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Montaje monumental para "El último de la fila" y Aitana: estrenarán el mayor escenario de Avilés con 45 metros de boca y 22 de fondo

Más de 21 tráileres han descargado material para la infraestructura de los conciertos del verano

Montaje del escenario para los conciertos de junio en La Magdalena

Montaje del escenario para los conciertos de junio en La Magdalena / Miki López

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

En menos de una semana cuarenta mil personas -la mitad de los avilesinos que están en el padrón municipal- abrirán en Avilés “El cuarto azul” de Aitana y recorrerán los diez años que fueron desde “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana” a “La rebelión de los hombres rana”, es decir, en menos de una semana -la que va del 20 al 26 de este mes- el pabellón de La Magdalena será de los aficionados a lo último último y de, “El Último de la Fila”, a toda su carrera.

Los dos grandes conciertos de este verano en Avilés se levantarán sobre un gran escenario como un mecano para gigantes: 45 metros en el telón de boca, o sea, en el frontal; desde allí al fondo, 22 metros del tirón: tablas escénicas espectaculares para un verano que ya luce como un rayo.

Estado en el que se encuentra el escenario de La Magdalena

Estado en el que se encuentra el escenario de La Magdalena / A. S.

Entre estos pasados jueves y viernes, la organización ha recibido 21 tráileres, casi todos en la mañana, precisamente, del viernes: de las siete de la mañana a mediodía. La calle María de Maeztu, la que va de la Amistad hasta la carretera de Villa, se convirtió en el desembarcadero del escenario que ya está siendo montado, de toda la infraestructura: escenario, gradas, butacas… Van a ser 4.500, como cuatro veces y pico el auditorio del Niemeyer.

La luz, el sonido y el vídeo queda para cuando se vayan acercando las fechas de los conciertos -cada uno de los dos recitales lleva consigo su propio diseño de espectáculo-. De hecho, el personal de confianza de “El Último de la Fila” y el de Aitana lo forman entre 80 y 120 personas cada uno. Levantar la persiana para escuchar “Seis de febrero” o “Insurrección” lleva aparejada un desempeño en el que está involucrada una lista grande de personas pocas veces vista en acción en este lado del río Tuluergo.

Las primeras personas que se ha puesto manos a la obra para sacar música de los hierros son tres decenas de trabajadores: levantan la estructura donde los músicos van a presentar lo último que es suyo. La organización prevé que cada uno de los conciertos dé tarea a más de medio millar de personas cada uno: ocho decenas de trabajadores de seguridad, medio centenar de “pipas” -traslados-. Serán quince los acomodadores y en las barras se espera doscientas personas cada una de las noches. Además, el “catering” de los artistas lo servirán ocho personas.

La organización trabaja de manera productiva: la estructura que están montando en el entorno del pabellón de La Magdalena se va a quedar a dormir entre que termine “El Último de la Fila” y comience Aitana. Y la estructura son las gradas, las butacas, los baños… Y así, Avilés, durante unos días, sonará a música y recogerá ecos.

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