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Peris-Mencheta se trae todos los universos al Niemeyer

“He dejado al capitán Trueno y ahora seré un abogado ‘pringao’ en mi próxima película”, dice el director de “Constelaciones” y “Una noche sin luna”

Los protagonistas de "Constelaciones", Paula Muñoz y Jordi Coll

Los protagonistas de "Constelaciones", Paula Muñoz y Jordi Coll / Lne

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

El director de escena Sergio Peris-Mencheta (Madrid, 1975) tiene ahora mismo tres espectáculos rodando por todo el país. Y, además, este martes termina su próxima película. “Hago de un abogado donostiarra que viaja a Islandia con dos millones de dólares para cerrar la compra de una factoría de bacalao”, cuenta. Es un abogado sin éxito y vasco. Y esto último es importante porque la película se desarrolla en 2015 en Islandia, unos días antes de que se derogase la ley que permitía matar oficialmente a los vascos en aquella isla. “Una ley que había quedado traspapelada durante cuatrocientos años”, aclara Peris-Mencheta al otro lado del teléfono. “He dejado de ser el capitán Trueno y ahora soy un ‘pringao’”, se reconforta. La película se llama “Hólmavík”, que es una comedia negra, un “nordic-noir”, pero también el nombre del pueblo al que viaja el abogado que coincide allí con Eric Cantona y con Ingrid García Jonsson.

“Es muy ‘Fargo’”, explica sabiendo que habla de algo que vendrá mucho después (en 2027). Lo de ahora, de lo que Peris-Mencheta habla con LA NUEVA ESPAÑA, es de que este viernes (20.00 horas) el auditorio del Centro Niemeyer programa “Constelaciones”, que es su penúltimo espectáculo porque el último último es “Una noche sin luna”, que acaba de reestrenar: un soliloquio magistral de Juan Diego Botto bajo el manto de García Lorca y su asesinato.

“Constelaciones”, el motivo del regreso del madrileño a Avilés, es una comedia del dramaturgo británico Nick Payne que se centra en un montón de historias de amor y otro montón de universos paralelos: una física y un apicultor, un maestro de ceremonias con la voz de Litus. Y música. Música de Joan Miquel Pérez, Ferran Gonzalez y el propio Litus. “Es la tercera vez que trabaja en la escena conmigo”, apunta Peris-Mencheta. Habla de “La puerta de al lado” y de “Lehman Trilogy” -dos obras estrenadas en el teatro Palacio Valdés-: “Aquí, en ‘Constelaciones’, es el maestro de ceremonias. Es un tipo de un talento enorme”, apostilla.

Sergio Perís-Mencheta

Sergio Perís-Mencheta / Rubén Martín

“Constelaciones” es sólo uno de los espectáculos que Peris-Mencheta tiene estas semanas sobre los escenarios. Los otros son “Blaubeeren”, una tragedia sobre el deber cumplido al otro lado de los muros de un campo de concentración, que también se estrenó en el teatro Palacio Valdés- y “Una noche sin luna”, que es un reestreno a lleno diario desde casi casi el momento en que se anunció su regreso a las carteleras. De momento, en el Español, pero eso sólo de momento. “Existen muchas ganas de ver teatro en vivo”, admite el director de escena. “Pero no sólo teatro”, apostilla. Menciona los conciertos. Menciona salir a la calle.

¿Qué línea une espectáculos tan heterogéneos como “Constelaciones” con “Blaubeeren” o “Una noche sin luna”? Peris-Mencheta habla que “las ganas de jugar” y a continuación admite que “la realidad te puede llevar por delante”. Y pone el ejemplo de “Blaubeeren”, el drama en torno al descubrimiento de un álbum de fotos de unos nazis que trabajaban en un campo de exterminio por la mañana, pero por la tarde esos mismos asesinos jugaban con sus hijos como si tal cosa, un espectáculo de Moisés Kaufman y Amanda Gronich que empezó a cocinarse “hace tres años” hasta que, en mayo pasado se vio por primera vez en el teatro Palacio Valdés.

Admite, sin embargo, que todo ese tiempo que va entre su deseo de contar la historia y el momento de llevarla a cabo se vio influenciada por la propia realidad: “Vino Gaza y, después, eso que algunos llamamos genocidio”.

Peris-Mencheta publicó hace “ya casi un año” sus “730 días” (Planeta), un ejercicio memorialístico atravesado por su convalecencia como enfermo de leucemia. “No esperaba que iba a hacer un libro como este y menos a los cincuenta años”, apunta. Esta relación de su vida como paciente y de sus alrededores correspondientes han levantado un nuevo telón en el escenario que es su vida. “He dejado de ser el Cid, el Gran Capitán, el capitán Trueno… ahora, como el año pasado, me he metido con este ‘pringao’ de ‘Homelvik’”. Pero ni tan mal: el campeón de rugby -estuvo en la selección española representando al Liceo Francés- ahora es uno de los seguidores más fervientes de la liga. No se lo pierde. Y también colabora con asiduidad en el programa “Sukha” de La 2 de Televisión Española: “Unos pequeños editoriales dramatizados, pero sin humor. Eso lo hacen mejor los humoristas”, sonríe.

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