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La amarga carta de "despedida" de una trabajadora de las escuelinas de Avilés: "Me he sentido como una gota, sola, pero junto a mis compañeras hemos creado un océano"

La no inclusión en los tan nombrados procesos extraordinarios de estabilización, que deja en manos del Principado de Asturias la responsabilidad de obtener una estabilidad laboral ha sido un ninguno por parte del Ayuntamiento

Un bebé, a las puertas de la escuelina de El Quirinal

Un bebé, a las puertas de la escuelina de El Quirinal / MARA VILLAMUZA

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Ana Isabel Gil Blanco

Como he podido observar durante los tres años que dispongo de un correo corporativo municipal, parece ser tradición que a los/as trabajadores/as que, tras desarrollar una vida laboral, más o menos larga, al servicio de este Ayuntamiento, se les sorprenda con una cena por su jubilación. Sus acompañantes en las penurias y alegrías en su puesto de trabajo le dedican así un pequeño homenaje por esos momentos compartidos al servicio de la comunidad.

En mi caso, aunque tras 23 años, no voy a romper mi relación laboral porque haya llegado el día de mi jubilación —ojalá fuera así—, sino porque a partir del próximo lunes, día 1 de junio, pasaré a ser personal laboral indefinido no fijo del Principado de Asturias. No espero una cena-homenaje por parte de mis compañeras, seguiré viéndolas todos los días en mi puesto de trabajo; tampoco espero una placa con el escudo de Avilés grabado —recordatorio de mis años de servicio y que terminará cogiendo polvo en alguna estantería—. Lo que sí espero es reconocimiento, con mayúsculas, de lo que ha sido mi puesto de trabajo, no de mi persona.

¿Y por qué? Pues porque durante todos estos años nunca he llegado a sentir que fuera parte del engranaje que hace funcionar esta corporación municipal ni de esa "familia" que algunos dicen que es: estuve excluida del convenio laboral municipal, de la RPT, con un salario que no admite complementos, sin beneficios sociales, con despidos y reducciones de jornada y, aunque se lograron mejoras (entrada en convenio —pero en un anexo—, productividad, becas y bonos), siempre han sido a base de reclamaciones, movilizaciones y huelgas. Aun así, la ropa de trabajo algún año quedó en el olvido; el retraso en cubrir las bajas ha sido una denuncia constante, que caía en saco roto en demasiadas ocasiones, como si la ausencia de una trabajadora —o dos, o tres…— por tiempo continuado no afectara al funcionamiento del centro ni a la calidad del servicio que se presta. Y cerrando la lista de ninguneos: la no inclusión en los tan nombrados procesos extraordinarios de estabilización, que deja en manos del Principado de Asturias la responsabilidad de obtener una estabilidad laboral, o que más de una de las personas que desempeñan este puesto pase a engrosar las listas del SEPE siendo tituladas con amplia experiencia y formación.

Eso sí, he salido —y sigo hablando de mi puesto de trabajo— en fotos de inauguraciones —acudió hasta el presidente del Principado y se sirvió un vino español—, en notas de prensa cuando mi trabajo ha sido reconocido por entidades externas (Cogersa, Unicef, Unesco) y con posados de los diferentes titulares del sillón de Alcaldía, concejalía o jefatura de servicio correspondiente cuando se desarrollaba una actividad lucida, novedosa y que destacaría dentro del proyecto político de turno como un buen servicio a la ciudadanía.

Para terminar, solo recordar a algunos de los que se han cruzado en mi camino laboral desde que este puesto de trabajo fuera creado en el Ayuntamiento de Avilés en el año 2002 (aunque no se empezara a ocupar hasta 2003): recursos humanos, servicio de prevención, servicios informáticos, servicio de educación, servicio de mantenimiento, sindicatos… A cada uno de vosotros quisiera daros las gracias por todo lo que habéis aportado a lo largo de los años, desde indicar los pasos para solicitar un permiso hasta representarnos en un juicio en favor de nuestros derechos. Ojalá pudiera decir, como otros, que soy "de la casa"; no necesitáis hacer examen de conciencia para saber quién ha sido herida y quién bálsamo.

En mi caso —y ahora ya no soy mi puesto de trabajo— he de decir que me he sentido como una gota, sola, pero junto a mis compañeras hemos creado un océano del que sí me siento parte…

¡Ah! Y por si aún no ha quedado claro de qué puesto de trabajo estoy hablando: soy técnica de educación infantil del Ayuntamiento de Avilés y esto es el cierre de mi vida laboral tras estos años en el Ayuntamiento: mi nombre es Anabel y llevo 23 años; nuestros nombres son Sara A., Cristina y Mónica y llevamos 18 años; nosotras nos llamamos Marta y Lola y llevamos 16 años; me llamo Laura y llevo 15 años; mi nombre es Nuria y llevo 14 años; somos Alicia y Yoli S. y llevamos 9 años; soy Lucía y llevo 8 años; nuestros nombres son Seli, Raquel y Sandra y llevamos 7 años.

Decía Alexander Graham Bell que "cuando una puerta se cierra, otra se abre". A nosotras acaban de darnos una nueva llave.

Ana Isabel Gil es educadora en las escuelinas de Avilés

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