y estamos de lujo porque nos ha estado dando la sombra todo el rato”, dice Rodríguez.

Siempre es buena oportunidad para que la gente de fuera visite Avilés en este día tan especial: “Cambié los matajudíos por la sidra”, dice Carla Saavedra, de Villablino, quien por primera vez se unía a la Comida en la Calle. Desde que llegó a pasar la Semana Santa en la ciudad, se ha dado cuenta de que “Avilés no tiene nada que envidiarles a las fiestas de León”.

Si hay algo que nunca falta en su grupo de amigos es “la sidra, la tortilla y la tarta de zanahoria de nuestro compañero Pedro Fidalgo”, cuenta Rodríguez. Aunque Miguel Sastre se sincera admitiendo entre risas que “no hay año en el que no se me olvide algo, esta vez ha sido el abrebotellas y un cuchillo”.

La fiesta de la Comida en la Calle no acaba en las mesas de Avilés, pues Pablo Rodríguez esperaba ir después a la zona del Carbayedo “a tomar un cacharrin y para casa, que mañana se trabaja”, proponiendo que “el martes también se haga festivo”.

Esta es una fecha clave para juntarnos todos los amigos, no se puede faltar, está prohibido”, aclara Laura González, con su grupo de 12 personas en la plaza Carbayo. “Si de media tenemos 35 años, pues llevaremos alrededor de 20 con esta tradición”, donde no puede faltar “las ganas de compartir y pasarlo bien”. Además, aunque pasen los años, advierten que “no abandonamos el kalimotxo que nos acompañaba cuando éramos adolescentes, aunque también tenemos sidra”, detalla.

Otros grupos son más grandes, como el de Vanesa Gómez, donde más de 30 “amigos de amigos” aprovechan para ponerse al día en una fiesta en la que coinciden todos, “aunque a veces hay bajas de última hora”, asegura: “Padres e hijos quedamos con el objetivo, sobre todo, de pasarlo bien” en su sitio de la calle Carreño Miranda.

Alfonso Allende y Carolina Vivientos llegaron desde Madrid hasta el parque del Muelle para conocer la Comida en la Calle “de la que tan bien nos han hablado”, apuntan. Y es que en su grupo de amigos de más de 25 son los únicos que no habían estado nunca. “Pero está claro que, sobre todo, venimos para comer una buena comida contundente y beber mucha sidra”, subraya Allende.

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