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De una sanción a un futbolista perdonada por la muerte de un Papa a presenciar el primer hat-trick de Leo Messi: las anécdotas de los árbitros avilesinos de finales de siglo

“Ahora arbitra cualquiera; antes, en los campos que nos tocaron a nosotros, era mucho más complicado”, coincide el medio centenar de excolegiados de finales del siglo XX, reunidos en una comida para rememorar anécdotas

Noé Menéndez

Noé Menéndez

Uno se vio obligado a expulsar a un jugador que acabó con diecinueve partidos de sanción. Otro presenció, como cuarto árbitro en un Clásico, el primer hat-trick de Leo Messi con la camiseta del Barcelona. Hoy ya han colgado el silbato, pero durante años recorrieron campos de Asturias y de toda España para ejercer un papel clave en el fútbol: el arbitraje. Medio centenar de colegiados que estaban en activo a finales del siglo XX se reunieron en el Plaza’s para compartir vivencias y rescatar historias de vestuarios, barro y gradas calientes. “Ahora arbitra cualquiera; antes, en los campos que nos tocaron a nosotros, era mucho más complicado”, coincidían.

“Yo empecé en esto cuando no había nadie que enseñase los reglamentos; cada uno los estudiaba a su manera”, relata Carlos Criado Carballeira, pionero del arbitraje en Avilés y mentor de buena parte de los presentes. A sus 90 años confiesa que ya no sigue tanto el fútbol, pero no ha perdido la pasión por el silbato. “El delegado de árbitros de Avilés era mi compañero de trabajo. Me insistió para que probase a arbitrar y al final terminó liándome”, comenta el avilesino, que define la profesión como “hermosa”, con una gran sombra: la grada. “El problema es el público. Es peor la gente que los propios jugadores”, señala. Criado recuerda aquellos domingos en los que salía del campo “con el barro llegando al cuello de la camisa”. “En la mayoría de campos el punto de penalti desaparecía a los cinco minutos. No te quedaba otra que medirlo a pasos”, cuenta. Su episodio más áspero llegó con una expulsión que derivó en una sanción enorme, de 19 partidos. “Siempre lo digo: la clave de un buen árbitro es relatar todo lo que ocurre, sobre todo si expulsas a alguien. Hay que detallarlo todo”, afirma. Y remata la anécdota con ironía: “Al final ese jugador se libró… murió el Papa y le perdonaron el castigo”.

Juan Antonio Fernández García vivió, en primera persona, uno de los momentos icónicos de la Primera División: el primer hat-trick de Messi con el Barcelona. No llegó a debutar en Segunda, pero sí participó en eliminatorias de play-off de Segunda B y, antes de “jubilarse”, le concedieron un premio difícil de olvidar: ser el cuarto árbitro de un Clásico en el Camp Nou, ante cien mil personas. “Fue en la temporada 2006-07, acabó 3-3. Fue súper emocionante, con Rijkaard en el banquillo culé y Fabio Capello en el del Madrid. Eran gente muy correcta; fue un encuentro sencillo de llevar”, rememora. Si tiene que elegir al técnico más volcánico, no duda: “A Caparrós, cuando estuvo en el Depor, no había quien lo parase. A los 30 segundos ya se había salido del área técnica cuatro veces”. Y deja una frase que resume su forma de entender el oficio: “Disfrutaba tanto del arbitraje en el Bernabéu como en La Toba”.

Quien empujó a Fernández García a dar el paso fue Ramón Fuentes Jiménez. “Me dejaba su ropa y me sacaba camuflado como su juez de línea. Se arriesgó mucho por mí, pero al final acabó llevándome a su terreno”, sonríe. Y desliza una historia tan surrealista como real: “Fuimos compañeros en el seminario. Yo no me ordené, pero él sí. El día que se ordenó le pidieron, por favor, que no arbitrase el siguiente domingo. Sin embargo, no lo dudó, y le tocó pitar a 150 metros de donde estaba el arzobispo dando misa”, confiesa.

El colegiado avilesino que más carrera ha hecho en los últimos años ha sido Julián Espiñeira Pello. Arbitró el partido con más público de la historia de la extinta Segunda B: la final por el ascenso a Segunda en el Santiago Bernabéu entre el Madrid Castilla y el Conquense. “En mi caso, cuanto más arriba he arbitrado, más fácil creo que ha sido. El juego es más rápido, es más complejo ver las jugadas, pero la peor presión es la de los campos de Regional. Entre que tú, como colegiado, tienes menos experiencia, y que la gente está más cerca, el miedo escénico es mucho mayor”, explica. También le tocó un Sevilla Atlético–Burgos en el Sánchez Pizjuán, en un día que impulsó al filial sevillista hacia la categoría de plata.

Para Espiñeira, el arbitraje actual “ha mejorado muchísimo”, aunque ve reformas pendientes. “Lo primero que se debería cambiar es la manera de ascender de categorías. Si como jugador eres Messi, sabes que vas a llegar alto gracias a tu talento; pero puedes ser un Messi como árbitro, y no llegar. Hay muchos intereses en los comités territoriales”, denuncia. Sobre el VAR, lo considera útil, pero mejorable: “Se debería revisar cualquier jugada conflictiva. Ahora no solo se debate si hay penalti o no; se debate si lo llaman o no para volver a verla. Eso se arreglaría si, en todas las acciones de ese estilo, llamasen al árbitro”.

El videoarbitraje fue uno de los temas estrella de la comida, pero no el único. Encima de la mesa, como siempre, quedaron cientos de anécdotas nacidas por culpa —y por gloria— de un silbato.

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