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"¡Equí nun cabe más ganao!": Rodrigo Cuevas convierte el arranque de la gira "La Belleza" en un xiringüelu apoteósico, regado de sidra y lleno de lentejuelas

El espectáculo arrancó con Rossy de Palma en la pantalla, parte del video "Lagares" que acompaña esta "Manual de Belleza" a modo de homenaje a Lauren Postigo

Concierto de Rodrigo Cuevas en Avilés

Ch. N.

Chus Neira

Chus Neira

Llevaba ya hora y media de concierto Rodrigo Cuevas cuando empezaron a sucederse los temazos y el pabellón de la Magdalena de Avilés acabó por convertirse en un xiringüelu total, comunal, disfrutón. La gira de "La Belleza", nuevo disco del asturiano, arrancó este viernes por la noche con lujo escénico y derroche en los detalles. Cuevas ha montado un espectáculo capaz de trabajar en la escala más pequeña, magia de cerca, y de contener y agitar multitudes. Si a esa altura del concierto el "¿Cómo ye?", uno de sus hits más efectivos, reventaba la pista, hasta ese momento se había mezclado la copla y el trap, la tonada asturiana y la sidra, el yedetismo y la mamarrachada, sobre un escenario convertido en plató de la televisión de los setenta y con un lujoso telón de panoyes.

En esa "Panoya dorada" con sus mesitas, sus lámparas y su público que Cuevas se montó eri el escenario, escanció y cantó la de los bueyes el siete veces campeón de echar sidra Salvador Ondo, estaba la güela del cantante y los cámaras se movían en una realización en directo muy efectiva, gran pantalla entre las panoyas. Abajo, el llenazo y el saludo agradecido de Rodrigo Cuevas: "Nunca hubo equí tanto ganao!". El espectáculo arrancó con Rossy de Palma en la pantalla, parte del video "Lagares" que acompaña esta "Manual de Belleza" a modo de homenaje a Lauren Postigo. Vestido de blanco, con plumas de vedette, sonaron "Un mundo feliz", "BLZA o "El asturcón", de su último trabajo.

Tardó en dirigirse al público, pero cuando empezó a hacerlo, Cuevas volvió a comportarse como el rey del cabaret que es. Un rey que necesitaba, confesó en alusión al cabaret que se ha montado para la gira, "una cápsula espacio-tiempo, donde volvamos a tener la sartén por el mango y falar de les coses que nos interesen: la belleza y les panoyes".

Dividido en cuatro escenas con seis canciones cada una, el concierto incluyó pequeños anuncios entre bloque y bloque, donde Rodrigo anunciaba, en clips estilo vintage, "Sales de baño" o "Feromonas"

El segundo bloque, con lucimiento de Ondó, tuvo muñeira, balada de tocarse ("Hoy te vi pasar"), la fantasía de pasodoble "Sácame a bailar" con la fabulosa actuación de Mapi Quintana, y acabó con la conmovedora "Rambalín", justo cuando se acaban de cumplir 50 años del asesinato del icono LGTBI de Gijón al que está dedicada la composición.

El repertorio de "La Belleza"

El repertorio de "La Belleza" / LNE

Cuevas celebró, se gustó y regaló al público manuales de instrucciones básicas para la vida: "A mi me gusta facer el mamarracho, ye lo más importante" o "¿Qué hacéis yendo a Coachella si sois de la Felguera? ¡ld a les fiestes del vuestru pueblu".

Con el tercer bloque, con "La playa" o "Veleno", el público, muy entregado pero muy formal hasta entonces, empezó a perrear. "Ahora sí, Avilés", les animó el cantante. Y así, temazo tras temazo, cuerpo de baile, sidra y lentejuelas, Rodrigo y su banda, un grupo excepcional de músicos, llevó al público al delirio después de dos horas de concierto. "El día que nací yo", "Una muerte ideal" y "La fiesta" fueron la traca final. Con los músicos tomando el escenario y el cabaret, público en pie y boda gitana jaleada que dejó al público saciado y contento.

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