Teresa Cónsul, levantada de la historia del siglo XVIII, cierra en Avilés la Selmana de les Lletres
Actores y público se congregan en la plaza de España para recrear la esencia de una dramaturga pionera justo antes de que un rayo cambiara el cielo de forma

Miki López

Un rayo como un cañonazo selló en el mediodía de este domingo el “flashmob” “A todos nos in-Theresa”, una colección de números dramáticos que mezclaron música, pasos de baile y un poco de comedia pasada por un micrófono a trompicones y la curiosidad del más de un centenar de personas que se juntaron en la plaza de España: la meta de la Selmana de les Lletres, el último acto del homenaje de Teresa Cónsul: una monja, teatrera y dieciochesca que interpretó María López Barrio.
-De Siero -dijo ella.
-Donde los Pitufos -apostilló Antón Caamaño ataviado como Baltasar Gaspar de Jovellanos.
Los dos -la monja y el ministro depurado- mantuvieron un diálogo entre fantasmal, metaliterario y de convicción crítica actual. Dos personas se echan la siesta y, cuando abren el ojo, están en un mundo que desconocen: Avilés al mediodía, con un poco de calor, ni una sola gota de agua excedida. Y el escritor Adolfo Camilo Díaz, como maestro de ceremonias. Y niños sentados en el suelo y los avilesinos montando un semicírculo como si ese “flashmob” fuera, en realidad, el fuego del hogar, el lugar de las leyendas y, sobremanera, las flores.
Y es que, poco a poco, a los pies de la monja y del ilustrado, el personal fue colocando calas que, poco a poco, fueron cobrando protagonismo en el diálogo, en el foco de los espectadores que no sabían, por ejemplo, que Teresa Cónsul -la autora reconocida este año por Política Lingüística- fue una religiosa que ofició en Oviedo, que escribió en castellano y en asturiano y de la que sólo se conserva una obra de título neoclásico: “Entremés representado en el Monasterio de Santa María de la Vega de Oviedo, el día de San Benito, con el que festejaron los días de su Abadesa, la Señora Doña Benita Merás, en el último año de su Prelacía, aquellas monjas”.
Tras la ensoñación histórica –“Estoy flipando”, decía la Cónsul con la voz y con el cuerpo de López Barrio- vinieron las pandereteras “de Avilés y de Corvera” de la asociación Caparines. Y, al final, las componentes de "La Caracola" moviendo sus cuerpos y provocando admiración entre los espectadores. Y entre número y número, hubo aplausos y niñas intentando bailar, y paisanas haciéndolo efectivamente al ritmo de la percusión de cuero y todo sin saber que sólo unos minutos después iba a caer el rayo sobre la torre de San Nicolás de Bari que iba a desencuadernar las campanas, que iba a parecer más un cañonazo que un meteoro normal y corriente.
“Parecía la guerra”, subrayó Aurora García justo cuando dejaba el Parche y se dirigía a su casa dominical.
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