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García Delgado, catedrático de la Nebrija: "Deberíamos dolernos de que las universidades públicas hayan dejado de tener la capacidad de atracción que habían tenido"

"En los primeros compases de la Transición accedieron a los puestos de poder político personas con mucho bagaje profesional y ahora eso se echa de menos"

José Luis García Delgado, este jueves, en el acto del Foro Jovellanos.

José Luis García Delgado, este jueves, en el acto del Foro Jovellanos. / Ángel González

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

El catedrático José Luis García Delgado (Madrid, 1944) -lo es de Economía Aplicada en la Universidad Nebrija- fue investido, en la tarde de este jueves, patrono de honor de la Fundación Foro Jovellanos, en Gijón. Antes de eso, conversa por teléfono con LA NUEVA ESPAÑA.

-Le van a nombrar patrono de honor.

-Y yo estoy encantado, ¿no? Porque esto es pura... Esto sí que es sociedad civil, iniciativas de la sociedad civil. No me refiero a este nombramiento mío, sino a haber ideado hace ya treinta años un foro como este que no ha dejado de hacer cosas y de proponer cosas y de invitar y de convocar, etcétera. Admirable, ¿no? De verdad, lo digo muy sinceramente. Conozco bien a su presidente, a Ignacio García-Arango Cienfuegos-Jovellanos. Yo le digo siempre que es la conciencia ciudadana de guardia. No hay más que leerle a él y Avelino Acero en las páginas de su periódico.

-Y además recuerdan a Jovellanos.

-Sí, sí, exactamente. Jovellanos es el español más ilustre, el mejor casi del siglo XVIII. Realmente de una pulcritud moral, de una exigencia intelectual, de un compromiso ciudadano, de una competencia técnica maravillosa, ¿no? Siempre es un ejemplo. Yo, mire, acabo de hacer ahora un trabajo sobre la economía de... Los dineros de Goya. Digamos, cómo Goya se desenvolvía domésticamente con su dinero. Lo que ganaba y cómo lo gastaba.

-¿Le iba bien?

-Le iba bien, sí, sí. Goya, en contra de ciertos estereotipos y de ciertos tópicos, es un hombre que ganó bastante dinero. Y le gustaba demostrar que tenía dinero, que había alcanzado un cierto estatus, ¿no? Y en absoluto murió pobre. Le decía todo esto porque, claro, su relación con Jovellanos fue estupenda. Desde que se encuentran en los años 80 del siglo XVIII y le encarga su retrato y los altares de la iglesia de Calatrava. Nadie ha captado mejor a Jovellanos que Goya. Así que, realmente, estar en la órbita jovellanista me hace muchísima ilusión y me honra mucho.

-Usted nació madrileño, pero hace años que decidió ser asturiano.

-Sí, asturiano de corazón, ¿no?

-¿A qué se debe esa asturianía suya?

-En Asturias tuve mi primera cátedra, mi primera mujer. En Asturias tengo a los amigos de toda la vida. En Oviedo está mi universidad. Me nombraron doctor "Honoris Causa" cuando ya marché a Madrid. La mi universidad es la de Oviedo. Y bueno, ahí tengo casina. Tengo casina en Asturias, claro, en Muros de Nalón. Hace ya 25 años que tengo ahí una casina que la disfruto mucho.

-Su charla va sobre la economía española durante los años democráticos.

-Creo que no se le ha dado suficiente importancia a la ley de la Reforma Política, que se aprobó primero en las Cortes y luego en referéndum.

-Las del famoso haraquiri.

-Exactamente, el haraquiri, pero después hubo un referéndum el 15 de diciembre del 76, que es el que abre la puerta a la Transición. O sea, la Transición tiene una puerta, que es la ley para la Reforma Política. Porque a partir de ahí se podrán convocar elecciones, se podrán legalizar los partidos, se podrán legalizar los sindicatos, se podrá hacer una campaña electoral en toda regla, la de mayo-junio, y podrá haber unas elecciones el 15 de junio, que son las elecciones que no se convocan para ser constituyentes, pero que fueron constituyentes. Y me presta mucho que en esa ley tuvieran mucha importancia dos asturianos, dos gijoneses: Torcuato Fernández Miranda, a la sazón, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, y Aurelio Menéndez, mi ministro de Educación. Participó, claro, en la redacción de la ley y estuvo en todos los tejemanejes: no solo había que hacer un proyecto, había que convencer a cuatrocientos y pico procuradores que votaran contra su propia supervivencia, claro. Imagínese pedir ahora a nuestros diputados que voten para que se autodisuelvan.

