Juan Muñiz, entrenador de balonmano, director de las Doroteas y hermano mayor de la Cofradía del Santo Entierro de Avilés: "Siempre me gustó entrenar pero en bachiller hice clic; vi que mis amigos progresaban y yo no podía quedarme atrás"
"Tuve ofertas deportivas mareantes, pero prioricé lo profesional; no podía dejar un buen proyecto educativo por algo que podía salir mal"
"Siempre digo que el golpe de Estado lo salvé yo; estaba en la mili y me dijeron que entrara de guardia"

Juan Muñiz, en el parque del Muelle de Avilés. / Mara Villamuza
Juan Muñiz (Avilés, 1961) es una institución en su ciudad. Prueba de ello es que, acomodado en la terraza de un céntrico bar avilesino, no para de recibir saludos. Niños, adolescentes, padres, personas mayores... todos le conocen y hablan maravillas de él. A lo largo de su vida este avilesino ha tocado muchos palos, siempre ligado al deporte. No en vano es hijo de dos de los pioneros de la actividad deportiva en Avilés, Toso Muñiz y Margarita Cuervo. Pero Juan no se ciñó solo a ese campo. Director de Las Doroteas, también es hermano mayor de la cofradía del Santo Entierro e incluso probó fortuna en política. Además, vivió de lleno uno de los episodios más singulares de la historia reciente de España: el golpe de estado del 23-F. Entre saludo y saludo repasa su extensa trayectoria con LA NUEVA ESPAÑA.

Juan Muñiz, en la plaza Pedro Menéndez. / Mara Villamuza
Criado en el Carbayedo.
"Nací el 24 de septiembre de 1961 en el Carbayedo. Siempre recuerdo a mis padres trabajando; mi padre estuvo en Ensidesa y mi madre, en una notaría. De pequeño los vi poco. Me crié dentro de la Atlética Avilesina; mi padre ya era el presidente y yo crecí en ese ambiente. No tengo ningún recuerdo concreto dentro de casa, pero en la Atlética los tengo por cientos. Aprendí a leer allí".
Una vida siempre ligada al deporte.
"Mi infancia la pasé pegado a una cancha y con un balón en la mano. Mis padres me dieron mucha libertad para hacer lo que quisiese. Un día caí en el Cristo de las Cadenas y nadie fue a por mí, se tuvo que acercar un directivo de la Atlética. Era el hijo de Toso y Margarita y todo el mundo estaba un poco pendiente de mí".
Sus padres, pioneros del deporte avilesino.
"Era complicado, porque al final todo el mundo me identificaba por ser hijo de quien era. Lo llevo con mucho orgullo, estoy orgulloso de mis padres y de la educación que me dieron. Siempre tuve libertad para elegir mi camino, nunca me dijeron qué hacer. A ellos les hubiese encantado que fuese atleta, pero a mí me dio por el balonmano. Ahora, que ya soy mayor, lo siento con más orgullo todavía. De joven sí que tienes ganas de rebelarte, de que te conozcan por tu nombre".

Juan Muñiz junto a su padre, Toso Muñiz. / J. M.
Los estudios.
"Empecé en el Palacio Valdés y, en Primaria, pasé al San Fernando. Siempre digo que yo no estudiaba, yo transportaba libros. No era buen estudiante, mi vida siempre estuvo enfocada al deporte. Eso sí, me di cuenta de que debía tener una formación académica. No me costaba estudiar, lo que me costaba era ponerme a ello. Cabeza tenía, lo que no tenía eran ganas. Nunca fui un estudiante modélico. Ahora se lo digo a mis alumnos, no me pueden contar coartadas cuando suspenden porque me las sé todas. En Bachiller hice clic. Vi que mis amigos tenían ciertas opciones de progresar en la vida y que yo podía quedarme en tierra de nadie, por eso me puse más en serio. Hice Magisterio por Educación Física y, posteriormente, estudié un máster en Barcelona. Además, saqué el título de entrenador nacional, a lo que sumé otras formaciones a nivel deportivo".
La adolescencia.
"Esa época me la pasé todo el día en la calle, sobre todo en La Exposición. Teníamos baloncesto, balonmano, atletismo, halterofilia, boxeo… Hice mil veces guantes con Dacal. La Atlética era una familia muy grande donde se podían hacer muchas cosas. Creo que es algo que, por desgracia, se está perdiendo. Antes los críos se subían a los árboles, se tiraban piedras… Estábamos más en la calle y creo que eso ayudó a nuestra formación. Ahora eso no se ve. Alguna vez te caías, te hacías una brecha, pero seguías jugando. Ya no pasan esas cosas".

