La historia del bebé que estrenó la incubadora del Hospital San Agustín de Avilés y el orgullo de su madre (ambos ya fallecidos): "Siempre que podía, presumía de ello"
"El colchón de la incubadora era tan nuevo, tan duro, que le hacía heridas en las piernas; al estar sin usar, le rozaba", recuerda Sandra Escudero, hermana del primer niño prematuro del hospital

El Hospital San Agustín. En el recuadro, Tino Escudero y María del Carmen Palomino. / LNE
Hay historias que una familia repite tanto que acaban convirtiéndose en parte de su identidad. En casa de Sandra Escudero Palomino, esa historia es la del día en que su madre, María del Carmen Palomino, dio a luz a su hijo Florentino antes de tiempo y estrenó, literalmente, la incubadora del recién inaugurado Hospital San Agustín de Avilés. Era el 7 de febrero de 1976. El hospital llevaba apenas unos días abierto.
"Cuando lo pasan a la incubadora, le dicen a mi madre y a mi abuela que ese niño la estrenaba, que estaba sin tocar", recuerda Sandra Escudero, la tercera de los cuatro hermanos que parió Palomino. El pequeño Tino -"no le gustaba nada que le llamasen Florentino"- había nacido de ocho meses, prematuro, y necesitaba cuidados intensivos. Pero ni la incubadora ni el colchoncito que la acompañaba habían sido usados nunca. "Era tan nuevo, tan duro, que le hacía heridas en las piernas. Al estar sin usar, le rozaba", cuenta Sandra, repitiendo las palabras exactas con las que su madre describía aquellos días cada vez que salía el tema.
Uno de los número de historia más bajos
María del Carmen Palomino era de Palencia, pero había llegado a Avilés con su padre, su hermano y su abuela, buscando un futuro próspero al calor de las chimeneas de Ensidesa. Su hija mayor, Mónica, había nacido en el hospital de la Caridad (hoy Fundación Hospital de Avilés). Tino fue el primero en ver el mundo desde el San Agustín. Y allí, entre sábanas nuevas y paredes que aún olían a estreno, María del Carmen encontró un motivo de orgullo que no olvidó jamás. "Mi madre siempre que podía, presumía de ello. Decía que era uno de los historiales más bajos del hospital, que era de los primeros. Lo llevaba con orgullo. Eso, y que todo allí era nuevo, hasta la cama", recuerda Escudero.
El 23-F y un parto entre el jaleo del golpe
La historia familiar con el San Agustín no acabó con Tino. Sandra nació allí el pleno golpe de estado del 23 de febrero de 1981, aunque con un matiz: llegó al mundo exactamente a medianoche, cuando el 23-F ya se convertía en 24-F. "Mi madre recordaba que allí estaban más pendientes de lo que pasaba en el mundo que del parto, que finalmente tuvo que hacerse por cesárea", ríe, la tercera de una familia que también pasó complicaciones para conocer a su cuarto hermano, Luis: "También nació en el San Agustín, fue muy prematuro y hubo muchas complicaciones".
El hospital no solo estuvo en los comienzos de sus vidas. Con ocho años, a Sandra le diagnosticaron déficit de hormona del crecimiento. "El doctor Hernando se puso manos a la obra y preparó con su equipo un tratamiento que se prolongó durante once años, desde los siete hasta los dieciocho. Todos los días me ponía inyecciones", rememora de un proceso que culminó de manera exitosa.
El final, en el mismo lugar donde empezó todo
El hospital también ha sido testigo de la parte más dura para la familia Escudero Palomino. Tino, aquel bebé que estrenó la incubadora, fue diagnosticado de cáncer en el propio San Agustín décadas después. Siguió tratamiento en el HUCA, en Oviedo, y tras diversos ingresos, muchos de ellos en el centro de referencia avilesino, falleció el 25 de octubre de 2022 en el hospital de la Caridad, adonde le habían trasladado desde el San Agustín solo un día antes. Tenía 46 años. María del Carmen, que tanto había presumido de aquel historial con número bajo, murió el 4 de marzo de 2025, también en el San Agustín.
"El San Agustín vio nacer a mi hermano Tino, mi madre dio a luz allí, los dos han pasado por allí al final de sus vidas...", resume Sandra con una serenidad que cuesta mantener. "Mi madre estaría superorgullosa de todo esto. Sé que le habría encantado contar esta historia en el periódico, coincidiendo con los 50 años del hospital", relata desde el otro lado del teléfono la avilesina, que pese a todo, solo encuentra palabras de agradecimiento para referirse al San Agustín: "Desde la familia queremos agradecer al hospital lo bien que trataron a mi hermano, todo lo que han hecho por él y por mi madre y por todos nosotros".
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