Pablo Remón, traductor de "Viejos tiempos", este viernes en el Palacio Valdés: "El teatro no se acaba nunca, es algo donde yo siempre tengo la sensación de ser un principiante"
"A mí, modestamente, Harold Pinter me influyó mucho: la primera obra que hice, que fue 'La abducción de Luis Guzmán' era una obra muy influida por él", dice el premio Nacional de Literatura Dramática

Pablo Remón. / Miki López

El dramaturgo Pablo Remón (Madrid, 1977) es el autor de la dramaturgia de “Viejos tiempos”, un espectáculo que programa el teatro Palacio Valdés esta noche a las 20.00 horas. “Viejos tiempos” es uno de los dramas predilectos del premio Nobel británico Harold Pinter cuya versión, que dirige Beatriz Argüello y protagonizan Ernesto Alterio, Marta Belenguer y Mélida Molina, se estrenó en el teatro de la Abadía hace un año. El mucho apego de Remón por Pinter no es nuevo: en 2020 estrenó en Avilés “Traición” (la dirigió Israel Elejalde). El también premio Nacional de Literatura Dramática atiende a LA NUEVA ESPAÑA por teléfono.
-Este es su segundo Pinter.
-Harold Pinter, nada, es como inagotable. Yo la verdad que soy, bueno, me he enamorado del teatro de Pinter. Lo he leído mucho, lo he leído entero, lo he leído como en detalle. Fíjese, lo empecé a leer en castellano y me pasaba que no entendía nada. O sea, yo decía: “¿Esto qué es?” Me resultaba súper extraño, pero me intrigaba, ¿no? Y después me pasó que, forzándome a leerlo en inglés, -aunque más o menos lo podía leer-, pues de repente me pasaba que entonces estaba viendo mucho más las palabras y la construcción de las frases, ¿no? Y Pinter es que es un poeta, ¿no? Es un dramaturgo, pero fundamentalmente es un poeta. Y yo creo que tiene una concepción de la escritura dramática como poesía.
-Eso, lo poético, ya lo había comprobado, no sé, con “Doña Rosita anotada”, por ejemplo.
-Sí, sí, sí, claro. Y bueno, yo hice otra adaptación de Pinter: “Traición”.
-“Traición", que se estrenó en Avilés, creo recordar.
-Sí, sí. La dirigió Israel Elejalde y se estrenó ahí, recuerdo. Y también era por propio gusto personal de trabajar con el texto este. Son textos que ya conocía, pero que trabajando en una traducción pues los conoces mucho más desde dentro, claro. Es como en la cocina de la escritura.
-O sea, lo que le gusta es la forma más que esos personajes turbios que salen “Viejos tiempos”, en “Volver a casa”
-Sí, sí, hay algo en la construcción de las frases, en la propia musicalidad, en el ritmo, que es pura poesía, ¿no? Es como muy atractivo. Es cierto que los personajes de Pinter son siempre muy enigmáticos, tienen muchas zonas de sombra, es difícil atraparlos, es difícil entenderlos. Y él mismo hablaba de eso también, ¿no? Y él hablaba mucho de que él, digamos, que no mandaba sobre sus personajes. Tenía siempre la sensación de que para que los personajes estuvieran vivos tenía que haber algo que no comprendiera. Entonces, por eso muchas veces son incoherentes. Por eso a veces se coloca a Pinter como en esto del teatro del absurdo, ¿no? Aunque yo creo que no es de esto. Pero sí que es verdad que los personajes son muy inasibles.

