Rakel Camacho, dirige este viernes en el teatro Palacio Valdés: "El teatro me permite abrir un mundo nuevo a partir de la realidad"
"Creo que mis amargas lágrimas de Petra von Kant son menos barrocas que las del propio Fassbinder"

Rakel Camacho, en una imagen promocional. / Cedida a LNE

Rakel Camacho (Albacete, 1979) es la directora de "Las amargas lágrimas de Petra von Kant", que programa el teatro Palacio Valdés este viernes (20.00 horas). Conversa con LA NUEVA ESPAÑA por teléfono.
Lo último que vimos de usted en Avilés fue “Fuenteovejuna”. Este viernes presenta “Las amargas lágrimas de Petra von Kant”. ¿Cómo casan estos dos proyectos?
Bueno, pues tengo que decir que cuando me enteré de que iba a dirigir con “Fuenteovejuna”, ya tenía bastante avanzado todo el trabajo artístico de esto: de “Las amargas lágrimas”. Ya lo había empezado. Tengo que decir que Fassbinder era un fiel admirador de nuestro teatro clásico y barroco y que a él le hubiera encantado ser como Lope de Vega y como Calderón: un artista prolífico, escribir tantas obras, hacer tantas películas. O sea, que había una conexión entre ellos. Y luego hay que hablar de todo el mundo de Fassbinder, de todo ese trabajo de los opuestos, de los contrarios, de llevar las emociones al extremo a nivel actoral. Todo eso me vino realmente bien. Fue un viaje curioso poderlo sumar a “Fuenteovejuna”. Ambos universos contienen un trabajo de extremo interesante.
La siguiente pregunta va también de universos: el suyo propio. ¿Qué deben tener las obras que no son suyas para que usted quiera hacerlas suyas?
¿Qué deben tener? Pues, mire. En primer lugar, yo siempre digo que cuando una obra sobre el papel me supone un reto, yo la quiero dirigir. ¿Por qué? Porque entiendo que el universo de la autora se va a poner en comunicación con mi universo y que de ahí va a salir algo interesante, algo donde desde la palabra no se me diga exactamente qué tengo que hacer, ¿no? O sea, que no sea algo muy guiado. Por eso me gustan las adaptaciones de las novelas también. Por eso me gusta que haya una referencia fuerte, como en el caso de “Fuenteovejuna” y “Las amargas lágrimas”. Ambas obras muy conocidas, muy de culto, aunque sea por una minoría. Yo siempre pienso que Fassbinder es admirado y venerado por una minoría porque siento que no se ha comprendido a veces demasiado bien, sobre todo en ese momento en el que él crea esa gran revolución. Mire, la revolución también la tendrían en común “Fuenteovejuna” y “Las amargas lágrimas”.
Fassbinder tuvo su momento álgido en los setenta, pero hubo un momento en que se apagó. ¿Qué pasó?
Fassbinder fue maestro, guía y referente de muchos artistas que vinieron después, sobre todo en el mundo de los cineastas. El primer ejemplo es Almodóvar: Almodóvar creció de la gran semilla de Fassbinder. La regó y la hizo suya. Cogió todo ese mundo de mujeres, todas esas emociones a flor de piel para contarlas a través de historias donde hay mucha sensibilidad, mucha, mucha… y luego hay también una fuerza tremenda y una crueldad también.
Estuve leyendo que “Las amargas lágrimas” y “Fuenteovejuna” se caracterizan por su barroquismo.
Yo creo que mis amargas lágrimas de Petra von Kant son menos barrocas de “Las amargas lágrimas de Petra von Kant”, de Fassbinder. O sea, creo que él era sumamente barroco. Barroco en el sentido del detalle, de acumular detalles. Es verdad que es un lenguaje diferente, el escenario necesita otra cosa. El espectador de teatro está asistiendo a un espectáculo vivo y necesita estímulos escénicos. Y toda esa idea del primer plano que aparece en su película, como trabajan ahí las actrices, es otra cosa. No tenemos el primer plano en el teatro, tenemos otro tipo de envergadura. Sí se ha dicho del espectáculo, es cierto, que puede ser barroco, pero en la cantidad de estímulos que hay, en la grandilocuencia, también hay una estética “camp” muy fuerte, que habla de ese mundo también del cabaret alemán, como ruptura. Que eso es una decisión mía, porque no está tan presente. Aunque bueno, no está presente y sí está presente en la idiosincrasia de Fassbinder, que decía que desde pequeño se sentía una vedette, desde los siete años, y que así se había quedado. Él decía que hacía las películas como si fueran obras de teatro, y las obras de teatro como si fueran películas. Y estoy súper de acuerdo.
¿Cómo es esto de trabajar con un reparto de superactrices como el que tiene?
Es maravilloso porque, claro, actrices de tanta trayectoria, de tanta sabiduría, que también son iconos, como Ana Torrent, y que se entregan a hacer trabajos más arriesgados, pues es muy interesante. El reparto siempre es el mayor acierto de la dirección. Yo siempre lo he entendido desde ahí. Creo que eso es lo primero, que sin eso no hacemos nada en la dirección.
Llevan con “Las amargas lágrimas de Petra von Kant” un tiempín.
Creo que ha habido una buena gira, pero podría haber habido muchísima más también: es una obra que gusta muchísimo allá donde va. Es una historia de mujeres que en su momento fue muy revolucionaria, en el año 72, porque fueran mujeres, el amor entre mujeres. Sin embargo, lo que Fassbinder viene a contar son las emociones. Él dice que sean mujeres precisamente por crear una diferencia interesante en la época. Hoy en día eso no es la parte importante de la función, pero para él era absolutamente igual el trabajo de las mujeres que de los hombres en cuanto a las emociones. Los personajes de “Las amargas lágrimas” tienen una manera de entender la vida que es auténtica: no hay juicio hacia su comportamiento, todas están sumamente argumentadas y defendidas. Te vas con todas, las comprendes a todas. Ese abanico de posibilidades que se plantea con estos diferentes tipos de mujeres me parece que es algo bonito.
¿Qué le da el teatro?
En primer lugar, la posibilidad de crear un mundo. El elemento común que tienen mis obras es la intención de crear un mundo nuevo que parte de una realidad, pero que en el escenario abre la puerta a una realidad que no es la del día a día.
¿Qué está haciendo ahora?
Ahora estoy ensayando “Palabra de perro”, de Juan Mayorga. Es un pedazo de reto también, precioso. Es una obra nueva a partir del “Coloquio de los perros”, de Cervantes. La verdad es que es una delicia. Aquí vuelve a aparecer el tema de un sistema de poder, de poderosos, de oprimidos. Parece que es un tema bastante recurrente en todas mis obras. Esta obra se va a estrenar en el Festival de Almagro. Tiene algunas funciones previas, como el Festival de Peñíscola. Tiene ya también que ir a Barcelona y tiene ya una gira nacional que se está construyendo ahora.
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