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María Valdavida, maestra (64 años) sufrió un tromboembolismo masivo tras la vacuna del covid: “No pido culpables, solo dejar de ser invisible”

La avilesina María Valdavida, de 64 años, ha iniciado acciones legales para que su caso sea reconocido como accidente laboral

Tras la inyección, sufrió un tromboembolismo pulmonar masivo: "Me dijeron que los niveles eran incompatibles con la vida"

María Valdavida. Afectada tras vacunarse del Covid con AstraZeneca en Asturias: "No puedo conducir, tengo dolores constantes y cualquier esfuerzo me agota"

Mara Villamuza/ Amor Domínguez

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Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Avilés

María Valdavida tenía 59 años hace cinco. Era feliz dando clase enseñanza en el colegio de Campiello, en Piedras Blancas, cuando llegó la pandemia. Maestra de primaria, funcionaria, acostumbrada a no faltar nunca al trabajo pese a convivir con una fibromialgia controlada, formaba parte de ese grupo que sostuvo la educación en uno de los momentos más difíciles de la historia reciente.

No es negacionista. Tampoco antivacunas. Al contrario. Se vacunó convencida. “Lo hice por mis alumnos. Para protegerlos a ellos y a mi familia”, explica.

El 25 de marzo de 2021 a las 18.00 horas recibió la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca contra el covid como personal esencial. Era el protocolo. Era lo que tocaba. Era, también, lo que ella consideraba correcto.

Dos días después, la vida de esta avilesina dio un giro radical. Ingresó de urgencia en el Centro Médico, donde le correspondía por su seguro como docente. Le faltaba el aire. Presentaba un dolor intenso en el costado. El diagnóstico: tromboembolismo pulmonar masivo. “Me dijeron que los niveles eran incompatibles con la vida”, recuerda. Pidió que llamaran a sus dos hijas que viven fuera de Asturias. Quería despedirse de ellas.

Pero María resistió. A partir de ahí, comenzó un largo recorrido médico: pruebas, especialistas, más pruebas, incertidumbre. Nada parecía explicar el origen de los trombos. Ninguna causa clara. A día de hoy carece de cualquier documento o informe oficial que asocie sus variados síntomas a la vacuna recibida contra el covid.

Pasó de ser una mujer activa a vivir con disnea, agotamiento extremo, síncopes y limitaciones que le impiden incluso conducir o salir sola con normalidad. En sus analíticas de entonces figura déficit de vitamina S, un trastorno infrecuente y grave asociado con un mayor riesgo de coágulos sanguíneos. “Cuando pasó todo esto estaba de baja laboral por una caída, pero tenía buena salud”, certifica.

María Valdavida en Avilés

María Valdavida en Avilés / Mara Villamuza

Segunda dosis

A pesar de lo ocurrido, recibió la segunda dosis en junio de 2021. Un día 17. No por convicción, sino por falta de respuestas claras: “Nadie me decía qué hacer. Nadie se mojaba, y siguen sin hacerlo”, explica. Lo hizo anticoagulada, siguiendo indicaciones médicas verbales. De nuevo, a las 48 horas, volvió al hospital con síntomas similares a los de la primera vez. Las causas de su mal son ahora tan desconocidas como entonces.

Desde entonces, su vida cambió por completo. Fue jubilada de oficio en 2022. Tuvo que reorganizar su entorno familiar. Su día a día pasó a estar marcado por la enfermedad. Y, sin embargo, María insiste en algo: “No quiero dar lástima. Estoy viva. Y eso es lo importante”.

Con esfuerzo, rehabilitación y apoyo psicológico, ha logrado recuperar parte de su autonomía. Ha aprendido a vivir con sus limitaciones. A valorar el presente. Está casada, tiene dos hijas, dos nietas y un tercero en camino.

María Valdavida no pide culpables. No cuestiona la vacunación masiva. No se considera parte de ningún movimiento negacionista. De hecho, lo rechaza frontalmente.

“Me vacunaba todos los años de la gripe. Mis nietas están vacunadas. Yo no estoy en contra de las vacunas”, afirma. Lo que reclama es otra cosa: “Si no saben por qué ha pasado, que lo digan. Pero que no lo nieguen”.

Una asociación nacional

En 2024, María Valdavida encontró algo que no había tenido hasta entonces: otras personas como ella unidas en la asociación ATEAVA, Asociación formada por Trabajadores Esenciales Afectados por la Vacuna AstraZeneca. Se unió a una asociación de afectados. Descubrió que no estaba sola. Profesionales sanitarios, docentes, policías, militares…. Personas vacunadas por ser esenciales con una salud debilitada de una u otra forma. Valdavida considera que forma parte de este grupo.

Muchos, como ella, siguen sin reconocimiento oficial. “Lo peor no es la enfermedad”, dice. “Es que te hagan sentir que no existe, que es todo un problema de salud mental”, apunta.

María Valdavida ha decidido hablar. Sabe que su historia generará debate. Críticas. Comentarios de todo tipo. Pero no le importa. “No lo hago solo por mí”, asegura. “Lo hago por la gente que ha muerto y no puede contarlo, y por los que no tienen medios para defenderse. Porque yo puedo permitirme ciertos gastos, aunque quite el dinero de otra cosa, pero hay personas que se han quedado en muy mala situación”.

Ha iniciado también acciones legales para que su caso sea reconocido como accidente laboral. No sabe cómo terminará. Tampoco sabe cómo evolucionará su salud.

Mientras tanto, sigue pidiendo lo mismo que el primer día: ser escuchada. “Me pasó esto tras la vacunación, ya está. Pero sería necesario investigar por qué a mí sí, y a ti no, qué tenía mi cuerpo para esta reacción”. Valdavida quiere dejar de ser invisible.

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