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Los jóvenes músicos de Avilés aprenden a mimar sus instrumentos: "Si no los cuidas, se devalúan y suenan peor"

El taller de luthería impartido por Roberto Jardón profundiza en la importancia de la limpieza y el conocimiento de los materiales de los instrumentos de arco

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I. G.

Avilés

El luthier Roberto Jardón construye instrumentos. Y no solo eso. También ha impartido durante este año académico un taller de luthería para el alumnado del conservatorio Julián Orbón de Avilés. “El curso engloba el mantenimiento de los instrumentos y otras cuestiones relacionadas con la acústica de los instrumentos de arco, de cómo el mantenimiento repercute en su funcionamiento”, explica el artesano avilesino en la última de sus quince sesiones, a las que han asistido una decena de alumnos. Todo se sustenta en mimar el instrumento de cuerda frotada y, como explica el alumno Diego Álvarez, “lo más importante no es tocar la caja, sino las cuerdas” para un mejor mantenimiento del violonchelo, que es el instrumento que toca y le apasiona.

Álvarez detalla que el sudor puede dañar la madera, por lo que la mejor opción pasa por evitar tocarla y centrarse exclusivamente en las cuerdas. “Conviene limpiar la caja una vez al año, al margen de la limpieza diaria, que debe efectuarse con un trapo de microfibra”, detalla el joven músico, que tras recibir las lecciones de Jardón recomienda lustrar el diapasón con alcohol una vez por semana.

Una correcta limpieza ayuda a la acústica del instrumento, pero no solo eso se aprende en este taller. Mateo Freigenedo Álvarez también toca el violonchelo y entiende que el curso que finalizó este miércoles es “muy interesante” para conocer mejor las potencialidades de su instrumento. “Aprendimos, por ejemplo, que la tapa es de abeto, el resto de arce y el diapasón, de ébano”, detalla el alumno, sentado en la primera fila. A su lado está Diego Álvarez, y un poco más allá, Omar Rodríguez, que toca el violín, y que vela por un mejor mantenimiento de las cuerdas. “Si no se cuida el instrumento, se devalúa y suena peor”, añade.

Juanjo Fernández, Sergio Murias y Adrián Gutiérrez también acuden al mismo curso que Sabrina Lauda. Están en las últimas filas, pero no por ello menos atentos a las lecciones de Roberto Jardón. Todos coinciden en que estas clases ajenas a la formación reglada del conservatorio ayudan a conocer mejor el instrumento con pequeños consejos que garantizan la durabilidad de los violines, violas, violonchelos y contrabajos. “Es más, muchas de las cuestiones que planteamos pueden ser atajadas por los propios músicos”, señala el luthier avilesino.

Los siete asistentes a la última sesión del luthier, conscientes de que el curso de quince sesiones ha terminado, confían en que Roberto Jardón repita la experiencia el próximo año lectivo. Estas clases comenzaron en diciembre y, si por los alumnos fuera, no dudarían en repetirse en el curso 2026-2027. “Que vuelva el próximo año”, señalan Sergio Murias y Adrián Gutiérrez con una sonrisa que expresa la satisfacción de saber que a partir de ahora van a cuidar con el mayor de los mimos sus instrumentos.

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