Pablo Remón, dramaturgo. / E. P.
-“Traición” y “Viejos tiempos” guardan similitudes.
-“Viejos tiempos” es anterior y eso es interesante porque Pinter tiene esa etapa de los 60, que son sus obras más conocidas, ¿no? “El conserje”, como decía usted, “Retorno al hogar”. Son las obras que le convirtieron en un dramaturgo famoso en su época. Y luego él pasa un tiempo muy largo sin escribir teatro. Escribe algunos guiones, pero está bastante tiempo sin escribir porque no encuentra la manera, después de “Regreso al hogar”, no encuentra por dónde, digamos, escribir teatro sin repetirse, vamos a decir así, sin volver a hacer lo mismo. Y entonces, escribe guiones, etcétera, y está un año completo trabajando en un guion que es una adaptación de “En busca del tiempo perdido”, de Proust. Entonces, todos los volúmenes de Proust, él los lleva a un guion que escribe para Joseph Blosey, para el director que trabajaba normalmente, y entonces se pasa un año trabajando con Proust. Ese guion nunca se rueda, porque no consiguen encontrar el dinero, pero él cuenta en entrevistas y demás que le cambió totalmente la forma de escribir ese año de trabajo con Proust. Entonces, de repente, empieza a ser muy importante en su escritura el pasado, la memoria, lo que se recuerda, lo que no se recuerda, cómo se recuerda, y entonces esto se ve, la primera obra larga que escribe después de su trabajo con Proust es esta: “Viejos tiempos”. Y ahí cambia totalmente su forma de escribir. Ahí empieza una etapa que lleva hasta “Traición” incluida, donde de repente el pasado, lo inasible del pasado, la construcción del recuerdo, la construcción del pasado como lucha. Yo tengo mi pasado, tú tienes tu pasado en una pareja, pero luchamos para que el mío se ponga el tuyo, etcétera. Empieza a ser como muy importante en esa época suya, los 70. Entonces, efectivamente, como usted dice, “Viejos tiempos”, “Traición”, comparten cosas. También “Tierra de nadie”.
-Guarda cierta similitud con su propia obra.
-Sí, a ver, a mí modestamente me influyó mucho Pinter, y la primera obra que hice, que fue “La abducción de Luis Guzmán” era una obra muy influida por Pinter, por esta sensación del diálogo como algo poético, el humor también, lo agresivo de la situación, ¿no? Y efectivamente, luego, en cosas de mi teatro, el tema del pasado ha sido muy importante, la memoria, el paso del tiempo.
-Eso está muy presente en “El tratamiento”.
-Sí, totalmente. Y la sensación de la memoria como construcción, como algo inventado, la memoria como ficción hasta cierto punto. Eso es lo que está muy en Pinter.
-Oye, ¿qué es que cuando traduce, no dirige porque solo dirige lo suyo?
-Bueno, normalmente yo dirijo lo mío, lo que yo escribo, pero es verdad que he trabajado, pues trabajé en esta versión de Lorca, hice “Vania por Vania”. Ahí me planteo dirigirlo desde el principio. Entonces son obras donde, si te fija, lo primero, ya no tienen derechos de autor, lo mismo Lorca que Chejov, entonces yo me puedo permitir cambiarlas enteras, si es necesario, cambiar todo lo que haga falta.
"Dirijo mucho desde el texto: no distingo mucho entre dirigir y escribir"
-¿Qué es lo que necesita para dirigir?
-Dirijo mucho desde el texto: no distingo mucho entre dirigir y escribir, entonces a veces para dirigir una escena necesito reescribirla. Entonces ahí, digamos que han sido proyectos donde yo claramente iba a dirigirlos desde el principio y están muy enfocados desde ahí, y están muy fechados desde la edición. Y en cambio, “Traición” y “Viejos tiempos” han sido de alguna forma una cosa muy lateral, por propio amor mío a Pinter, de querer trabajar con esas obras, pero son obras donde los que han mandado, por así decirlo, los que han estado en primer término, Israel Elejalde, en caso de “Traición”, y aquí Beatriz Argüello, entonces yo ahí estoy un poco en segundo plano. Yo lo he hecho en las dos ocasiones por propio amor a la escritura de Pinter y por querer aprender egoístamente.
-Me da la sensación de que el teatro le da más alegrías que el cine.
-A mí el teatro me hace muy feliz y estoy muy volcado en el teatro, como sabes, porque pasa por ahí muchas veces y sigo teniendo muchas ganas de hacer teatro, muchas ideas de hacer teatro muy distinto y sigo escribiendo, estamos ahora de gira con “El entusiasmo", que estuvo el pasado otoño aquí en el María Guerrero. Estamos de gira y estoy escribiendo alguna obra nueva también. Todo eso tratando de inspirarme los maestros como Pinter para seguir escribiendo. Lo último.
"Estamos ahora de gira con “El entusiasmo", que estuvo el pasado otoño aquí en el María Guerrero"
-¿Vivir del teatro está bien?
-¿Es una buena idea esto del teatro? No sé, vivir del teatro no es fácil. O sea, obviamente, digamos que la cosa práctica no es tan sencilla. Es cierto que, bueno, yo tengo la suerte también de compaginarlo con otros aspectos, con el audiovisual, y puedo permitirme vivir del teatro y, además, puedo permitirme, digamos, poder desarrollar mi obra como dramaturgo, que es casi lo más complicado, lo más difícil, como dar salida. Porque si esas obras que escribes no se montan, es muy difícil aprender, porque al final ahí es donde aprendes.
-A mí me dijo Mayorga que el teatro era el arte de esperar.
-Total, el arte de esperar, sí. Sí, quizás, sí. Sigue siendo algo... Sigue siendo el teatro... A mí me sigue enamorando mucho, la verdad. Es un... Sí, no se acaba nunca, la verdad. Yo creo que no se agota. Es algo donde yo siempre tengo la sensación de ser un principiante, ¿no?
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