El avilesino cuando era pequeño. / J. M.
La docencia.
"Siempre me gustó entrenar, fue algo en lo que empecé muy pronto, a ser entrenador de balonmano. Me gusta sentir esa responsabilidad e intentar mejorar a mis jugadores. Además, siempre me gustó trabajar con la juventud, por eso me dediqué a la docencia. Estudié en Oviedo, pero me pasaba como en el colegio. Yo iba a los exámenes a intentar aprobar. Eso sí, pronto empecé a dar actividades extraescolares en varios colegios".
El balonmano.
"Dicen que se me daba muy bien al fútbol, podía haber jugado en el Avilés. Intentaron convencer a mi padre, pero yo era feliz con el balonmano. En realidad, se me daban bien casi todos los deportes, era algo que disfrutaba mucho. En el balonmano hice muchos amigos. Es un deporte duro, de contacto, pero noble, donde el compañerismo es importante. Nunca me cerré a otras cosas, pero siempre tiré por el balonmano. Tuve grandes entrenadores, pero lo cierto es que siempre me funcionó la intuición. Me enganchó el ritmo que tiene, que tocas muchas veces el balón".
Los primeros pasos en el mundo laboral.
"Empecé en el colegio Santo Tomás a dar clases de balonmano, luego cogí alguna hora de Educación Física y, al estar ahí, un día que se quedaron sin profesora decidieron darme la oportunidad. Empecé con 21 años a dar clase y aquí sigo. Compatibilicé dos colegios, el Santo Tomás y las Doroteas".
El crecimiento en los banquillos.
"Cuando jugaba ya entrenaba a cadetes, incluso conseguimos llegar dos veces a la fase final del Campeonato de España. Si hubiese querido jugar más, lo podía haber hecho. Me retiré joven, pero es que me gustaba mucho más entrenar. Ahora, echando la vista atrás, quizás pude haber fichado por algún otro equipo cuando empecé de entrenador. Mi padre nunca me puso problemas para salir de la Atlética, pero me fastidiaba dejar a mis amigos. Yo me lo pasaba muy bien allí".

Durante el servicio militar. / J. M.
Más joven que sus jugadores.
"Nunca tuve grandes problemas por tener una plantilla mayor que yo. La mejor forma para ello es explicar las cosas claras. Los jugadores son listos, saben perfectamente cuándo les estás engañando o les estás contando una batallita. Hay que mostrarse sincero y tratar de ser lo más justo posible con ellos, aunque haya veces que no lo seas".
La Atlética, mejor club de España.
"El día que el Rey le dio a mi padre la Copa Stadium, título que se entrega al mejor club de España, fui de los pocos que no viajó a Madrid. Ese día tenía partido y lo primero era eso. Fue toda la junta directiva, pero yo me quedé porque tenía que entrenar".
Su fichaje por Ademar León.
"Cuando me surgió la oportunidad de irme al Ademar León, mi padre dijo que la Atlética tenía que ganar un dinero por dejarme marchar. Yo tenía negociado un contrato, pero mi padre quería que pagasen algo al club. ¿A quién le quitaron ese dinero? A mí. El club leonés no podía pagarlo y me lo descontaron a mí. ¿Qué vas a hacer? Siempre tuve claro que la prioridad de mi casa era la Atlética. Me recomendó otro entrenador gallego para ir a Ademar. Cuando me llamaron para ficharme me sorprendió, de primeras pensé que era para organizar un amistoso. Fue una etapa muy bonita, pero también muy dura. El balonmano en León tiene mucho tirón y mucha prensa. Salía a las cinco de la tarde de Avilés, cogía mi coche e iba a entrenar a León de ocho a once de la noche. Me volvía y, al día siguiente, a las ocho y media de la mañana, me tocaba dar clase. Iba cuatro días por semana, más los fines de semana. Los cogí últimos y en dos años y medio los dejamos jugando una promoción de ascenso a División de Honor. Fue una experiencia muy bonita".
El Grupo Covadonga.
"Fue otra llamada que me sorprendió. Tras Ademar volví a la Atlética y el Grupo Covadonga estaba una categoría por encima de nosotros. Nuestro club estaba bien estructurado, por lo que no había ningún problema porque me fuese. Mi padre ya no era el presidente y menos mal, porque seguramente no me hubiese dejado marchar. Fue un buen momento para salir. Estuve dos años en Gijón , que viví con gran satisfacción. Fue una experiencia diferente a la de León, pero me trataron genial".
Cerrar puertas lejos de Avilés.
