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El fotógrafo Joan Fontcuberta, en Avilés: "La IA sirve para expandir mi creatividad como artista"

La exposición "What Darwin missed" en la plaza del Niemeyer presenta corales reales y ficticios hasta el 13 de octubre

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

El naturalista victoriano Charles Darwin se perdió por las islas Galápagos en 1835. “Estuvo unas pocas semanas”. El que habla es Joan Fontcuberta, el autor de la exposición “What Darwin missed” (Lo que Darwin pasó por alto), una colección de corales de verdad y de mentira que mostrarán todo su color y todas sus sombras en la plaza del Niemeyer: desde este viernes y hasta el próximo 13 de octubre. Fontcuberta aplaudió el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la creación fotográfica: “Para mí es una herramienta que me sirve para expandir mi creatividad. Considero que la cámara ahora se ve incrementada con otras posibilidades técnicas, como cuando apareció la tecnología digital que trastocó un poco el sistema de trabajo de los fotógrafos… Creo que estamos pasando de la fotografía como religión de verdad a la IA como laboratorio de sospecha. El problema no es que ahora de repente la IA mienta, sino que nos demuestra que la fotografía estaba mintiendo siempre”.

Darwin lo que observó de los corales lo dejó escrito en “La estructura y distribución de los arrecifes de coral” y, según explicó Fontcuberta estviernes a primera hora entre la lluvia y el viento, a través de esa observación pionera evidenció los primeros matices de su teoría de la evolución de las especias. “Lo que hago es fotografiar la naturaleza para llegar a la naturaleza de la fotografía”, apuntó el artista que, a mediodía, se paseó junto a los periodistas por una muestra de colonias de corales que, en realidad, es una muestra de lo que el ojo del espectador entiende que es una colonia de este tipo de animales. “Entiendo que la fotografía es una manera de pensar en el mundo, pensar en el momento. La fotografía ya no sólo representa el mundo, sino que crea realidad”, determinó Joan Fontcuberta. “Para mí, la imagen es una realidad paralela y hay que aprender a sobrevivir en ella. Mi trabajo vendría a ser como un kit de supervivencia en ese mundo arrasado por un tsunami de imágenes. Dicho esto, concretamente, cada proyecto mío trata de lo que sería una parcela de una supuesta enciclopedia”.

La enciclopedia que presenta en la plaza del Niemeyer Fontcuberta se sumerge en las profundidades de los mares y también en la de los algoritmos de la Inteligencia Artificial y da, con estas inmersiones, en esa “enciclopedia” de realidad tan subversiva como para poder completar eso que dejó a medias a Darwin en sus primeros viajes por el Pacífico: tortugas legendarias y corales como extraídos de planetas olvidado. “Esta es una enciclopedia de cosas que nunca existieron: he trabajado sobre botánicas inventadas, faunas inventadas, sobre astronomías inventadas…”

“Me pregunto: ¿Qué hubiese pasado si Darwin, en vez de estarse solo unas pocas semanas en las Galápagos, se hubiese pasado un año? A lo mejor hubiese encontrado otros corales: ahora se están encontrando variedades distintas, unas de tipo natural y otras que evolucionan debido al cambio climático, a la contaminación, etc. Si hubiese tenido esa perspectiva de la que hoy disponemos, Darwin hubiese modificado de alguna manera su forma de interpretar la adaptación al entorno, estoy seguro. Entonces es ahí donde, de una forma absolutamente especulativa y utilizando inteligencia artificial, yo pongo esos datos y le digo al programa que genere otros corales no descubiertos por Darwin”, reconoció.

La creación de un mundo posible

Joan Fontcuberta explicó a los periodistas delante de la primera reproducción animal de su muestra (corales tan avilesinos como la longaniza de Tataguyo, corales que pudieran encontrarse en el más que profundo cañón de Avilés: 4.500 metros de caída a ocho millas sentido Norte a la salida de la bocana): “Estoy trabajando con algoritmos desde hace más de veinticinco años. Para mí es una herramienta de trabajo, un instrumento que me sirve para expandir mi creativdad, pero sin renunciar, sin reemplazar lo que ya tenía”, aseguró subiéndose la cremallera de la cazadora: a mediodía en la plaza abierta a los hombres y mujeres de todo el mundo corre un gris como para enfundarse “una chaquetita”.

El autor de la obra expuesta en la plaza del Niemeyer hace suya la teoría pragmática de los mundos posibles, es decir, los escenarios, situaciones o estados de cosas que podría existir o ser verdaderos, aunque no sea el caso en la realidad actual.

Empezó echando mano del fotógrafo alemán Alfred Gerard, “un profesor de la Bauhaus, que era pintor, fotógrafo, cineasta, tipógrafo, diseñador”, apuntó Fontcuberta y luego añadió: “Todo esto empezó hace dos años bajo el impulso de lo que Gerard dejó antes de morir. Los de su fundación invitan cada año a un artista a bucear en los archivos y utilizarlos como fuente para alguna obra de creación nueva”. A este respecto, Fontcuberta contó que se había fijado en los corales que había retratado Gerard: “Me atrajeron porque tenían toda una dimensión simbólica, mágica, histórica, etc. Los corales fueron piezas requeridas en los gabinetes de curiosidades, eran talismanes, se asociaban a motivos religiosos, esotéricos”, relacionó.

La magia

Fontcuberta siguió con su explicación: “La morfología de los corales muchas veces es extraterrestres; son unos corales absolutamente increíbles, fantásticos, absolutamente delirantes. O sea, si no eres un experto, si no eres un biólogo marino, pues te piensas que eso son puras invenciones, y en cambio son colonias de corales que viven en unas determinadas aguas profundas y que tienen unas formas absolutamente desquiciadas”, subrayó el fotógrafo.

“Para mí el mandato de un creador es de transmitir y compartir: una cosa es la cocina, la fabricación, pero donde yo realmente disfruto es cuando puedo exponer esto al público y me veo confrontado con lecturas diferentes, porque en realidad yo propongo, pero el espectador dispone. O sea, yo lo que hago es dar unos estímulos y esperar como unos ‘feedbacks’, esperar unas posibles lecturas que seguramente rebasan mi propio propósito. Y eso para mí es el poder del arte. O sea, si mis obras solo dicen lo que yo preveía, es muy pobre. Esas obras tienen que hablar con diferentes públicos en diferentes momentos, a diferentes generaciones y proyectarse incluso en la historia".

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