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El Niemeyer estrena este viernes "What Darwin Missed", del artista y teórico de la imagen Joan Fontcuberta

El fotógrafo Joan Fontcuberta expone hasta el 13 de octubre una muestra que confronta imágenes reales de corales con creaciones de inteligencia artificial

Una de las piezas de la exposición

Una de las piezas de la exposición / Centro Niemeyer

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A. F. V.

El Centro Niemeyer estrena este viernes en su plaza la exposición "What Darwin Missed. Lo que Darwin pasó por alto", del fotógrafo Joan Fotcubierta. La muestra podrá ser visitada hasta el 13 de octubre durante el horario de apertura del complejo de la margen derecha.

"What Darwin Missed", comisariada por Antonio Tabernero, consiste, según su autor, "en la pequeña provocación de yuxtaponer una selección de fotografías de corales verdaderos con otra de corales inexistentes, generados con programas de IA, a los que se había solicitado la modelización de tipologías de corales que contravinieran la lógica darwinista. Como algunas morfologías coralinas reales pueden resultar muy inverosímiles para los profanos (por ejemplo, el género Zoanthus agrupa especímenes de apariencia absolutamente extraterrestre), el resultado viene a ser una especie de test lúdico que confronta al espectador con la dificultad de discernir entre la realidad y la invención, entre la naturaleza y el artificio, pero que también pone a prueba nuestro sentido común y los modelos de conocimiento empírico".

"La paradoja en todo este ejercicio es que la IA respetó el hecho de que los corales habían cautivado a Darwin no solo por su complejidad biológica, sino también por su belleza. Estructuras delicadas, simétricas y llenas de color que ocultan la lucha silenciosa por la supervivencia. Quizá por eso, más allá de los datos, Darwin intuyó en ellos la pulsión de una metáfora vigorosa: la persistencia de la vida frente a la adversidad, la belleza nacida del tiempo y la interdependencia imprescindible entre las especies. Hoy, en plena crisis climática, los corales vuelven a estar en el centro de la atención. Su fragilidad nos recuerda que la vida depende de un equilibrio precario. Y que, como Darwin aprendió hace casi dos siglos, aquellos humildes constructores marinos nos permiten reconocer las señales del tiempo profundo para leer la historia de la Tierra. En definitiva, una lección para comprender que lo más insignificante puede ayudarnos a ver el conjunto con una nueva claridad", expresa Fontcuberta.

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