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Ángel Ruiz: "Este 'Rey de la farándula" acaba siendo un alegato del arte, el antídoto a la barbarie"

"La de actor no es ahora la mejor de las profesiones: todavía estamos luchando con esa especie de sambenito de que no hacemos nada, de que vivimos de las subvenciones"

Ángel Ruiz, en "El rey de la farándula".

Ángel Ruiz, en "El rey de la farándula". / Javier Naval /La Zona

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Ángel Ruiz (Pamplona, Navarra, 1970) es Segismunda en “El rey de la farándula”, el espectáculo que, en el Centro Niemeyer (20.00 horas) abre la nueva temporada del ciclo Escena Avilés.

-Habla de su espectáculo como de un cabaret barroco.

-Esto viene a propuesta de Irene Pardo, la directora del Festival de Teatro Clásico de Almagro, que me propuso que hiciera un espectáculo en mi línea -yo suelo hacer espectáculos unipersonales-, y, lógicamente, el cabaret como herramienta me parece fantástico. Y se me ocurrió hacer un cabaret barroco utilizando, además, las dos premisas que me dio ella: contextualizar el Siglo de Oro y luego, por otro lado, hablar de la marginalidad. Ahí surgió la idea de hacer este espectáculo donde se mezcla la contrahistoria del momento, del siglo XVII, porque yo me fijo, además, en la figura de Felipe IV, que fue el rey más prolífico en cuanto que fue el gran mecenas del arte y el que más tiempo reinó de los Habsburgo, de hecho, su reinado ocupa prácticamente todo el siglo XVII, y en ese momento, además, es donde coinciden los grandes de las artes, desde Quevedo, Velázquez, y en el teatro, Lope de Vega, Tirso y Calderón.

-Estamos hablando de un personaje ficticio, pero basado en hechos reales.

-Efectivamente, es un paradigma. Segismunda, que es como se llama, es paradigma del momento, de esos actores, de esos artistas que vivieron ese tiempo y que tienen una visión muy sarcástica, irónica, del siglo XVII. Entonces, ese personaje viene -por eso el cabaret es muy importante, rompe la cuarta pared- a hablar directamente al público de hoy en día, del presente, para establecer ese puente temporal. Y yo creo que, además, le da mucha frescura. Y la gente va a descubrir eso, va a descubrir a través de esto, de una forma muy directa y muy fresca, pues un pequeño retrato, un paisaje de aquel momento histórico.

-Vamos, como si fuera usted una vicetiple.

-(Risas). Sí, pero además en modo drag, porque hay algo muy interesante y es que este momento era muy del gusto barroco. De hecho, se puede ver en el teatro de Calderón, en el de Tirso de Molina, por no ir más lejos, en “Don Gil de las Calzas Verdes”. Allí el cambio de género es, digamos, el artefacto cómico que él utiliza para liarlo. Es tan barroco. Y, además, gustaba mucho en el Siglo de Oro español: los hombres que hacían de mujeres y las mujeres que hacían de hombres. Ese hecho es lo que a mí también me ha dado para jugar con este personaje que viene trasvestido, pero que se va a ir “destrasvistiendo”, si se puede decir. Se va a ir despojando de su forma femenina y se va a ir convirtiendo en el actor. Y ahí el espectáculo se torna un poquito más oscuro.

-Estamos hablando de un tiempo en que la de actor no era de la mejor de las profesiones.

-Bueno, yo creo que hay mucha leyenda con respecto a eso. Eso no es tan cierto. Sobre todo en este momento. En este momento, los actores vivieron un momento de reconocimiento muy importante. De hecho, eran como los futbolistas ahora, teniendo en cuenta que el teatro era el súmmum de la propaganda y del ocio en España. El teatro llegó a ser algo muy importante. Por eso el Siglo de Oro es el Siglo de Oro. Y en este momento, además, gracias también a la intervención del propio rey Felipe IV, que era un gran admirador del teatro, propiciaba los espectáculos, sufragaba el teatro, hacía teatro en el palacio del Buen Retiro, o sea, hacía venir a las compañías. Su corte estaba llena de actores, de dramaturgos. Esto no es tan cierto. Es decir, esto me parece que es más una leyenda y que sí que fue a posteriori. Justamente en este momento, y además es algo que se cuenta en la función: estamos en la época de Felipe IV, cuando muere su primera mujer, la época de las cuatro bancarrotas, en el comienzo del declive del Imperio Español. Pero es curioso que en este momento los actores gozaban de privilegio. Hay una figura muy importante, que también me he basado mucho en ella: me refiero a Cosme Pérez, más conocido por Juan Rana, que era el personaje que él creó. Era famosísimo. Ese señor no podía ir por la calle. Todo el mundo le conocía, le admiraba, le quería, porque era un cómico. Y claro, fíjese si era tan importante ese señor que fue acusado de sodomía, porque era homosexual, declaradamente, pero se salvó de la imputación de la Inquisición porque, claro, su mejor amiga era Mariana de Austria, la segunda esposa de Felipe. Es decir, esto de que los actores, los cómicos de la legua, todo esto, yo creo que es anterior, es un poquito anterior. Después, cuando se fue el Conde Duque de Olivares y fue sustituido por su sobrino Luis de Haro, la cosa cambia. Luis de Haro sí que puso coto a toda esta...

-¿Farándula?

-De ahí viene la palabra farándula, sobre todo la denostación de la palabra “farándula”, pero la palabra farándula viene de este momento.

-¿Ser actor en España, ahora, es la mejor de las profesiones?

-No, no es la mejor de las profesiones en absoluto. Mire, todavía estamos luchando con esa especie de sambenito de que no hacemos nada, de que vivimos de las subvenciones. Hemos tardado mucho, mucho, muchísimo, y todavía está en fase de que eso se materialice. Hablo del Estatuto del Artista. Nos ha costado muchísimo que se aprobara, se ha aprobado, pero ahora se tiene que materializar en leyes, cuando en Francia lo tienen desde los años 20. Es decir, en Francia hay una consideración, una valoración y un buen pensar del hecho artístico y sobre todo de los actores, pero aquí seguimos luchando con esa idea, que es falsa, de que estamos todos el día de fiesta, de que no trabajamos, de que no hay profesión. Hay una idea un poco de mirada soslayada que es tremenda y luchar con eso, cuando además es una profesión muy dura en la cual solo el 20%, puede vivir de su trabajo. Y solo hay un 1%, que son los privilegiados, que pueden incluso bien vivir. El resto no, el resto tiene que ganarse la vida haciendo otras cosas y el teatro es su vocación.

-“El rey de la farándula” se está viendo bien.

-Está empezando ahora, pero es verdad que sí, desde que se estrenó en Almagro, todas las funciones que hemos hecho han sido maravillosas, el público lo acoge muy bien. Aquí en Madrid hemos tenido las entradas agotadas desde un mes antes de estrenar y todos los días ha sido una gozada poder hacer el espectáculo y ver cómo el público se iba encantado y con la sensación de que había descubierto algo nuevo. Y además, aparte de que se han reído, se han salido emocionados, porque el espectáculo acaba siendo un alegato del arte, el antídoto a la barbarie y, sobre todo, pues eso, un granito de luz en tanta oscuridad.

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