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La ciencia da la razón a los pescadores asturianos: la pesca de pincho no es lesiva para el fondo marino

Investigadores del Instituto Oceanográfico de Santander calculan que el cierre de 85 caladeros al arte de palangre supone mermas en la facturación del 19% para la flota asturiana

Barcos de palangre amarrados en el puerto de Avilés.

Barcos de palangre amarrados en el puerto de Avilés. / Ricardo Solís

Avilés

Dos estudios científicos corroboran que la pesca de pincho, un arte ancestral usado, entre otras, por la flota asturiana, es mucho menos lesiva para los fondos marinos que la de arrastre. Los informes, publicados en la revista «ICES Journal of Marine Science», y de los que ahora se hace eco el Instituto Español de Oceanografía (la institución autora de los mismos), alertan también de que los cierres de caladeros tienen consecuencias mucho más graves de los esperados para las embarcaciones que utilizan este método extractivo, por lo que urgen a Europa a tener en cuenta esas premisas a la hora de establecer restricciones o mantener las existentes.

El primero de los estudios, firmado por Ulla Fernández-Arcaya, investigadora del Centro Oceanográfico de Santander, destaca que «las flotas con menor huella están asumiendo el mayor coste económico de las medidas de conservación». Concreta, además, que el cierre de caladeros para su regeneración decretado por Europa, que afecta a 87 zonas de pesca de fondo en el Atlántico Noroeste (un espacio superior a los 16.500 kilómetros cuadrados), y que ha sido recurrido por España e Irlanda, es «especialmente gravoso» para la pesca de pincho.

Varapalo a puertos como Cudillero

La investigadora estima, además, que esas limitaciones suponen una merma de ingresos para la flota asturiana de en torno al 19%, o lo que es lo mismo: entre 7 u 8 millones de euros. Señala, también, que para puertos como el de Cudillero –con muchas lanchas especializados en el arte de pincho–, la caída en la facturación puede alcanzar el 40%. La ruina.

Por estos motivos, la científica propone «avanzar hacia marcos adaptativos, basados en datos de alta resolución y en modelos de cogestión que integren a los distintos actores». «Será clave para garantizar que la protección de nuestros mares no solo sea eficaz ecológicamente, sino también económicamente viable y socialmente justa para las comunidades pesqueras», sostiene Fernández-Arcaya.

El segundo de los estudios, del que Antonio Punzón, científico del Centro Oceanográfico de Santander es primer autor, centra el análisis del impacto de la pesca de pincho en el cañón submarino de Avilés. Su examen constata también que las artes fijas presentan en conjunto una menor huella sobre el fondo marino que las artes móviles.

«Los resultados muestran diferencias claras entre artes de pesca. Las redes de enmalle provocaron daños severos en las especies estructurantes, reduciendo su densidad incluso en niveles de presión pesquera bajos», destaca el autor, que ahonda también en que en las zonas donde se efectúa pesca de arrastre la biodiversidad disminuye notablemente a medida que aumenta la actividad pesquera.

Por otro lado, el estudio refleja que los efectos de la pesca de pincho son «mínimos» en la salud general del hábitat marino. Es más, el estudio observó que en algunas zonas de palangre la diversidad de especies era mayor, lo que se atribuye a que este arte opera en áreas donde no hay presencia de redes de enmalle, que son mucho más impactantes.

Nuevamente, la conclusión a la que llega Punzón con este estudio es que las diferentes artes de pesca no deben ser gestionadas de la misma manera, tal y como viene reclamando –infructuosamente de momento– la flota asturiana.

Una medida muy polémica

La pesca de fondo a más de 400 metros de profundidad, ya sea con palangre (pincho) u otro arte, quedó prohibida en el otoño de 2022 por orden de la UEen 87 zonas del Atlántico con el pretendido objetivo de «proteger ecosistemas marinos vulnerables». La medida afectó de lleno a unos 60 barcos de bajura que faenan con arte de pincho y palangre en todo el Cantábrico, en torno a 40 con bases en Asturias.

El presidente de la Alianza Europea de Pesca de Fondo (EBFA, por sus siglas en inglés), Iván López, declaró en aquel momento que la CE ejecutaba «una chapuza sin rigor científico» con esa norma. «Es revolucionaria la norma, interesada, desmesurada y sin razonamiento ninguno», manifestó por su parte el presidente de la Federación Nacional de Cofradías Pesqueras (FNCP), Basilio Otero. También en Asturias se alzaron voces contra una decisión «basada en el radicalismo ecologista», «carente de fundamento jurídico alguno y por tanto tan arbitraria como injusta» y «extraordinariamente lesiva para los pescadores».

La inconsistencia de los informes científicos en que se basa la UE es uno de los principales argumentos que aduce el Gobierno español, quien mantiene abierta vías de impugnación de la normativa comunitaria.

El comisario de Pesca y Océanos Costas Kadis, que heredó esta polémica, parece dispuesta a enmendarse. Según apuntó recientemente en Bruselas propondrá una reforma legal para que el palangre, como arte fija, no tenga la consideración de aparejo de fondo y pueda volver a faenar en las zonas ahora vetadas. Se está a la espera que pase de las palabras a los hechos. n

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