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Elisa Cuesta, la "cartógrafa" que dibujó el mapa del primer encuentro de arte y clima de España

La inauguración de la Bienal Climática será en el Ferrera y contará también con la presencia del Principado de Asturias, Adrián Barbón

Elisa Cuesta, en la Factoría Cultural de Avilés.

Elisa Cuesta, en la Factoría Cultural de Avilés. / Miki López

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

La Bienal Climática -arte y clima mano a mano por primera vez en España- está a la vuelta de la esquina. El parque de Ferrera acoge mañana mismo su inauguración oficial: la vicepresidenta tercera del Gobierno de España, Sara Aagesen; el ministro de Cultura, Ernest Urtasun y el presidente del Principado, Adrián Barbón, son los que van a cortar la cinta de una maratón de actividades artísticas tan singular como para mezclar las grietas del mundo real, con la reconstrucción de esas grietas a partir de la intervención de varios artistas. Cuarenta, en concreto: desde esta semana y hasta el próximo 20 de septiembre de 2026.

Una de ellas es Elisa Cuesta, que es la autora de la Cartografía Crítica de Avilés: “Una invitación a empezar a mirar qué hay en Avilés, qué personas, qué espacios, qué historias, qué contextos podemos desarrollar para construir finalmente el programa de la Bienal Climática”, señaló la artista plástica asturiana: es de Soto del Barco y presenta en el Espacio Portus -en San Juan de Nieva del lado de allá- la obra “Filtrar un mar”, que va a contar con tres recorridos guiados derivados, precisamente, de la Cartografía Crítica: “Un proceso de escucha y mapeo del contexto local iniciado en 2024”.

La Bienal Climática, que germina esta semana, es una iniciativa impulsada por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, en colaboración con el Ayuntamiento de Avilés y el Principado de Asturias y que aspira a convertir la ciudad “en un espacio de reflexión, creación y acción en torno a los grandes retos climáticos de nuestro tiempo a través del arte, la arquitectura, la ciencia y la participación ciudadana”.

Cuesta explica que la vocación de la Bienal Climática “es nómada: la primera edición va a ser en Avilés, pero tiene una vocación de hacerse cada dos años en una ciudad diferente”. Cuesta atiende a LA NUEVA ESPAÑA en la biblioteca de la Factoría Cultural. “Trabajamos cuestiones que tienen que ver con las transiciones justas, con el cambio climático, con las realidades territoriales de cada lugar… por eso no puedes llegar y proponer cualquier tipo de programa que no tenga un arraigo en el lugar donde quieres trabajar”, apuntó la artista “cartógrafa”.

Cuesta ha diseñado esta primera herramienta en compañía de Amanda Masha, la directora de la Bienal Climática, de la fundación Atelier. “Tiene varios objetivos porque es un proyecto que se expande y quiere trabajar en sedes, en edificios, en lugares poco habituales para la exposición artística”, señaló la cartógrafa. “Por supuesto que tenemos el Centro Niemeyer como un centro clave, pero el programa se distribuye en cientos de sitios. Hicimos un mapeo de qué espacios son esos donde puede ser interesante tanto exponer obra como trabajar para que surjan proyectos que luego reflejen Avilés o Asturias”.

Explicó también Cuesta que su trabajo ha consistido en discernir entre los lugares que “son relevantes, son interesantes a nivel arquitectónico, histórico, aunque estén cerrados y no sean accesibles al público”. Y eso es así porque “con el pretexto de la Bienal Climática” se pueden abrir “aunque sea de manera temporal”.

Las personas

La Cartografía Crítica es una colección de infraestructuras, pero también lo es de personas. Cuesta, su redactora, lo reconoce. Y menciona al profesor Julio López Peláez, que será el responsable de dar a conocer el litoral de la ría de Avilés a bordo de una lancha. “Será en tres ocasiones”, adelantó Cuesta. Y es que López Peláez es experto, precisamente, en las formas y en los secretos que han dado forma a las bases de la ciudad.

El otro nombre que menciona es el de Rubén Domínguez, el presidente del Centro de Estudios Alfoz de Gauzón. “Él se va a preocupar de enseñar lo que fue el barrio de Llaranes. Y también lo que es” y es que, apuntó, “la cartografía tiene esa voluntad de conversación”.

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