"Tuve ofertas que fueron difíciles de rechazar, eran mareantes, pero a mí me gusta mucho dar clase, me encanta estar con mis alumnos. Prioricé mi vida profesional antes que mi carrera deportiva en el balonmano. En esa época ya era jefe de estudios en las Doroteas, era dejar un buen proyecto educativo por una oferta que podía salir bien o mal. A lo mejor en cuatro meses estaba en casa. Además, yo soy muy de Avilés. Me gusta viajar, es el único vicio que tengo, pero si tengo que pasar dos semanas lejos de Avilés me cuesta".
La Semana Santa.
"Mi relación con la Semana Santa empezó como la de muchos chavales de la ciudad, con los San Juaninos. En mi casa son católicos, aunque nunca me impusieron creencias. Empecé con los San Juaninos y allí hice muchas amistades. Aquella Semana Santa no tenía nada que ver con la de ahora, había muy poca gente. En mi primer año ya cargué con San Juan y me acuerdo de que, por ejemplo, en La Ferrería, la gente nos tiraba botellas de cerca delante del paso. Teníamos compañeros que iban barriendo delante para que no nos cortásemos. Poco a poco se fueron haciendo las cosas bien desde todas las cofradías para cambiar esa imagen. Estuve muchos años en San Juan hasta que me casé. Ese año salimos muchos amigos de la cofradía, pero queríamos seguir trabajando por la Semana Santa, tanto por nuestra vocación católica y creyente como porque entendíamos que había que mantener vivas las tradiciones de nuestra ciudad. Nos fuimos todos a la cofradía que, en aquel momento, disponía de menos cofrades: el Santo Entierro. Ahora la Semana Santa está cogiendo un auge impresionante, las hermandades lo estamos haciendo francamente bien. Todos tenemos una idea común: defender y proteger la que creemos que es la mejor Semana Santa de Asturias".
El amor le surgió en el colegio.
"A mi mujer, Sandra, la conocí trabajando. Nos empezaron a surgir proyectos en común, campamentos y convivencias, y nos fuimos conociendo. Compaginamos muy bien. Siempre digo que hay que casarse, uno no puede ser feliz solo toda la vida. Nunca nos surgió tener hijos, no vinieron y ya está. Tenemos suficientes alumnos como para pensar en más críos".
Los ascensos, su mejor momento.
"Tuvimos un ascenso en La Magdalena, contra el Palautordera, con el pabellón hasta arriba, que no se me olvidará nunca. Ese partido fue muy importante porque teníamos un equipo con mucha gente de Avilés, muy joven y que hacía las cosas francamente bien. Hicimos un partidazo para ganarles, y eso que tenían un portero internacional por España. También me acuerdo del primer sector que ganamos para meternos en el Campeonato de España cadete, que fue cuando empezaba como entrenador. Salimos a competir contra el Granollers o el Barcelona y eso no se olvida. Y el último ascenso de Segunda a Primera fue importante, era un momento importante para el club".
Ser director de Las Doroteas.
"Estuve como jefe de estudios durante quince años y, cuando la anterior directora se jubiló, me ofrecieron coger la dirección del centro. Igual que lo hice yo podría haberlo hecho otro, el colegio funcionaría exactamente igual de bien. Alguien tenía que asumir esa responsabilidad, pero necesitas gente detrás que trabaje mucho y colabore. En Las Doroteas tenemos la suerte de contar con un profesorado que ayuda muchísimo".
El 23F.
"Siempre digo que el golpe de Estado lo salvé yo. Ese momento me pilló en Madrid haciendo la mili, en el cuartel general del Ejército del Aire. Mis padres, mientras, estaban en Londres por el combate de Dacal por el campeonato de Europa de boxeo. Me acuerdo de salir a correr por la Casa de Campo y estar extrañado, porque estaba solo. Cuando regresé me dijeron que fuese inmediatamente al cuartel, que estaba ocurriendo un golpe de Estado. Fui en metro, solo, desde Aluche hasta Moncloa. No había nadie. Antes de salir del metro me dijo un chaval: ‘Espero que tengas suerte’. No se me olvidará en la vida. Nada más llegar me dijeron que, al ser el más veterano, tenía que volver a entrar de guardia, aunque había salido ese día por la mañana. Fue una noche complicada. Había orden de que no se acercase nadie y tú, que tienes un arma de fuego en la mano, no sabías qué podía pasar. Por suerte nadie se acercó. En aquel momento no te dabas cuenta de lo que estaba pasando, pero al día siguiente vi que en Moncloa había más generales que soldados, tenientes llorando… En ese momento te das cuenta de la que se podía haber liado. Fue una experiencia para contar".
La evolución de Avilés.
