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Javier Cámara, en la Cátedra de Cine de Avilés: "Me hace grande poder ver a los más grandes"

El actor riojano recorre su carrera como intérprete en el teatro Palacio Valdés: "Empecé después de suspender todas en COU"

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Lo había contado muchas veces, pero también ayer tuvo la oportunidad de hacerlo: en el teatro Palacio Valdés. "Mi madre me metió en el bolsillo 25.000 pesetas y luego me dijo: ya no hay más". El que contó esto fue el actor Javier Cámara, que ayer fue el protagonista de una conversación pública en el odeón avilesino que dirigió la periodista Paula Ponga, la subdirectora de la Cátedra de Cine de la Universidad de Oviedo.

Recordó con aquella entrega de capital su viaje primero a Madrid, a la Real Escuela de Arte Dramático, donde acudió, dijo, después de "suspender todas las asignaturas de COU". "Tuve una adolescencia bastante complicada", reconoció ante una platea que aplaudió cada una de las anécdotas que fue destilando con un pequeño empujoncito de Ponga. "Nos teníamos ganas", resumió el protagonista de, por ejemplo, "Hable con ella" o "Vania x Vania".

Cámara, en la Escuela de Arte Dramático.  | CEDIDA A LNE

Cámara, en la Escuela de Arte Dramático. | CEDIDA A LNE

Previamente a la conversación en Avilés, Cámara estuvo con los aprendices de actores de la Escuela de Arte Dramático de Asturias. Allí habló a los que ambicicionan alcanzar la posición de la que disfruta de uno de sus secretos para moverse en la profesión: "Me hace grande contemplar el trabajo de los que son grandes", dijo. Y también dijo que él "no es nada envidioso", si no todo lo contrario. Habló de que le "gustaría devolver a la vida" a actores como José Isbert, José Luis López Vázquez... "Ay, Fernán-Gómez... si no habéis leído sus memorias – "El tiempo amarillo"– estáis tardando en ir a una librería", recomendó.

Cámara confesó que "lo de ser actor" le llegó tarde. Que fue cosa de haber tardado en encontrar su lugar en el mundo. Que lo halló en la compañía "Teatro Pobre". "Me dijeron: ‘En la RESAD sólo se necesita BUP’. ‘¿Ah, pero esto se estudia?’, respondí".

Eso, el choque del chaval de un pueblo de La Rioja salió mucho en la conversación de Ponga y de Cámara. Porque mencionó lo nervioso que estaba por "querer tocar el vestido de Meryl Streep", pero también por "un buenos días" a destiempo "y un taper con costillas que olía que alimentaba" en su primer vagón del Metro, cuando se dirigía a las aulas de su futura escuela, en el teatro Real antes de la reforma.

Cuando se terminaron aquellas 25.000 pesetas, Cámara se hizo acomodador en el Fígaro. "Y supe que el teatro era un templo".

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