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Agnes Essonti sirve en la Grapa un potaje para hacer "un futuro gustoso" en la Bienal Climática de Avilés

La performance 'El banquete de la doncella" recupera ingredientes y narrativas históricas y marca la apertura de la Bienal Climática en Avilés

Agnes Essonti, la segunda por la derecha, en su "perfomance" "El banquete de las doncellas".

Agnes Essonti, la segunda por la derecha, en su "perfomance" "El banquete de las doncellas". / Miki López

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Mauregato fue rey de Asturias, cuenta la leyenda, porque el emir Abderramán I, que lo era en Córdoba, le prestó su ayuda. Pero no lo hizo de gratis. Reclamó un tributo de cien doncellas anuales: la mitad nobles; las otras, plebeyas. Agnes Essonti, que es afroandaluza -de Hospitalet de Llobregat, por marcar todavía más la variedad- tomó esta leyenda como argumento para la “perfomance” que protagonizó este jueves, el día de la apertura de la primera Bienal Climática: "El banquete de las Doncellas de Agnes Essonti", que se celebró bajo La Grapa.

Esta jueves no fueron cien doncellas, pero sí que se sentaron a la mesa un centenar de personas. Y todas en torno a un plato de cocido de garbanzos en dos versiones: con bonito, uno; vegetariano, el otro. “Lleva calabaza, yuca, berenjena y ciruelas y multitud de especias”, señaló la artista, que tiene colgada en el edificio de la Antigua Pescadería su creación “Duelos y júbilos”, que hace memoria del menú semanal que el narrador dice que sigue el caballero de la Triste Figura en el primer capítulo de “Don Quijote de la Mancha”: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

Explicó Essonti: “Todo esto viene de un proceso de investigación que yo he hecho financiado por la fundación Daniel y Nina Carasso: estoy componiendo un archivo de ingredientes que tienen que ver con mi historia afroespañola, que soy afroandaluza”. Essonti es hija de cordobesa y camerunés y siendo todo eso, además, nació en el área metropolitana de Barcelona. “Estoy buscando ese placer que encontramos en la comida y no sólo desde la violencia, la opresión que vivimos como personas racializadas, migrantes...”.

Esto lo dijo después de haber servido el centenar de platos a ese centenar de ciudadanos convertidos en parte de su creación artística. Señaló al interior de la Antigua Pescadería: “Es una instalación en textil con ocho ingredientes y esta propuesta parte sobre todo de una conversación que tuve con un historiador afrodescendiente, Antumi Toasijé, y él me habló de Mauregato de Asturias”, explicó.

O sea, telones colgados y banquete para doncellas en medio de la plaza de La Grapa. “He intentado mezclar ingredientes que creo que tienen que ver con ese pasado diverso de España, ¿no? Ese pasado andaluz, pero también cristiano”, apostilló. “Se trata de un homenaje a esa España diversa que intentaron destruir en 1492”, apuntó. Ese es el año de la conquista del Reino de Granada, el de la expulsión de los judíos…

Y todo esto se hila con el banquete que, dice Essonti, sirve para crear “un futuro gustoso”. Y este logro, resume, se convierte en un superpoder: “Saber mirar hacia atrás”. Essonti cuenta que “el año que viene” estará invitada por Laboral, en Gijón, en colaboración con el museo Thyssen-Bornemisza, de Madrid.

O sea, el sabor de Essonti dio sabor a la primera pizca de la Bienal Climática. Lo supieron los de la organización, la alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín, el secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí. Potaje para dar buen sabor a la vida.

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