-¿Ha cambiado la capacidad de los políticos de entonces a acá?

-Sí, sobre todo en la primera parte de la Transición. Es verdad, se insiste mucho en eso, y yo creo que, en líneas generales, es verdad: en los primeros compases de la Transición -las dos o tres primeras legislaturas, sobre todo-, realmente accedieron a los puestos de poder político personas con mucho bagaje profesional y con gran relevancia pública. Y ahora, pues la verdad, eso se echa de menos. Se echa de menos porque ahora realmente uno coge los currículos, no solo de ministros, sino de muchos diputados, y notas que salvo estar al quite en su organización correspondiente, pues poco más han hecho.

-¿A qué cree que es debido?

-No soy ningún politólogo, y le puedo decir solo cosas muy intuitivas, no estudiadas... La exposición pública de quienes integran la clase política, quizá echa a algunas personas hacia atrás. La caída de la media pues también frena la incorporación a quienes están cívica y profesionalmente por encima. Dicen, bueno: “¿Por qué me voy a incorporarme a un cuerpo social que estoy por encima desde el punto de vista profesional o desde el punto de vista de relevancia pública?” Si bajamos a la gestión local encontramos que hay gente muy solidaria y con un gran sentido del servicio, y con un gran sentido del compromiso, del compromiso ciudadano, gestionando alcaldías de mayor o menor rango. Creo que en el nivel local se sostiene mucho mejor la gestión vocacional de la política que en el nivel general.

-Asturias, en aquellos de la Transición, estaba atravesada por la economía planificada.  

-Asturias es una de las regiones que está conociendo que necesita una mayor transformación porque durante muchos años, decenios enteros, efectivamente, como usted dice, había sido una región muy centrada en dos o tres actividades básicas: minería, siderurgia y sus aledaños correspondientes. Fui presidente de los convenios colectivos de Hunosa y de Ensidesa en la segunda mitad de los años setenta. Cada una de esas empresas tenía 25.000 trabajadores. Bueno, pues ahora, fíjense, Hunosa ha dejado casi de existir. Y en Ensidesa con tres o cuatro mil trabajadores produce tres o cuatro veces más que en aquellos años. La reconversión es obligada. Y en eso está, en encontrar nuevas vías de competitividad y de hacerse un lugar en el conjunto de la economía española

-¿Ahora dónde está el futuro?

-No trabajo especialmente el tema de la economía regional, pero creo que aquí hay un saber hacer que viene, digamos, de lo que han sido las industrias y las actividades fabriles precedentes anteriores que debía de ponerse en valor. Ese saber hacer acumulado generacionalmente en Asturias pues tendría que ponerse también en valor y encontrar fórmulas que permitieran dar cierta continuidad. Me refiero a que Asturias debería de pujar para convertirse en uno de los centros básicos de la industria de la defensa, debería de pujar para convertirse en uno de los centros básicos porque aquí hay un saber hacer, ¿no? Aquí hay un saber hacer en ese terreno.

-Es catedrático de la Nebrija, que abre escuela en Avilés.

-Sí, sí, una iniciativa que me parece estupenda, ¿no? Porque Avilés es una de las capitales asturianas. La conozco bien, porque desde Muros la frecuento mucho. Cuando vienen amigos que conocen poco Asturias y que tienen una imagen un poco tópica de Asturias, cuando les digo vámonos a pasar el día a Avilés, porque vamos a pasear por Avilés, os voy a enseñar una villa, una ciudad que merece la pena. Se quedan entusiasmados. Avilés es una ciudad con muchas cosas que mostrar. Potenciar un polo un polo universitario en Avilés, me parece un acierto extraordinario.

-Ya sabe que hay gente que cree que la universidad privada no debería de...

-Eso es absurdo. Lo que no debería de haber son universidades que no sean competentes, de esas en las que no se dé buena docencia y no se haga buena investigación ¿Por qué están creciendo las universidades privadas? Porque las universidades públicas han perdido calidad -algunas de ellas- y porque las universidades públicas no cubren toda la demanda en calidad y en cantidad que demanda la sociedad española. Poe eso, las universidades privadas se  aprovechan esa demanda no satisfecha. Yo que he trabajado cincuenta años en la universidad pública -llevo siete u ocho, en la privada- lo tengo muy claro: la universidad pública lo que tiene que hacer es mejorar calidad para competir. No hay que dolerse de que haya universidades privadas. De lo que deberíamos dolernos es de que las universidades públicas -centenarias muchas de ellas-, hayan dejado de tener, digamos, la capacidad de atracción que habían tenido en otros momentos.

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