"Creo que hemos mejorado mucho como ciudad. Creo que tenemos que sentirnos orgullosos de nuestra ciudad, me molesta enormemente cuando decimos que somos la tercera ciudad de Asturias. Más allá de por el número de habitantes, ¿por qué lo somos? Aquí tenemos de todo, la calidad de vida que se disfruta en Avilés no la hay en muchos sitios. Tenemos un centro histórico precioso. Tenemos que sentirnos orgullosos de ello, esta ciudad merece mucho la pena. Hay que potenciar lo que somos, no solo la ciudad, sino cómo somos los avilesinos".
Su paso por la política.
"Estuve cuatro años como independiente en la lista del Partido Popular, fui concejal de la oposición. Me llamó Agustín González, directivo de la Atlética que había sido alcalde. Me pidió que le echase una mano para el deporte. Yo lo digo siempre, solo sé de deporte y algo de educación. Creo que es un problema que tiene la política, que hay gente que está en áreas que no controla. En política también descubrí a toda la gente que trabajaba dentro de los ayuntamientos. Tuve buena relación con todos los grupos e intenté velar por la ciudad. Si hubiese listas abiertas me volvería a presentar, porque me gusta trabajar por mi ciudad. Lo que no me convence es que me digan desde otro lado qué votar para Avilés, eso creo que es bueno que lo decidamos los avilesinos".
El deporte en Avilés, sin grandes referentes.
"Es un tema que depende de las generaciones y del dinero que se invierta. También tiene que haber una buena infraestructura. En el deporte tienen que implicarse no solo las instituciones, es importante la presencia de entidades privadas. Aquí tenemos grandes industrias que, por desgracia, no apuestan por el deporte. La prueba la tenemos en el Avilés. Diego Baeza ha puesto dinero y ha llevado el equipo a una categoría muy cerca del fútbol profesional. Creo que todo el mundo se está dando cuenta de que, si las ciudades apuestan por el deporte, hay un retorno económico".
Socio número 1 del Avilés.
"Siempre lo digo, yo soy del Avilés, ya esté jugando en el barro o en el Bernabéu. La llegada de Baeza ha supuesto un punto de inflexión para el club. Estábamos en una situación complicada. Creo que la remodelación del Suárez Puerta es importante para toda la ciudad. No hay que medir las cosas por un tema deportivo o económico, hay que mirar que sea beneficioso para todos los avilesinos".
La situación de la Atlética.
"Podemos ir a mejor. Estamos bien en baloncesto, en piragüismo y en atletismo, sacando gente adelante. En balonmano tenemos que dar un paso adelante. Este año hicimos mala temporada, no nos salieron bien las cosas. Tenemos potencial para dar un paso más. El objetivo tiene que ser poner el balonmano de Avilés en el escaparate, para que sea el referente de Asturias y que eso reporte beneficios a toda la ciudad".
El deporte sigue triunfando en los jóvenes.
"Echo de menos que los niños jueguen en la calle, pero si vas al patio de un colegio ves a los críos jugando al fútbol, al baloncesto o a lo que sea. Las actividades extraescolares están llenas. Lo primero que tiene que hacer el deporte es educar en valores, no pensar en ganar o perder. Cuando tienes un buen deportista, tienes un buen jugador para la disciplina que sea. A veces nos preocupamos más de generar buenos jugadores en vez de buenos deportistas, con buenos valores. Eso es mucho más importante que ganar un partido".
La evolución de la infancia.
"Son igual de majos y de buena gente que se ha sido siempre. La juventud es buena. A veces cometen errores propios de su edad y se magnifican, pero son buena gente, gente con valores, solidarios y que, si les planteas algún proyecto, van a colaborar. Lo que creo es que, en la actualidad, están demasiado protegidos por la sociedad. Falta que rocen un poco más las rodillas contra el suelo. Antes salías a la calle y te caías, no pasaba nada, pero ahora cae un niño y van dieciocho personas a auxiliarle. Hay que educar a los niños en que hay veces que las cosas no salen bien y eso no tiene por qué ser un fracaso. Simplemente hay que volver a intentarlo. Pasa con los exámenes o con los partidos de cualquier deporte".
La evolución de la religión.
"No creo que el crecimiento actual que tiene la religión sea una cuestión de modas, simplemente estamos madurando como sociedad. Antiguamente parecía que había que esconderse si eras católico o creyente. Yo respeto a todo el mundo, tanto al que crea como al que no. Cada uno con lo suyo. Ahora no hay ese miedo a decir que crees. Las cofradías están creciendo porque hay un ambiente muy familiar, somos una familia"
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